¿Existe un peligro fascista en Francia?

Sarah Lefèvre entrevista a Ugo Palheta

Ugo Palheta

Ugo Palheta se pregunta por esta posibilidad en un ensayo para ediciones La Découverte, que aparecerá en el primer trimestre de 2018. Hemos hablado con el sociólogo sobre derivas autoritarias, ahogo del modelo capitalista y Front National (FN).

El pasado 12 de agosto, varios grupos de extrema derecha se reunieron en Charlottesville (Virginia, Estados Unidos). La manifestación degeneró, resultando muerta una mujer que participaba en una contramanifestación antirracista. ¿Cómo interpretar estos sucesos?

En pocas palabras, lo que ha sucedido en Charlottesville, y sus consecuencias, señalan al menos tres cosas que se pueden observar en distintos países bajo formas diferentes. La primera, es la confianza creciente de la extrema derecha, incluso en sus versiones más brutas, que le permite aparecer cada vez más a plena luz. En Francia, que un grupúsculo violento como el Bloc identitaire [Bloque por la identidad] haya podido fletar un barco para impedir a las asociaciones que socorran a migrantes, y por tanto para añadir más muertos a los miles que se producen cada año en el Mediterráneo, dice mucho sobre la seguridad de estos grupos.

La segunda, es el apoyo –por lo general, implícito o indirecto– que la extrema derecha encuentra en dirigentes políticos, en este caso en Trump, haciendo claramente un doble juego.

La tercera, es que movilizaciones antifascistas y antirracistas poderosas pueden detener el proceso de reforzamiento de la extrema derecha, como muestra el ejemplo de Boston, donde una manifestación antifascista de varias decenas de miles de personas no sólo ridiculizó por completo una concentración fascista que debía realizarse en la ciudad, sino que sobre todo provocó la anulación de decenas de concentraciones de extrema derecha por todo el país.

¿Existe en Francia un fascismo en ascenso?

Hay que pensar el fascismo como una posibilidad inserta en la situación actual, el producto de un proceso que no tiene nada de inevitable pero cuyos fundamentos son lo suficientemente sólidos y las consecuencias lo suficientemente funestas para tomar en serio el peligro. La primera cosa que viene a la cabeza es el ascenso de la extrema derecha, en este caso del FN, que ha logrado más de 10 millones de votos en las últimas elecciones presidenciales. Desde luego, el racismo es ya endémico en la sociedad francesa, en forma de discriminaciones estructurales (sobre todo en el mercado de trabajo), legislaciones islamófobas, etc. La extrema derecha desarrolla además todo un discurso sobre lo que llaman la gran sustitución, etc. Algunos contemplan explícitamente lo que denominan una remigración de millones de franceses, es decir deportaciones masivas. A la pregunta planteada por un periodista italiano del Corriere della Sera (en entrevista publicada el 30 de octubre de 2014) –”¿Entonces, qué sugerís hacer? ¿Deportar a 5 millones de musulmanes franceses?”–, esto es lo que respondió el polemista de extrema derecha Eric Zemmour:

“Ya lo sé, no es realista pero la historia es sorprendente. ¿Quién habría dicho en 1940 que, veinte años más tarde, un millón de pieds-noirs se habrían ido de Argelia para volver a Francia?.

A la vista del contexto francés y europeo, hay que tomar en serio la posibilidad de que estas ideas racistas, aunque también nacionalistas y autoritarias, se desarrollen de forma masiva, y hay que atacarlas desde ahora. Desde luego, actualmente no estamos viviendo en un régimen fascista en Francia. Ni siquiera el uso cada vez más frecuente de procedimientos que eluden las instancias elegidas (49-3 o las ordenanzas), o incluso la intensificación innegable de la represión, bastan, ni mucho menos, para hacer un régimen fascista. Esto no quiere decir sin embargo que el fascismo no esté en cierta medida ya ahí, esperando su hora a la sombra del neoliberalismo autoritario.

¿Qué quieres decir cuando hablas de fascismo?

