¿Es Liberación Nacional un partido progresista?

Fernando Berrocal

Fernando Berrocal Soto

A mi me gusta mucho la definición que Carlos Revilla buscó en Wilkipedia sobre el progresismo y, especialmente, la parte que dice que “en el progresismo tienden a confluir diversas doctrinas filosóficas, éticas y económicas del socialismo democrático, de la social democracia y del socio liberalismo”.

En otras oportunidades he escrito que el PLN poco o nada tiene que ver con la ruptura histórica y filosófica que se dio en la original Internacional Socialista entre Lenin y los líderes alemanes franceses y alemanes de tendencia reformista. Ese fue un debate europeo que nada tiene que ver con nosotros.

Don Pepe y don Chico vivieron e interiorizaron de jóvenes las ideas del “new deal” de FDR en los Estados Unidos. El padre Benjamín era eminentemente social cristiano. Rodrigo Facio era keynesiano y eso quedó claro en su famoso “Estudio sobre la Economía Costarricense” que fue su tesis de grado. En el Centro para el Estudio de los Problemas Nacionales se estudiaron a fondo las tesis aprista del “espacio tiempo histórico” y las propuestas de Víctor Raúl Haya de la Torre, con una vocación latinoamericanista y diferenciadora de los debates ideológicos y las complejas encrucijadas europeas que dieron origen a la II Guerra Mundial. El liberalismo costarricense, el de don Bernardo, don Ricardo y don Cleto, estaba en la esencia misma de aquellos años forjadores y en el espíritu de los hombres y mujeres de la Generación de 1948, aunque desde una visión progresista y reformista. Tanto que las Reformas Sociales de Calderón Guardia, Manuel Mora y monseñor Sanabria, fueron incorporadas a los Decretos Ley de la Junta Fundadora de la II República. Sin dejar para nada de reconocer el profundo anticomunismo de la gesta revolucionaria de 1948 que, sin embargo, no impidió el Pacto de Ochomogo entre don Pepe y Manuel Mora, con la presencia del padre Benjamín y Calufa Fallas, con lo que se alcanzó la paz y se impidió el enorme derramamiento de sangre que habría significado la batalla por San José y un final trágico para la Revolución de 1948.

Sobre los Padres Fundadores del PLN, siempre me ha impresionado que don Pepe y don Chico eran dos empresarios progresistas; Daniel Oduber y Rodrigo Facio intelectuales de primer nivel; Luis Alberto Monge un dirigente sindical de origen campesino; y el padre Benjamín Núñez un sacerdote católico de pueblo, cuya misión apostólica más importante, en los años 40, había sido fundar la Central Sindical Rerum Novarum y organizar al movimiento obrero.

Esos y no otros son nuestros orígenes y eso se refleja en la Carta Fundamental de 1951, firmada en la finca La Paz un 12 de octubre. Fue un acuerdo político e ideológico de amplios sectores de la sociedad costarricense. Como resultado, somos un partido político democrático, progresista y reformista a la costarricense, incluyendo la visión republicana y liberal que están en la esencia del ser costarricense. Así es nuestra social democracia y no hemos dejado de serlo, cuando hemos sido gobierno u oposición en la Asamblea Legislativa.

Todo esto, sin embargo, funcionó bastante bien hasta la década de los años 80 y 90 del siglo pasado, cuando se inició la más profunda revolución científica y tecnológica que ha conocido la humanidad, especialmente en el campo de la informática y las comunicaciones, transformando el mundo en una “aldea global” y generando procesos poderosos de interrelación y globalización económica y social que arrastraron a todos los países del planeta, fueran grandes y poderosos o pequeños y marginales como Costa Rica. Todo cambió.

Además y como fenómeno histórico y político normal, la gesta extraordinaria de la Revolución de 1948 quedó tan atrás para las nuevas generaciones, como para nuestra generación era la Campaña Nacional de 1856 y don Juan Rafael Mora. La última generación vinculada al 48 fue la nuestra por nuestros padres.

Mi admiración más profunda por la generación del 48 y por la obra del PLN, especialmente por la extraordinaria y enorme movilidad social que provocó en la segunda mitad del siglo XX. Pero en los últimos 20 años hemos cometido grandes errores como partido político. Señalo tres de este siglo XXI:

