Falleció el Pibe de Oro: Diego Armando Maradona

Maradona
Diego Armando Maradona. CP/Web

Redacción, 25 nov 2020 (CPNews).- El mundo perdió hoy a uno de los astros futbolísticos más brillantes de la historia del balompié. Para muchos, incluso, el mejor futbolista que haya pisado las gramillas de decenas de estadios a lo largo y ancho del planeta y recibido las palmas de millones de aficionados

El campeón del mundo con la Selección Argentina se descompensó en la mañana de hoy en la casa del barrio San Andrés, en el partido bonaerense de Tigre, donde vivía desde hacía algunos días luego de haber sido operado de la cabeza. El 30 de octubre había cumplido 60 años.

Diego Armando Maradona Franco nacido en Lanús Oeste, Lanús, Buenos Aires el 30 de octubre de 1960, fue un futbolista y entrenador argentino. Se desempeñó en el campo de fútbol como delantero o mediocampista ofensivo.

Es reconocido por varios especialistas, exfutbolistas y aficionados internacionales como el mejor futbolista de la historia. Asimismo, ha sido catalogado por algunos medios como el mejor jugador en la historia de la Copa Mundial, en la cual fue el mejor jugador en 1986.

Durante su carrera, fue campeón del mundo con Argentina en 1986, subcampeón en 1990 y campeón del Mundial Juvenil en 1979, además de obtener la Copa Artemio Franchi de 1993.

Tiene el récord de ser el jugador que cinco veces fue máximo goleador de campeonato de Argentina. El Gol del Siglo marcado contra los ingleses en el Mundial de 1986 es señalado por una votación de la FIFA como el mejor en la historia de los mundiales del siglo XX y en el cuarto puesto figura uno de sus goles contra Bélgica, del mismo mundial.

Trayectoria y recuerdos

Villa Fiorito fue el punto de partida. Y desde allí, desde ese rincón postergado de la zona sur del Conurbano bonaerense se explican muchos de los condimentos que tuvo el combo con el que convivió Maradona.

Una vida televisada desde aquel primer mensaje a cámara en un potrero en el que un nene decía soñar con jugar en la Selección. Un salto al vacío sin paracaídas. Una montaña rusa constante con subidas empinadas y caídas abruptas.

A diferencia del común de los mortales, Diego nunca pudo ocultar ninguno de los espejos.

Es el Cebollita que solo tenía un pantalón de cordero y es el hombre de las camisas brillantes y la colección de relojes lujosos. Es el que le hace cuatro goles a un arquero que intenta desafiarlo y al mismo tiempo el entrenador que intenta chicanear a los alemanes y termina humillado.

Es el que se va bañado de gloria del estadio Azteca y el que sale de la mano de una enfermera en Estados Unidos. Es el que arenga, el que agita, el que levanta, el que motiva. El que tomaba un avión desde cualquier punto del mundo para venir a jugar con la camiseta de la Selección. El del mechón rubio y el que estaciona el camión Scania en un country.

Es el gordo que pasa el tiempo jugando al golf en Cuba y el flaco de La Noche del Diez. El que vuelve de la muerte en Punta del Este. Es el novio de Claudia y es también el hombre acusado de violencia de género. Es el adicto en constante lucha. El que canta un tango y baila cumbia. El que se planta ante la FIFA o le dice al Papa que venda el oro del Vaticano. El que fue reconociendo hijos como quien trata de emparchar agujeros de su vida.

Un icono del neoliberalismo noventero y el que se subió a un tren para ponerse cara a cara contra Bush y ser bandera del progresismo latinoamericano. Es cada tatuaje que tiene en su piel, el Che, Dalma, Gianinna, Fidel, Benja… Es el hombre que abrazó a la Copa del Mundo, el que putea cuando los italianos insultan nuestro himno y el que le saca una sonrisa a los héroes de Malvinas con un partido digno de una ficción, una pieza de literatura, una obra de arte.

Porque si hubiera que elegir un solo partido sería ese. Porque no existió ni existirá un tramo de la vida más maradoneano que esos cuatro minutos que transcurrieron entre los dos goles que hizo el 22 de junio de 1986 contra los ingleses. El mejor resumen de su vida, de su estilo, de lo que fue capaz de crear. Pintó su obra cumbre en el mejor marco posible. Le dijo al mundo quién es Diego Armando Maradona. El tramposo y el mágico, el que es capaz de engañar a todos y sacar una mano pícara y el que enseguida se supera con la partitura de todos los tiempos.


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