Por decirlo rápidamente, el fascismo es un movimiento de masas estructurado que pretende obtener y ejercer el poder para poner en marcha lo que presenta como una regeneración de la nación, que considera amenazada o mutilada y esencializada en torno a un principio de unidad (ya se trate de la cultura o de la raza). Este principio de unidad excluye necesariamente a toda persona y a todo grupo considerados como elementos extraños a la nación (las minorías en general), o recalcitrantes al unanimismo nacionalista (los movimientos sociales, entre ellos el movimiento sindical, la izquierda radical, y más en general cualquier forma de contestación social o incluso de independencia de espíritu).

Desde un punto de vista histórico, pienso que hay que comprender el fascismo incluyendo evidentemente la Italia de Mussolini y la Alemania nazi, pero también los movimientos y regímenes que se han situado en el campo magnético del fascismo y que constituyen variedades diferentes de un fenómeno similar. Esto implica por tanto reflexionar a partir de otros casos que los ejemplos italiano y alemán: la dictatura salazarista en Portugal (que se mantuvo durante más de cuatro décadas), la dictatura franquista en el Estado español (1939-1975), el régimen de Pinochet en Chile, la dictadura de los coroneles en Grecia, el régimen de Vichy en Francia, y también todos los movimientos de extrema derecha que no han triunfado, es decir que no han conquistado el poder.

Todos estos movimientos y regímenes políticos son útiles para pensar el fascismo, del que hay que recordar, según el historiador estadounidense Robert Paxton, hasta qué punto es un fenómeno político proteiforme, capaz de adaptarse a contextos nacionales e históricos muy diferentes. En principio tengo muchas reservas sobre una definición restrictiva del fascismo, planteada de una vez por todas, y sobre el hecho de clasificar sí o no a tal o cual régimen en esta categoría, como si se tratasen de especies radicalmente diferentes. En ese juego, uno se contenta con afirmar que cada movimiento o cada régimen es singular, lo que constituye una banalidad, y se cierra a aprender algo sobre el ascenso de los movimientos fascistas entre las dos guerras, de la victoria de unos y de la derrota de otros.

Uno de tus capítulos se dedica al FN. ¿Se puede comparar a este partido con el fascismo de entre guerras?

Pienso que sí, siempre que no se confunda comparación y asimilación pura y simple. Tal ejercicio de comparación se opone a lo que afirman algunos especialistas des FN que, por otra parte, pueden decir cosas muy interesantes sobre ese partido. Así, la mayor parte de ellos se niegan a proponer una comparación entre ese partido y los movimientos fascistas de entre guerras. Jean-Yves Camus y Nicolas Lebourg han afirmado por ejemplo que calificar al FN de fascista supondría una forma de pereza intelectual. Pienso que es exactamente lo contrario: el único ejemplo que se tiene de movimientos de extrema derecha que se arraigan y se desarrollan en una sociedad hasta conquistar el poder, y a veces asumirlo de forma duradera, es justamente en el período entre las dos guerras. Por tanto, lo perezoso es privarse de este estudio comparativo, porque en mi opinión es privarse de armas intelectuales que permiten no sólo precisar mejor al FN y los peligros que acarrea su ascenso, sino también pensar estratégicamente sacando algunas lecciones políticas –y no sólo morales– del pasado (a lo que esos especialistas se oponen en todo caso).

Esto remite a un problema más profundo en nuestra manera de abordar la cuestión en Francia. Existe ante todo esta idea avanzada por una serie de historiadores franceses desde René Rémond, una idea muy ajena a la mirada de lo que se sabe de la historia extremadamente rica y viva de la extrema derecha en Francia desde el final del siglo XIX; a saber, que Francia habría quedado inmunizada en el siglo XX contra el fascismo, y en cierta manera lo sería todavía hoy.

