Francia: El minué de Calais

Guadi Calvo*.

Análisis Global

Un nuevo giro ha tenido esta semana el trágico minué, que desde tiempos de Sarkozy, Francia está bailando con los miles de refugiados, que intentado llegar al Reino Unido, y han quedado varados en Calais, la última valla por cruzar, antes de saltar el Canal de la Mancha (Ver: Calais: ¿El fin de la jungla?)

En los últimos días de julio el Conseil d’État (Consejo de Estado), la máxima posibilidad consultiva del gobierno, que a la vez funge como última instancia administrativa, ordenó a Emmanuel Macron, la construcción de dos centros de acogida dignos, para los refugiados que han quedado en un limbo legal, tras la evacuación y desguace, en octubre del año pasado, del improvisado campamento levantado por los miles de refugiados conocido como La Jungla a las afueras de Calais, en espera del ansiado salto del Canal de la Mancha.

Los cerca de 15 mil habitantes que llegó a tener La Jungla, llegados fundamentalmente desde las ex-colonias británicas de Asía y África, y que se incrementaron de manera exponencial, desde el inicio de la crisis migratoria de 2014, debido a las políticas de seguidismo que la Unión Europea (UE) tuvo hacia Washington en su “Guerra contra el Terrorismo”.

En una operación al estilo de un Blitzkrieg, casi de manera secreta, en cientos de buses miles los refugiados fueron prácticamente secuestrados e impelidos a los trasportes que los trasladándolos a diferentes centros de acogida, separando compulsivamente, en muchos casos: familias, hijos de padres, parejas y amistades forjadas a través de miles de kilómetros que durante meses los refugiados han ido transitando.

El fin era fundamentalmente ocultar el drama y la vergüenza de tener en su territorio la mayor bidonville del continente.

La Jungla montada con chapas, cartones y plástico, a pocos kilómetros de la boca continental del Euro-túnel, carecía de las mínimas condición para soportar las adversidades del crudo clima de Calais, obligando a miles de personas a vivir literalmente en el barro, la lluvia y soportando temperaturas de hasta bajo cero grado, prácticamente a la intemperie. La rigurosidad de la vida en el campamento ha provocado en algunas oportunidades descomunales grescas entre los propios refugiados y la policía que los azuzaba, que derivaron en incendios que se llevaban las pocas pertenencias de los refugiados, documentos, dinero y las fotografías de familiares que quizás nunca más vuelvan a ver.

El estado francés solo se limitó, por mucho tiempo, en responsabilizar al Reino Unido, por su negativa a dar asilo a esos miles de refugiados, que no solo desbordaban Calais, sino que se desperdigaban por otras ciudades, ocupando espacios públicos donde improvisaban campamentos y a reclamar a la Unión Europea que tomara cartas en el asunto. Si como su asistencia militar al terrorismo en Siria, sus bombardeos a Libia, su presencia en Afganistán o el saqueo a sus colonia africanas hubieran sucedido en tiempos remotos.

Finalmente el Brexit selló la suerte de los refugiados que se han quedado al borde del canal y obliga a Francia de una vez a encarar una solución definitiva a “la cuestión refugiados”.

La decisión del Consejo de Estado de rechazar la apelación que habían presentado el Ministro de Interior y la alcaldía de Calais obliga a Macron a la construcción de dos nuevos centros de acogida que tendrán que abrir en poco más de una semana con acceso a agua potable, baños, y duchas a los refugiados, además de facilitar el traslado a los refugiados a otros de acogida donde pudieran tener familiares y ayuda técnica para tramitar sus pedido de asilo.

Esta decisión de Consejo de Estado para el ministro de interior, Gérard Collomb, podría tener lo que llamó un “efecto llamada”, a nuevos refugiados.

Tanto las autoridades nacionales como las locales de Calais, han presionado por todos los medios a las organizaciones humanitarias, que han denunciado la falta de asistencia a los migrantes que permanecieron en Calais, tras la evacuación de La Jungla.

Los dos nuevos centros de acogida para quienes ya hayan descartado llegar al Reino Unido, estarán en Troisvaux y en Bailleul, a unos 90 kilómetros de Calais en Hauts-de-France, donde se examinaran la situación personal de cada uno de los migrante, para brindarles asilo o si fueran solo migrantes económicos de devolver a la frontera de donde llegaron, lo que despertó el enojo de Italia quién desde hace más de un año carga con la obligación de recibir a los ciento de miles que llegan desde las costas libias.

