Entrevista: Luis Alberto Monge de nuevo en Combate (Parte II)

Nota del Editor: Esta entrevista le fue relizada a don Luis Alberto Monge para el nuevo Combate, que ya no se publica. Por su importancia histórica decidimos publicarla de nuevo en Cambio Político.

Entrevista Luis Alberto Monge. Crédito: Combate

Entrevista Luis Alberto Monge. Crédito: Combate

Entrevista de los Directores de Combate a don Luis Alberto Monge, Expresidente de la República de Costa Rica y Director de Combate histórico, de 1958 a 1963. Segunda y última parte.

La entrevista se llevó a cabo en su Casa en Pozos de Santa Ana y en ella participaron los directores de la revista Luis Fernando Díaz y Marcelo Prieto.

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COMBATE – ¿El manejo de Combate era una empresa de la globalización, era totalmente virtual. Ustedes estaban repartidos por el mundo, se encontraban uno aquí y otro allá. ¿Se escribían? ¿Si hubieran tenido Internet…?

LAM – Yo tengo un libro o un artículo del que estoy muy orgulloso, tengo que revisarlo, lo tengo por ahí, se llama “La Integración de las Integraciones”; yo digo que viene el proceso de la integración y va a terminar en la globalización.

COMBATE – Una cosa que no se refleja mucho en los artículos, pero si en algunas separatas y documentos que Combate impulsaba: la pelea contra el franquismo.

LAM – Yo saqué incluso una separata. Yo estaba muy vinculado al exilio español en la época mía de Ginebra y de Europa, y el mismo Felipe me ha dicho una o dos veces que quiere que le cuente de mis relaciones con Indalecio Prieto, una figura central del gobierno español y de la época de la guerra. Prieto fue Ministro de Defensa y una serie de cosas y vino a morir a México. Ya estaba ciego y sus artículos se los escribía una sobrina, tanto para mandarlos al Socialista en Francia, como lo que publicaba en la prensa mexicana.

Yo iba a los actos del primero de mayo del Partido Socialista y a la Unidad Nacional de los Trabajadores y me sentaba a la par de Prieto por ser Secretario General de la ORIT y resulta que el viejo hablaba con el pie en un banquito por el dolor que tenía en uno de los pies. Lo visitaba en su casa. Yo llegaba y tocaba un portón metálico donde él vivía y -vea que cosa más curiosa- él adivinaba que era yo y le pedía a la sobrina que abriera el portón; contaba chistes y era un gran escritor y era autodidacta.

COMBATE – Tenía una respuesta parlamentaria terrible. Una vez estaba hablando y Calvo Sotelo, uno de los de la derecha le dice, “Indalecio Prieto, líder socialista y con calzoncillos de seda”; Prieto se vuelve y le dice “qué indiscreta tu mujer”.

LAM – Otro de los grandes, tal vez por su edad, fue el fundador del Socialismo Uruguayo, el Dr. Emilio Frugoni. Hay dos libros así gruesos que se llama “Génesis y Desarrollo del Socialismo”. Yo fui muy amigo de don Emilio, él me quería mucho, nunca pasé por Montevideo sin irlo a ver. Y don Emilio, cuando apareció la Tercera Internacional se mantuvo fuera de la Internacional de Lenin y escribió sobre eso. Se quedó muy chiquito el Partido Socialista, fue muy fuerte la escisión que produjo el impacto de la Internacional de Lenin sobre los partidos, pero él fue, en América Latina uno de los defensores de la posición del socialismo democrático en América Latina.

En una oportunidad que fui a su casa me dijo ¿Monge, usted no es pariente de Joaquín García Monge?, y yo le dije, me encantaría decirle que sí, porque usted sabe que es una gran figura nuestra. Y dijo “cómo no le había preguntado eso antes, si Joaquín y yo nos conocimos en Madrid en 1928 y mantuvimos mucha correspondencia, y ahí en Repertorio hay artículos míos. Me dicen que don Joaquín se ha ido un poco a la izquierda marxista”.

Y yo le dije “yo no sé, en Costa Rica hay gente que lo acusa de eso, pero él se mantiene en una línea muy democrática, no es amigo de los gobiernos de ahora de Figueres…” y me dice, “llévele este libro a don Joaquín de parte mía” y se lo dedica y “dígale a Joaquín que yo fui el primer embajador que Uruguay tuvo en Moscú, como yo era de la izquierda me mandaron de embajador a Moscú, y yo vi lo que es aquello, eso es una dictadura. Y entonces escribí este libro, se llama “La Esfinge Roja”, lléveselo” -y se lo dedica-. Emilio Frugoni fue un gran escritor y era médico.

Entonces vengo y le pido cita por primera vez a don Joaquín, porque yo sabía que había tenido sus problemas con la revolución por su proximidad con Mora y con toda esta gente.

Me atiende muy bien y me dice: “Monge, que gusto me da, quería conocerlo desde hace tiempo, lo quería conocer porque se de sus actividades internacionales y los sindicatos”, y una mujer ahí sentada, echada para atrás, inconmovible, ¿usted sabe quién era? La esposa de Carballo de El Salvador, que luego se suicidó, una dirigente del comunismo.