Por mi parte, me parece evidente que Francia ha conocido movimientos fascistas auténticos y poderosos (el PPF de Doriot por ejemplo) y otros que tenían un claro parentesco con el fascismo (las Cruces-de-fuego convertidas en PSF), sin hablar del régimen de Vichy que, en condiciones muy particulares (la derrota y la ocupación de Francia por la Alemania nazi), constituyó un régimen que tenía algunos de sus rasgos prestados del fascismo. Pero además considero que, desde su creación en 1972, el FN es un partido neofascista, o como mínimo protofascista, es decir, un germen del fascismo que, en circunstancias excepcionales e imprevisibles, podría conquistar el poder político.

¿Qué te hace decir que el FN es neofascista?

Ante todo, es muy importante volver al tema de la creación del FN y su proyevcto inicial. Ésta fue impulsada por diferentes corrientes de la extrema derecha pero, en gran medida, bajo la égida del movimiento, entonces más estructurado y del que nadie niega su carácter neofascista, Orden nuevo (que había sucedido a Occidente tras la disolución de este último). Observemos la composición política del partido, desde sus primeras horas. Se encuentran nacionalistas revolucionarios, es decir neofascistas, como por ejemplo François Duprat que se convirtió en uno de los principales dirigentes e estrategas du FN. Algunos miembros proceden de medios de la OAS, por tanto nostálgicos de la Argelia francesa, otros de los círculos católicos integristas, sin olvidar a los viejos vichystas y los antiguos Waffen SS. El FN, como indica su nombre, está pensado como un frente de todas las componentes de extrema derecha y como una vitrina electoral. La estrategia del FN es por tanto en primer lugar la unificación de las diferentes franjas de la extrema derecha y su desdiabolización (aunque no se emplee este nombre), sobre todo por el empleo de métodos pacíficos y electorales (a distancia por tanto de las batallas de calle). El objetivo es que el FN aparezca respetable para que el nacionalismo radical se vuelva una fuerza significativa en el campo político, después de la travesía del desierto de la postguerra. Y para ello, hay que evitar todo lo que recuerde a la extrema derecha fascista. Esto no quiere decir que no haya ninguna relación con fascistas asumidos: el MSI, el movimiento social italiano, un partido entonces claramente neofascista, ayudó mucho (sobre todo financieramente) a la creación del FN. Aunque sea anecdótico, la llama del FN, su símbolo, está inspirada en el símbolo del MSI, que se supone representar el alma de Mussolini subiendo al cielo. El FN simplemente cambió los colores: verde, blanca y roja para Italia, se vuelve azul, blanca y roja con el FN.

Al mismo tiempo, hay una estrategia de hegemonía: debe absorber el FN a los nacionalistas moderados (por ejemplo, antiguos gaullistas decepcionados por la política de De Gaulle respecto a Argelia), pero de forma que dominen los nacionalistas radicales. Añadamos que el centro de la ideología del FN siempre ha sido la necesidad de una regeneración nacional por medio de una purga de todos los elementos considerados como anti-nacionale, bien por no ser conformes a la identidad nacional (presentada según los momentos y según los públicos como basada en un fundamento cultural o biológico), bien porque crearían divisiones (todos los que contestan el orden de las cosas). Este nacionalismo llamado integral, inspirado en teóricos franceses de principios del siglo 20 como Charles Maurras, sigue orientando toda la ideología del FN. Los discursos de Marine Le Pen en sus mítines durante las presidenciales lo demuestran innegablemente (son estos discursos los que hay que escuchar, no sus entrevistas mediáticas, para comprender algo de lo que es el FN, lo que quiere y lo que quieren sus simpatizantes). Las palabras cambian, peroen este plano las ideas siguen siendo fundamentalmente las mismas desde los años 1970: ya no se dice “Francia para los franceses”, sino “los franceses primero”; ya no se reivindica la “preferencia nacional”, se reclama la “prioridad nacional”. Es una mano de pintura que no modifica el proyecto estratégico y político del FN en el fondo.

