Esto comienza mal con dos impuestos

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Vértice

Lafitte Fernández

Lafitte Fernández

Soy terco y no me tiembla la mano para escribirlo: no me gustan los ministros que lo único que hacen es proponer impuestos para combatir un problema de caja en el Gobierno.

No soy imbécil. Puedo dimensionar el tamaño de la crisis de salud del país y del planeta. Pero no tolero ministros que, desde hace mucho tiempo, lo primero que se les ocurre son impuestos a los salarios y a la gasolina cuando agobian los problemas.

Soy un periodista de la tercera edad. Soy, además, sobreviviente de la enorme crisis del NIH1. Agonicé más de un mes en el hospital México y conozco las enormes virtudes del sistema de salud público costarricense.

Sé lo que es despertar, muchas semanas después de un coma, pegado a un respirador del hospital México. Sé lo que es que una médica, si acaso 30 años, te diga buenos días cuando ni siquiera sabes dónde estás ni cuál fue tu suerte.

Pero también sé de ex ministros que, en medio de brutales crisis y devaluaciones, dejaban su despacho bajo un inmenso olor a marihuana porque inflamaban sus pulmones con drogas antes de parir soluciones.

Uno de ellos, con medio litro de whisky en su pecho y sus venas, me dijo cuáles eran los secretos para combatir crisis: meterle impuestos a la gasolina, alzar el marchamo, subir el gravamen de la renta y cargar tributos a varios bienes de lujo.

Por lo que veo, han pasado cuarenta años y la costumbre de algunos ministros no ha variado. Eso, como escribió el abogado José Miguel Villalobos, con toda la picardía y talento que lleva encima, es reconocer que el corona virus no afectó los pulmones de algunos funcionarios sino el cerebro.

Los costarricenses están asustados; tienen un drama en sus hombros. Miles ya están golpeados por esta crisis y resulta que, ahora, a los genios del Gobierno, se les recurrió cargarle el costo de todo a la empobrecida clase media y baja.

Se cuentan por miles las personas desempleadas o a quienes les rebajaron el salario, para que el Gobierno salga con estas chambonadas de siempre. No conozco al Ministro Chaves pero sé que es experto en finanzas públicas y posee una amplia experiencia en organizaciones financieras internacionales.

Las crisis se vencen con ideas creativas. Los problemas nuevos, o viejos, se vencen con ideas nuevas. Por eso es que me cuesta creer que de la cabeza de algunos de los funcionarios estrellas de este Gobierno nazcan ideas tan pobres, injustas y devaluadas como las que comunicaron los Ministros de Planificación Económica y el de Hacienda.

Echar mano a impuestos contra una sociedad asustada y que cuenta sus monedas para ver si su economía llega a septiembre, es de mentes débiles e impertinentes.

Hace mucho rato nos cansamos, en Costa Rica, de aquellos funcionarios que lo único creativo que tienen en su agenda es subir impuestos. Lo único que nos falta ahora es una propuesta que suba el impuesto al marchamo y nos obliguen a pagarlo en octubre.

Me gusta recordar aquello que escribió Alberto Einsten: para ser miembro irreprochable de un rebaño de ovejas primero hay que ser ovejas. Esta vez, con sus cerebros tullidos, hay que decirle a los genios del gobierno que aquí nadie quiere ser oveja.

A esos funcionarios hay que recordarles esto: el gobierno detuvo el motor de la economía para privilegear las vidas humanas. Pusieron, con la autorización de todos los costarricenses, el motor en pausa. La lucha contra la insanidad ha dado resultados. Todos la apoyan. Pero creer que lo que viene se vence a punta de impuestos es de cegatones y de inútiles.

Llegará el momento en que el motor hay que encenderlo de nuevo. La economía hay que aceitarla otra vez. Pero si los encargados de asumir esa responsabilidad deciden, cuando aún no es el momento preciso, recetarnos impuestos, lo único que vamos a encontrar es miseria, pobreza y rebatiñas.

Hasta ahora lo único que se nos adelanta el gobierno son respuestas tontas y habituales. Es un crimen golpear la gasolina cuando llevan muchos años en eso. Tenemos la gasolina más cara de Centroamérica y no hay alma humana que cambie eso.

No me opongo al impuesto al salario porque deba pagarlo. Me opongo por ser producto de una mente que no puede producir más que impuestos para encarar una crisis. Los costarricenses ni siquiera pudimos escoger entre un impuesto y cualquier otro camino. Ni siquiera esa oportunidad racional nos cedieron.

Es correcto que para combatir la crisis de salud, no nos dejen recoger las medidas. Simplemente nos recetan como los viejos médicos. Ante eso no tengo ningún alegato.

Pero de eso, a tener que fumar crecidas de impuestos, o nuevos tributos, no deberíamos perder al menos un poco de dignidad. Y si eso es apenas empezando, ¡Que Dios nos agarre confesados¡

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