Hace treinta años…

…¿Y usted qué opina?

Fernando Berrocal

Fernando Berrocal Soto

Mi generación creció en un mundo bipolar y de fuerte confrontación entre la democracia y el comunismo. Dos grandes potencias, los Estados Unidos y la Unión Soviética, se disputaban el poder mundial y la lucha ideológica, política y económica por el control de amplias zonas de influencia.

Pero todo cambió en noviembre de hace treinta años con la caída del Muro de Berlín y el colapso posterior de la Unión Soviética y el comunismo en Europa.

Ese par de aguas en la historia moderna coincidieron con el inicio del más grande desarrollo científico y tecnológico de la humanidad: la revolución de las comunicaciones y la informática. El mundo está ahora en línea y cabe en un pequeño teléfono celular. Todos estamos informados, nadie come cuento y el mundo terminó en una “aldea global” interconectada por las redes sociales.

Tenemos que celebrar con alegría ambos acontecimientos, porque nos hicieron más libres y porque el mundo, desde entonces, cambió radicalmente.

Ortodoxamente comunistas y de línea estalinista y soviética solo quedan Corea del Norte y Cuba. China logró combinar su férreo autoritarismo de un solo partido político con una poderosa economía de libre mercado y desarrollar un capitalismo de estado con una fuerte base productiva privada, que la ha transformado en un actor fundamental a nivel mundial. Vietnam hizo lo propio. Pero el totalitarismo a la cubana, con diferentes aperturas en el nivel económico, se extendió y arraigó militarmente en un país rico y petrolero como Venezuela y en otro pobre y agrícola como nuestro vecino Nicaragua.

La Unión Soviética evolucionó y, aunque predomina su larga tradición fuertemente autoritaria, la moderna Rusia de Putin, más allá de sus debilidades estructurales, es un país euroasiático abierto al mundo y un actor igualmente poderoso, con una efectiva capacidad científica y militar, además de poseedor de enormes recursos territoriales y grandes reservas tanto petroleras como minerales.

Alemania logró su histórica reunificación y lidera, junto con Francia, a la Unión Europea, integrada ahora incluso por los países excomunistas del este, como un fundamental y necesario espacio democrático y de libertad a nivel mundial. A ese importante bloque europeo le corresponde el papel fundamental de ser equilibrio y contrapeso real entre las grandes potencias a nivel internacional.

Son matices y diferenciaciones, pero así es la realidad en el mundo actual.

No es suficiente defender solo el sistema de vida en libertad y democracia. La democracia liberal clásica necesita fundamentarse, a la vez, en un eficiente modelo integral de desarrollo que haga posible la producción de riqueza y el efectivo crecimiento económico, así como niveles reales de justicia, equidad social, trabajo bien remunerado y la plena vigencia de los Derechos Humanos Fundamentales. Ese es el gran reto para los países en desarrollo.

Nuestro país, firme en esa visión democrática e integral y sin ingenuidades ni debilidades de ninguna especie, debe entender con pragmatismo y moverse internacionalmente con inteligencia en esta nueva realidad mundial y regional.

La Guerra Fría terminó hace muchos años.

…¿Y usted qué opina?

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