En cambio, desde que Marine Le Pen está a la cabeza del FN (2011), el partido ha operado un cambio importante en un punto de su estrategia ideológica: ha pasado del antisemitismo visceral (tradicional en la extrema derecha, tanto en Francia como en otros sitios) a una ideología islamófoba mucho más rentable electoralmente (en particular en Francia). Es un cambio que ha sido pensado muy explícitamente. El propio Louis Aliot, número 2 del partido y compañero de Marine Le Pen, lo ha explicado en una entrevista:

El antisemitismo impide que la gente nos vote. Sólo es eso… A partir del momento en que hagas saltar este cerrojo ideológico, liberas el resto“.

En cierta medida ha tenido razón, ya que el FN dio un salto después de 2011. Jean-Marie Le Pen había conseguido el 18 % en la segunda vuelta de las presidenciales de 2002. Su hija ha recogido el 34 % en 2017, casi el doble 15 años más tarde. Los dirigentes del partido se dieron cuenta de que era completamente aceptable ser islamófobo en el actual escenario político, tanto que la hostilidad hacia las y los musulmanes se justifica por el respeto a “la República”, “la laicidad”. Además, Jean-Marie Le Pen ha sido sancionado por la dirección del partido por sus comentarios sobre el genocidio de los judíos de Europa, pero nunca por sus discursos sobre los migrantes, o sobre los musulmanes. Cuando dijo, a cuenta de la inmigración, que “El Ébola [podría] arreglar esto en tres meses” no fue sancionado por la dirección del FN, El partido es ante todo oportunista en materia de dianas: lo que cuenta es que pueda beneficiar en las urnas.

¿Por tanto el partido sigue siendo neofascista?

La dirección del movimiento sigue siendo a mi entender neofascista, aunque desde luego no es tan estúpida como para reivindicarse de cualquier manera del fascismo: ¿quién puede pretender inspirarse en movimientos totalitarios de entre guerras en Europa, sin perder todo crédito? De manera general, sería bueno no tomar a los dirigentes de extrema derecha por gente estúpida; no son vulgares jefes de banda que viven en el pasado venerando los símbolos del fascismo italiano o del nazismo. Tienen un proyecto y una estrategia para hoy.

En realidad, podría decirse que el FN nunca ha sido tan peligroso, no sólo por el hecho de su progresión electoral en el período 2012-2017, sino porque ha construido y popularizado una síntesis de nacionalismo, autoritarismo y anti-neoliberalismo que puede atraer a franjas de la población muy diversas socialmente. El partido de Marine Le Pen pretende en efecto haber dado un “giro social”, lo que es ilusorio porque no hace ninguna propuesta que mejore en concreto y de forma significativa la vida de los asalariados. Pero desde el punto de vista de la retórica política, esto acerca al FN actual a la matriz fascista, que daba un lugar importante a un anticapitalismo de fachada y que, en cuanto accedió al poder, echó instantáneamente a la papelera este aspecto de su programa para asegurarse el apoyo de las clases poseedoras. Idem para el nazismo. Jean-Marie Le Pen, en cambio, adoraba el ultraliberalismo de Ronald Reagan en los años 1980; se presentaba además como el “Reagan francés” y pretendía encarnar la “verdadera derecha”. El antiliberalismo (también de fachada) y el “ni derecha ni izquierda” de Marine Le Pen se aproximan mucho más al fascismo clásico.

¿Qué elementos te hacen pensar que podría emerger un fascismo en Francia?

Diría que existen tres factores principales. El primero, y más recordado, es que el FN se construyó sobre los efectos de las políticas neoliberales, llevadas a cabo desde los años 1980. En 2002, los manifestantes anti-FN gritaban: “20 años de política anti-social, es un 20 % para el frente nacional”. Es completamente cierto: no se puede comprender el ascenso del FN si no se pone en relación con la instalación del paro masivo, la generalización de la precariedad, el aumento de las desigualdades, la degradación de los servicios públicos, la destrucción de las solidaridades colectivas, etc. Podría decirse hoy, ya que nos situamos 34 años después del giro a la austeridad operado por Mitterrand y el PS en 1983 : 34 años de políticas anti-sociales, es un 34 % para el Frente nacional. Sería igualmente cierto.