  1. Dejar de estudiar y capacitar a las nuevas generaciones. Cerrar La Catalina y no sustituirla correctamente, porque el ICARF no ha estado a la altura de las exigencias de los nuevos tiempos. Perdimos el alma de Rodrigo Facio y, sin estudio e ideas, nos trasformamos en el símbolo del estatus quo nacional, orgullosos de nuestras importantes conquistas y pobras del pasado, pero sin propuestas efectivas para los nuevos tiempos y sus enormes exigencias. Y sin capacitación, dejamos de renovarnos y de integrar los necesarios nuevos liderazgos, con sus ideas vinculadas al presente y no al recuerdo del pasado. Casi que la última generación con poder político efectivo fue la de los años 70. A la vez, impresiona la incapacidad partidaria de comunicarse y transferir ideas, soluciones, propuestas, alternativas y generar amplias corrientes de realimentación hacia sus cuadros y liderazgos, desde la sociedad nacional. El Balcón Verde es un museo vacío con fotos y no una entidad viva e influyente.
  2. Abandonamos como objetivo central de nuestra misión política, la lucha contra la pobreza que fueron las banderas históricas con las que nacimos y lo que mantenía una relación permanente y vital de vasos comunicantes con el pueblo y, especialmente, con los sectores más vulnerables de la sociedad. Don Pepe, don Chico, Daniel, el padre Benjamín y Luis Alberto, tendrían mucho que reclamarle al actual PLN. Perdimos el norte de nuestra razón de ser. Nos transformamos en un partido de buenos burgueses y me incluyo, más o menos acomodados, preocupados por el juicio y la opinión de los medios de comunicación y temerosos de los grandes centros de poder económico y de los intereses corporativos de los sectores organizados de la sociedad civil. Perdimos la fuerza revolucionaria y la falta de miedo de los Padres Fundadores.
  3. Confundimos, tal vez desde siempre, lo que don Pepe Figueres defendía y es que nunca deberíamos dejar de ser, antes que nada, un “movimiento político nacional” y nos transformamos en un partido político con vocación de permanente y creamos unas estructuras nacionales y territoriales bajo el liderazgo de Daniel Oduber, Luis Alberto Monge y Oscar Arias, cuando ellos se desempeñaron como Secretarios Generales, pero al final esas estructuras partidarias y lo digo con el mayor de los respetos hacia miles de compañeros y compañeras en la base y en esas estructuras, se encerraron en sí mismas, se volvieron excluyentes y se trasformaron en un fin en sí mismo, cuyo signo más destacado y poderoso es el Sindicato de Alcaldes que domina la actual Asamblea Nacional y Plenaria y su control sobre las Asambleas Cantonales. Aclaro que no tengo nada contra los Alcaldes, muchos de los cuales son extraordinarios amigos personales y líderes en sus comunidades, pero esa municipalización del PLN, nos alejó aún más del “movimiento político nacional” de los Padres Fundadores y la razón de ser de Liberación Nacional.

Todo eso, el pueblo nos los cobró en las últimas tres elecciones.

Aún así no estamos muertos o liquidados, como le pasó a dos partidos políticos hermanos: Acción Democrática en Venezuela y el APRA en Perú. Lo que sí estamos es golpeados políticamente, dolidos emocionalmente y enfrentados a tres exigencias existenciales que debemos confrontar con determinación:

  1. El de los populismos de izquierda y derecha, ambos de inspiración autoritaria, que campean en América Latina como realidad política y protesta legítima de los pueblos enfurecidos por la pobreza, la marginalidad y la falta de oportunidades. En Costa Rica, está por verse si el presidente Rodrigo Chaves forma parte o no de esa corriente política y si mantiene o no la tradición republicana y democrática que hace de nuestro país un gran ejemplo.
  2. Recuperar la confianza del pueblo costarricense y eso, digan lo que digan, solo se consigue si el PLN vuelve a pensar y a reencontrarse consigo mismo y con sus razones políticas de ser en la sociedad costarricense del presente, con ideas y propuestas social democráticas, progresistas y reformistas, en el contexto de la realidad actual tal y como es, asumiendo los nuevos paradigmas que nos imponen la interrelación de la economía mundial y la globalización, así como la revolución de la informática y las comunicaciones. Aquí incluyo todas las causas de la posmodernidad y el tema esencial de las mujeres en la política nacional. El mundo real tal y como es a estas alturas del siglo XXI.
  3. Generando, paralelamente, una renovación de sus estructuras, abriendo y no cerrando al PLN en la base de nuestra sociedad y en todos los sectores. Transformando de nuevo al PLN en el mejor y mas calificado instrumento político de la sociedad costarricense para alcanzar el “bienestar del mayor número” y no solo de algunos sectores de nuestra sociedad, como siempre ha sido y desde siempre, la razón de ser de este formidable movimiento político. Solo así se dará la renovación de los liderazgos, porque no es un asunto de “quítate vos, para ponerme yo” o un asunto simplemente generacional. Es mucho más complejo y es difícil de hacerlo. De eso no tengo ninguna duda.

Los partidos políticos no son ateneos, ni clubes de amigos. Su finalidad pragmática es ganar elecciones y obtener el poder político. Esa es la meta. Hagámoslo como social demócratas, reformistas y progresistas. Eso es el PLN.

¿Es liberación Nacional un partido progresista?

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