Por su parte Collomb, ha ordenado la investigación sobre los hechos que dieron lugar a una denuncia de Human Rights Watch (HRW) en Calais, en la que se acusa a la policía local de “abusos sistemáticos” desde golpes hasta el uso de gas pimienta contra adultos y niños, además de perseguir a los voluntarios que asisten a los refugiados.

Mientras la alcaldesa de Calais, Natacha Bouchart, amenazó con impedir la construcción de más albergues ya que la orden del Consejo de Estado vuelve a poner a Calais, en el riesgo de la aparición de nuevas Junglas.

La solución Libia

Vistos los resultados pareciera que nadie imaginó cuando las cuadrillas de los Dassault Rafale, bombardeaban Libia, de esa misma tierra, millones de desesperados aguardarían pacientemente su turno para invadir Europa, arriesgándolo todo en improvisadas lanchones para llegar a Italia.

Una vez cerrado el paso por Turquía, en marzo de 2016, las olas migratorias después de atravesar miles de kilómetros por desiertos y sorteando todo tipo de riesgos llegan por miles cada día a distintos puertos libios.

La anarquía que domina Libia, desde el martirio del Coronel Gadafi en octubre de 2011, ha impedido la posibilidad de un acuerdo de la U.E. como al que se llegó con Turquía, por lo que se ha convertido en vital para la subsistencia de la U.E. contener a los refugiados en territorio libio como los de Misrata, Zuara, Bardia o Zawia.

Aunque un paso fundamental para unificar los tres o cuatro gobiernos que se autoproclaman legítimos en el país, es la toma por parte del agente del CIA el general, otrora gadaffista, Khalifa Haftar, a principio de julio, cuyos hombres tras tres años de asedio lograron arrebatar la ciudad de Bengasi de manos de guerrillas fundamentalistas vinculadas al Daesh, al-Qaeda y Ansar al-Sharia, por lo que se perfila a consolidar su aspiración de convertirse en el “hombre fuerte” del país al que traicionó.

Con este triunfo, Haftar consolida su poder en un 80% del país, por lo que si la U.E. pretende establecer un acuerdo como sucedió con el presidente turco Tayyip Erdogan.

Acompañan estas presunciones la declaración del embajador británico en el país Peter Millett, que aseveró: “la liberación de la ciudad de Bengasi representa una valiosa oportunidad para que la transición de la guerra a la paz en Libia, a través de la restauración del estado de derecho y el respeto a los derechos humanos”, después de haber generado ciento de miles de muertos y haber destruido por completo al país más avanzado del continente.

El presidente Macron, ya salió rápidamente a confirmar que Francia creará centros de control en Libia para los solicitantes de asilo. Los que servirán frontera impermeable para que nuevos refugiados puedan llegar a Europa.

Con el clásico humanismo que se ha propagado por los últimos presidentes franceses Macron declaró: “La idea es crear puntos de control para evitar que la gente tome riesgos enormes, cuando no todos son elegibles para el asilo. Vamos a ir a buscar a esta gente”. Y aunque muchos de sus socios europeos no están de acuerdo con la idea Macron confirmó que Francia si lo hará, una vez cubiertos los problemas de seguridad. Hay que tener cuentan, que son cientos las bandas armadas que pululan por todo el país, a la “caza” del migrante para robarlo, venderlos como esclavos o mercancía para los traficantes de personas.

Dicho en buen romance se levantaran campos de refugiados, que en pocos meses alojaran miles de personas de todas partes de África y muchos países asiáticos que serán sometidos a una espera que será eterna.

El anuncio de Macron se produjo días después de haber recibido en Paris a los dos hombres con más poder en Libia, Fayez al Sarraj, impuesto por la U.E. y el general Hafta, que acordaron un alto el fuego y un llamado a elecciones para el próximo año, cuyo ganador será el hombre que clausurará cualquier esperanza a quienes intente llegar a Europa desde los puertos libios.

Guadi Calvo es escritor y periodista argentino. Analista Internacional especializado en África, Medio Oriente y Asia Central. En Facebook: https://www.facebook.com/lineainternacionalGC.



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