¿El segundo factor que propicia el ascenso del fascismo?

Es la intensificación del nacionalismo y del racismo. En un contexto de desconfianza hacia la Unión Europea, una parte de la población tiene el sentimiento de que sólo la la Nación puede protegerlos y puede ver en el FN, el partido que defiende este principio de la manera más consecuente. Además, toda una serie de intelectuales, y también hombres políticos, han facilitado el trabajo del Frente Nacional construyendo y banalizando el odio y la hostilidad hacia los musulmanes y musulmanas, en repetidas campañas para hacer instaurar legislaciones discriminatorias. De facto, no es un secreto para nadie que la prohibición de los símbolos religiosos en un creciente número de espacios (no sólo la escuela), además de contrario a la letra y al espíritu de la laicidad republicana 1905 (como lo ha mostrado el gran historiador de la laicidad Jean Baubérot), no es más que un pretexto para marcar a los musulmanes y musulmanas, hacerlas aparecer como un cuerpo extraño a la Nación y una amenaza para la República. Todo esto es pan bendito para el FN puesto que no tiene casi cada que hacer: le basta con lanzar polémicas dirigidas y repetidas (sobre los símbolos religiosos, sobre el halal, sobre los menús en los comedores, etc.), para obtener casi inmediatamente beneficios electorales, mientras los partdos de derecha y a veces hasta los de izquierda le siguen el juego, repiten sus obsesiones, o incluso les adelantan en este plano.

¿Hablabas de un tercer factor?

El tercer factor es le reforzamiento autoritario de los Estados capitalistas, con la institucionalización del estado de urgencia, la marginación de las instancias elegidas en beneficio de instancias burocráticas (penemos en el aplastamiento del pueblo griego por la Troika), el aumento de la represión, etc. Todo esto favorece a la extrema derecha en cinco aspectos al menos. En primer lugar, esto habitúa a las clases dominantes a recurrir cada vez más a procedimientos de excepción y a la represión (por tanto a acostumbrarse a la idea de soluciones autoritarias contra la contestación social). Además, puede llevarles a considerar que la extrema derecha no es tan extrema como eso, y por tanto a legitimarla y a contemplar alianzas políticas con ella. En tercer lugar, la población puede caer en una forma de apatía política acostumbrándose a ver restringidos sus derechos democráticos considerados hasta ahora como fundamentales (libertades de reunión, de organización, de manifestación, de huelga, etc.). En cuarto lugar, contribuye a autonomizar los aparatos represivos del Estado, en los cuales la extrema derecha encuentra muy importantes puntos de apoyo incluso sin estar siquiera en el poder (imaginemos sólo lo que significaría desde ese punto de vista el acceso del FN al poder político). En fin, el endurecimiento autoritario implica la puesta en pie de un arsenal institucional y jurídico que, en caso de que la extrema derecha llegase al poder, daría inmediatamente al gobierno los medios para establecer legalmente un dominio sin participación, sin controles y sin límites.

Escribías en noviembre de 2016 en la revista Contretemps,: “El reforzamiento de las tendencias autoritarias en las sociedades capitalistas avanzadas constituye sin duda uno de los grandes hechos políticos de nuestro tiempo”. ¿Sigue estando de actualidad este autoritarismo?

Muchos se ilusionaron en el momento de la elección de Macron, en el plano económico y en el plano político. Se dijeron que iba a llevar a cabo políticas neoliberales en términos de economía, pero que nos iba a dejar tranquilos en el plano de las libertades políticas, de los derechos democráticos, etc. Se ha visto ya que no era así, sobre todo con la institucionalización en curso del estado de urgencia, y también con las ordenanzas que Macron espera utilizar para imponer sin debate y sin demora toda una serie de grandes regresiones sociales, replanteamientos fundamentales de las conquistas sociales, de la protección social al código de trabajo.

