Gestión de la crisis sanitaria

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Pandemia

Yayo Vicente

Una crisis sanitaria, que puede ser una epidemia o pandemia, es en esencia una emergencia en el ámbito de la salud. A veces el disparador es un fenómeno natural, otras un desabastecimiento y sin duda alguna que una crisis económica, termina en una crisis de salud. Esta vez, la causa es una partícula viral patógena y desconocida. Posiblemente cruzó la barrera de especie por nuestra soberbia y desdén con el mundo natural.

El campo de la gestión o administración de una crisis, ocurre en tres planos simultáneos:

  • evaluación,
  • intervención, y
  • comunicación.

La “evaluación” debe ser constante y acertada, solo así la “intervención” puede ser correcta. Comunicar al público es tan delicado como las dos anteriores, y se vuelve más estratégico cuando éste debe ser parte de la solución buscada. En esta crisis originada por SARS-CoV-2, el respeto de recomendaciones y protocolos, por parte de cada una de las personas, se vuelve trascendental.

Mientras no se tengan en la “caja de herramientas” del personal sanitario, vacunas para prevenir o medicamentos específicos para tratar, todo está supeditado a la buena o mala conducta de cada uno. Nosotros somos el Caballo de Troya, donde el virus se esconde para desplazarse.

Durante cinco meses en el cantón de Dota no circuló el virus. El 12 de agosto, llegó a La Trinidad de Copey (uno de los tres distritos del cantón), a través de una señora que visitaba a su familia. Llenos de alegría por el anhelado encuentro, no guardaron el distanciamiento físico. El virus no llegó escondido entre la neblina, ni montado en un relámpago. El traslado de la visita, a lo que se le sumó un relajamiento de medidas, inoculó la infección en personas que de otra forma estarían sanas.

¿Qué pasó en Dota?

La EVALUACIÓN estaba bien, sabemos como se pasa el virus de una persona a la siguiente.

La INTERVENCIÓN es la única posible en nuestra democracia y con las herramientas actuales: recomendar no trasladarse y de hacerlo guardar las precauciones reiteradamente dichas.

La COMUNICACIÓN falló estruendosamente. El “emisor” dio el mensaje, una y mil veces, pero el “receptor” dejó de escuchar. Se hizo el sordo, se puso en modo de incredulidad, decidió que no era con él. La naturaleza humana es curiosa, a veces compramos un numerito de la lotería, con la esperanza de ayudarnos con un improbable premio, otras compramos todos los números para garantizar que nos enfermaremos.

Enfoques distintos

«Y es que en el mundo traidor
nada hay verdad ni mentira:
todo es según el color
del cristal con que se mira
»

Ramón de Campoamor
1807-1901

Existen situaciones que atemorizan a las personas e intervenciones que no se aceptan. El gestor debe ser precavido con la reacción de la gente. Por un lado, la percepción es la realidad con la que vive una persona, por el otro, de la historia se pueden extraer ejemplos donde los expertos estaban equivocados.

Quienes en una crisis ejercen presión, para un lado o el otro, lo están haciendo para conseguir un objetivo que estiman importante. Muchas veces no hacen una evaluación con todos los elementos, eso puede ser cierto. Pero la comunicación con un enfoque unidireccional, comete el error de asumir que el público no comprende. Lo cierto es que la gente que no está integrada a la toma de las decisiones y puede estar enfocada en aspectos que los expertos no han considerado.

Crisis dentro de la crisis

La irritación de la comunidad puede convertirse en una crisis dentro de la crisis. ¿Será la escapada durante un fin de semana de la familia presidencial tan importante? No y no, es la respuesta sencilla. Sí y sí, cuando la contextualizamos. Ver solo la gota que causa el derrame, es ignorar que el vaso ya estaba colmado.

Los responsables de hacer las intervenciones para paliar la crisis, no quieren aceptar que todavía no saben cómo arreglárselas con el público. Si continúan ignorando las inquietudes, solo alimentarán la irritación y no la colaboración.

Podemos suponer mil cosas que fueron minando la tolerancia y acercándonos a la irritación colectiva: contradicciones, conferencias de prensa para darnos un “parte de guerra”, el encerramiento, la interrupción de nuestras rutinas, y la lista puede seguir y seguir.

El trabajo más importante de un presidente, es dar esperanza. Ponernos a soñar con un mañana que supere al presente. En todo: música, educación, vías, bienes materiales, fútbol, salud, oportunidades …

Todo lo que se hace en esta crisis, está orientado en evitar que la gente enferme, quede con secuelas o muera. No es tarea fácil proteger a quien no quiere ser protegido. La intervención técnica debe maridarse con la pretensión de las personas. Una venta que parece esencialmente lógica y razonable y que no ha terminado de hacerse.

Una crisis que sigue y seguirá

No estamos en “la crisis del mes”, es la crisis del siglo. Estaremos en ella 6, 8 y hasta 10 meses más (si la vacuna nos llega, la ponemos y funciona). La correcta conducción política de esta situación, es tan importante como conocer el ARN del virus.

No conozco un depositario más seguro de los poderes de un pueblo que el pueblo mismo. Si el Gobierno piensa que por estar inmersos en un seria y profunda crisis y que la gente no está suficientemente instruida para ejercer el control, la solución no es prescindir de la opinión de las personas, es informar con prudencia. Una comunidad bien informada, acompaña al gobierno, lo contrario también es cierto.

Nuestros gobernantes no deben pasar de héroes a villanos. No es buena idea cambiar de caballo en medio río. Sin entrenamiento, se nos puede caer la valiosa carga que llevamos: la paz social y la democracia.

El rastreo epidemiológico fue lo más inteligente al principio, tal vez el “mazo y el baile” fue buena idea en otra fase. ¡Ya no!, es una locura pretender mantener esa estrategia 6, 8 y hasta 10 meses. Políticamente es imposible. Impongan protocolos, obliguen las más estrictas medidas sanitarias y permitan sacar la nariz.

Por favor, gestores, ¡hagan tierra!, salgan de la torre de marfil. Revisen una y otra vez su “evaluación”, e incorporen en ella la paciencia, resistencia y sobretodo la irritabilidad. La paz social y la democracia están en juego y eso es mucho decir.

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El fenómeno salud-enfermedad, es complejo y cuando se escala a una población, se le suman infinidad de nuevas variables, haciéndose todavía más intrincado. Poner en palabras simples lo que todavía no termino de comprender, ha sido mi reto durante la pandemia por COVID-19.


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2 comentarios

  1. Ronald Rodríguez.

    Como es usual, muy acertado tu comentarlo. Si no se tiene la inteligencia, o la suficiente humildad para reconocer errores, la crisis puede agravarse innecesariamente. Espero que el señor Alvarado haya recibido una lección de pesca en su reciente descanso, hay que soltar un poco de cuerda para que no se rompa. Saludos Yayo.

  2. Rolando Roa Gutiérrez

    Excelente análisis de la situación actual y de la importancia de reflexionar cada acción antes de dar cada paso y que esto no siga tomando carácter de avalancha sin control.
    Un abrazo Yayo y seguir mandando tus acertados comentarios que enriquecen a quienes nos deleitamos leyendolos

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