Esos ejemplos…

…¿Y usted qué opina?

Fernando Berrocal

Fernando Berrocal Soto

En Chile la explosión social generó, el pasado viernes, la más grande manifestación ciudadana de su historia. Con banderas de su país, sin líderes identificables, convocados por las redes sociales, más de un millón de personas en forma pacífica tomaron Santiago. Una protesta popular gigantesca.

Chile es un ejemplo de gran crecimiento económico y un paradigma de pujanza empresarial. Pero un aumento en el precio del metro de su capital puso en evidencia realidades mucho más profundas de desigualdad e inequidad social, importantes sectores de pobreza y los límites de estrangulamiento financiero de ciudadanos de ingresos medios.

Sucedió también en Ecuador, en donde un aumento en el precio de la gasolina incendió Quito y volcó sobre la capital a miles de ciudadanos indígenas del altiplano andino, exigiendo cambios económicos, justicia y equidad social.

No dudo sobre el papel y la acción desestabilizadora de Cuba y Venezuela en América Latina. Así es la batalla política y existencial de los totalitarios contra la democracia y la libertad. Lo que no me parece es quedarse ahí como explicación sobre la magnitud de los hechos que se dieron en Chile y Ecuador. Ese enfoque, aunque cierto, es limitado. El tema es mucho más profundo.

Para nosotros los demócratas, en todas sus expresiones ideológicas y partidarias, el crecimiento económico debe ir siempre acompañado de justicia, solidaridad y equidad social, en una sociedad libre y de oportunidades. Ese objetivo integral no lo logra el modelo de crecimiento económico neoliberal. Menos aún el populismo chavista o el comunismo a la cubana. Ese es el punto.

Preocupa también México, por su proximidad territorial y por la trama subterránea vinculante del narcotráfico. El Estado Mexicano y las Fuerzas Armadas y de Policía de ese enorme y poderoso país se aflojaron ante las hordas narcomafiosas con armas calibre 50. Eso se las trae y muy en serio.

En la democrática, rica y poderosa Venezuela, nadie creía que un teniente coronel se levantaría en armas y que llegaría al poder con el voto popular de un pueblo harto de la política tradicional. Menos que su sucesor, Nicolás Maduro, con el apoyo irrestricto de Cuba, se transformaría en un dictador populista con ínfulas ideológicas expansionistas. Así sucedió y hoy más de cinco millones de venezolanos deambulan exiliados por América Latina.

De Centro América ni hablar…

En nuestra Costa Rica la economía crece en forma insuficiente, a menos del 2% del PIB, tenemos al 25% de nuestra población en condiciones de pobreza real y los carteles de la droga están metidos hasta en la sopa. Por si fuera poco, un 70% de los costarricenses están hartos de los partidos políticos y sus actuales dirigentes. Si no aceleramos la recuperación económica y controlamos la inseguridad y la violencia criminal, la situación de crisis se agravará. ¡Cuidado!

Analicemos críticamente estos ejemplos y no aflojemos jamás en la vía libre, democrática y costarricense hacia el desarrollo integral de nuestra sociedad.

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