Ahora bien, segmentos cada vez más importantes de la población ya no consienten estas políticas (basta con observar los resultados electorales de Macron, sólo 1 de cada 11 votantes votó por su partido en las legislativas). Para continuar dominando a la población mientras dispone de una legitimidad política cada vez más débil, la clase dirigente está obligada a utilizar cada vez más la fuerza. Esto se ha visto en la calle en la pasada primavera con el movimiento contra la ley del Trabajo. El gobierno [de Hollande-Valls] ni siquiera tenía mayoría en la Asamblea para hacer aprobar su proyecto. Por ello el uso del 49-3, una manera perfectamente autoritaria de ejercer el poder político, pero también la represión sistemática de las manifestaciones, en forma de apaleamiento de los manifestantes, prohibición de algunas manifestaciones o reuniones, des asignaciones de residencia, etc. Por ello también el reforzamiento de la represión y del control securitario de los barrios populares, donde se acumulan los efectos devastadores del neoliberalismo y del racismo estructural.

¿Por tanto el ascenso del autoritarismo es estructural en tu opinión?

Sí; a la vista del declive del capitalismo contemporáneo, el fenómeno sólo puede acentuarse. El contraste es además flagrante, entre la situación putrefacto del capitalismo y el aspecto casi triunfante del neoliberalismo transmitido por gran número de políticos, periodistas o economistas. Macron es una muy buena ilustración, con su look de golden boy que encarna perfectamente la arrogancia del capitalismo neoliberal y de su actor social hegemónico (las finanzas).

Pero el triunfo del neoliberalismo es frágil. El capitalismo nunca ha sido tan débil, desde el punto de vista de su capacidad para hacer crecer la producción y las ganancias (aunque no los dividendos repartidos a los accionistas, que nunca han sido tan elevados). Algunos economistas –ni radicales, ni marxistas– hablan de un estancamiento secular del capitalismo: no sólo no ha habido repunte significativo desde la crisis de 2007-2008, sino que no se ve en el horizonte una nueva fase dinámica del capitalismo.

¿Políticas neoliberales, nacionalismo y racismo, autoritarismo: son factores relacionados?

Sí, se autoalimentan y se refuerzan los unos con los otros, y hay que añadir un elemento decisivo que se ha analizado antes: el ascenso potencial de un partido de extrema derecha, cuya matriz es neofascista, y que dispone de una audiencia de masas en la sociedad francesa. Las políticas neoliberales hacen que una parte de la población se vuelva hacia pseudo-soluciones nacionalistas y acentúen el resentimiento racista (que se apoya en la profundidad del racismo en una vieja potencia colonial como Francia), lo cual opera innegablemente a favor del FN. El autoritarismo sirve para dominar las contestaciones que nacen contra las lógicas y los efectos de las políticas neoliberales. Por ejemplo: la represión de las revueltas en los barrios populares, que son la expresión de treinta años de degradación de las condiciones de existencia de sus habitantes, de racismo estructural, de discriminaciones y de segregación. Se olvida además que antes de 2015, el estado de urgencia ya había sido decretado por el gobierno Villepin con ocasión de las revueltas en los barrios populares en noviembre de 2005. El autoritarismo de Estado se conecta así con el neoliberalismo, e influye indirectamente en los éxitos electorales de la extrema derecha, sobre todo porque da credibilidad a lo que el FN propone desde su creación en materia de restricción de las libertades y de los derechos fundamentales, de aumentar los poderes de la policía, de restricción de la independencia de la justicia, etc. Cada uno de sus factores –neoliberalismo, autoritarismo, racismo– tiene su autonomía, y en particular su propia lógica de desarrollo, pero todos estos factores se retroalimentan. El problema consiste en que si la clase dirigente no consigue por medios legales, incluso autoritarios, obtener lo que pretende –desgastar los salarios, la protección social, los servicios públicos, con la excusa de la competitividad – podría estar tentada a usar medios aún más violentos.

¿Cuáles?

Las clases poseedoras podrían perfectamente establecer alianzas con movimientos de extrema derecha dándoles un acceso al poder de Estado. Ahora bien, es sabido que todos los elementos están presentes en la Quinta República para la instalación por vías constitucionales de un Estado de excepción, suspendiendo las libertades cívicas y los derechos democráticos.

Recordemos además que casi todos los movimientos de extrema derecha que han triunfado han llegado al poder porque la derecha –que sigue siendo la primera opción política de las clases dominantes– le ha servido el poder en un plato a la extrema derecha. Por ahora, la derecha francesa se niega a alianzas sistemáticas con la extrema derecha (aún manteniendo cada vez más afinidades ideológicas con ella), pero nada permite decir que en el futuro no buscará aliarse con el FN para intentar ganar elecciones o simplemente para intentar salvar sus puestos en las instituciones. Si el partido nazi llegó al poder en Alemania, no fue ni por la vía d una insurrección armada, ni por haber obtenido la mayoría absoluta en las elecciones; sino porque Hindenburg, el presidente electo (incluso con los votos de los socialistas), un conservador de derecha, nombró canciller a Hitler. Sólo a continuación éste usó los poderes que disponía para aplastar toda forma de contestación e instalar su dictadura. De la misma manera, Mussolini fue llamado al poder por los notables que gobernaban la República italiana y deseaban acabar con una situación que les parecía ingobernable. Sin olvidar que, entre las dos guerras, una parte de los grandes capitalistas en Italia o en Alemania llenaron los bolsillos de los movimientos de extrema derecha.

Si algo nos ha enseñado el siglo XX es que, por desgracia, todo es posible en política, no sólo los fenómenos más inesperados, sino los más abyectos y más mórbidos. Si, por ejemplo, la crisis económica se vuelve extremadamente aguda en Europa, y además las finanzas se desmoronan –montones de burbujas financieras amenazan ya con estallar a causa de las lógicas especulativas que no han sido cuestionadas por los gobiernos, sino todo lo contrario–, si las condiciones de existencia de la población continúan deteriorándose, ¿qué va a pasar? No se sabe, pero el hecho de que una organización de extrema derecha haya podido implantarse duraderamente en Francia, enraizarse muy profundamente hasta obtener casi un tercio de los votos expresados en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales, crea una base política muy peligrosa, disponible para una radicalización autoritaria, nacionalista y racista.

¿La elección de Macron no es por el contrario la victoria del consenso, que opone a una mayoría de los franceses al Frente nacional?

Yo pienso que el neofascismo aún está en vía de enraizamiento en la sociedad francesa. Desde este punto de vista, las políticas neoliberales y autoritarias que Macron se dispone a imponer sólo pueden dar un espacio político aún mayor para el desarrollo del FN (sin que esto sea inevitable).

Actualmente el FN aparece debilitado y dividido, pero también lo estuvo en el pasado y en cada ocasión llegó a salir del bache y desarrollarse aún más.

Terminaré comentando una cosa extraña que ha observado a menudo en la forma como mucha gente reacciona en relación al ascenso de la extrema derecha. De un lado, esa gente ve la progresión del FN como inevitable y alguna gente incluso se da por vencida de antemano y sin ganas de hacer lo que fuera por impedir esta progresión. De otro lado, hay quienes no se toman en serio la posibilidad de que el FN llegue al poder y, sobre todo, el alcance del peligro que conlleva si lo logra; hay quienes terminar por decir que, a fin de cuentas, no serían peores que los gobiernos que venimos conociendo últimamente. Creo que es necesario tener una actitud radicalmente contraria: sí; el peligro es bien real y va más allá de lo que hemos conocido bajo los distintos gobiernos que se han sucedido en el poder; pero, al mismo tiempo: no; la ascensión del FN no tiene nada de inevitable a nada que de se desarrolle un nuevo ciclo de luchas sociales y políticas que permitan abrir el camino hacia una alternativa al neoliberalismo autoritario.

https://www.streetpress.com/sujet/1504181702-quel-danger-fasciste-en-france

Traducción: viento sur



Compartir:

Comentar en Facebook

comentarios

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Si está interesado en anunciarse en nuestro sitio u obtener más información, por favor utilizar el formulario de la sección de Contáctenos en el menú principal.