Resulta que se sintió incomodísima, se despidió y me dejó solo con él. Luego me pregunta: “Monge, ¿de cuáles Monge es usted?”. Después don Joaquín hizo todo un análisis del árbol genealógico de la familia Monge en Francia y en Costa Rica. Yo quise comprobar la teoría de don Joaquín. Porque en un estudio que ha publicado Mora, el ex cura, sobre alguien de aquí de Costa Rica que le encargaron, habla de cartagos de apellido Monge, del siglo XVII y XVIII.

Voy a hablar de mi compañero que compartió cuarto conmigo, un hombre genial, talentosísimo, altísimo, cara de indio, Javier Caballero Tamayo, funcionario de la OIT.

Cuando supo que yo estaba viviendo en un cuartito alquilado, me propuso que alquiláramos un apartamento los dos. Porque resulta que a él lo dejó la esposa. Lo agarró cuando andaba de fiesta con una suiza. Entonces resulta que nos vamos a vivir a un apartamentito y él tocaba piano y tocaba guitarra. Tenía una cara de indio, pero una dulzura del carajo, descendiente del famoso sabio boliviano Tamayo. Y entonces este (…) de Javier se engancha a la secretaria del banco donde nosotros cambiábamos el chequecillo con el que nos pagaban.

Cuando a Tamayo lo nombran jefe de la oficina en Sao Paulo, en Brasil me dijo: “Mirá Curro, -a mí los españoles me habían puesto “curro”, seguro por flaco- yo tengo que dejar este apartamento, me interesa esta posición que me han dado en Brasil”, y entonces yo tuve que buscar otro lado para vivir, más barato.

Para entonces Javier me dijo: “Mirá, Jazmín quiere ir a dejarme a Burdeos, a tomar el barco, pero si usted la acompaña”. Y nos fuimos; ya llegamos; el gran llanto en el muelle de Burdeos, a despedir a Javier que se iba; y me dice la Jazmín: “Curro, ¿usted tiene que regresar ya a Ginebra?”; y le digo “yo pedí permiso para varios días”. “¿Le interesa pasear conmigo?” Y le dije que quería ir a Toulouse, hacia el sur, porque a mí me dijo un escritor de Costa Rica que los Monge venían de ahí, y nos vamos encontrando los rótulos de algunas tenerías que decían Monge Hermanos, Monge, con negocios aquí, y entonces le dije a la secretaria “bueno lo que me dijo don Joaquín García Monge es que de aquí venimos”.

En 1957, contra la oposición de don Pepe, que no quería que yo me fuera, yo dejo la Secretaría General del gobierno por la bronca que me armaron por defender a los precaristas allá de Guanacaste el grupo que luego constituyó el “rossismo”. Yo les dije: “yo me regreso a la ORIT”.

Y me toca el primer congreso mundial en Túnez, cuando estaba en Bourguiba, estaba yo en un hotel y mis queridísimos amigos sindicalistas de Uruguay, llegan al hotel un día y me dicen: “te tenemos una sorpresa, Luis Alberto, figúrate que el dueño del hotel tiene tu mismo apellido y ahí te lo traemos”. Y me lo presentan, entonces le pregunto que de dónde es su apellido, y me dice que a él lo trajeron muy pequeño a Túnez pero que sus padres eran del sur de Francia.

Bueno, Combate cumplió una gran función también, en lo que acabo de decirles, en cuanto a que abrió las ventanas de la dirigencia política latinoamericana hacia los otros continentes. Salvo personas muy cultas como Haya, que había visitado a Ghandi, a gentes que habían estudiado la lucha de Mao Tse-Tung, gente muy culta, el grueso de la dirigencia política latinoamericana tenía una visión de muy vagas imágenes sobre lo que estaba ocurriendo en el resto del mundo; esta fue una ventana que ayudó a cambiar eso.

COMBATE – Hay un artículo, don Luis Alberto, sobre la lucha del Tíbet.

LAM – A mí me duele mucho que la gente confunda las relaciones diplomáticas, comerciales, culturales con la China Comunista y se olvide del drama del pueblo del Tíbet, eso me molesta.

COMBATE – Quisiéramos que nos hablara de algunos personajes. Hay algunos que no ha mencionado todavía, como Prebisch, Chester Bowles, Felipe Herrera, Fernando Enrique Cardozo; todos eran economistas. ¿Cuánta influencia tenían?

LAM – Bueno, en esos momentos no eran líderes en la lucha, eran de los pensadores que estaban elaborando pensamiento que fue munición muy importante -y que salió en Combate- para la lucha por una democracia social en América Latina.

Luego se volvieron muy famosos, es decir Combate tuvo la virtud de ser una catacumba del pensamiento latinoamericano; estaba aportando ideas para lo que luego serían grandes plataformas de la lucha nuestra, interrumpida por otras razones.

COMBATE – En la lista de nombres además de don Oscar Arias escribe también don Gonzalo Facio.

LAM – También Chalo Facio salió, a pesar de que don Rómulo quedó para siempre resentido con él, porque en la época de La Lucha y de don Pepe y todo eso, Chalo Facio le dio el nombre de Rómulo a su hijo varón como homenaje a Rómulo Betancourt, pero después se convirtió en la principal presión contra don Pepe para que sacara a Betancourt de aquí. Entonces me dijo “ese es un sinvergüencita, no quiero saber nunca más de él”.

COMBATE – Don Chalo sabía mucho de temas internacionales.

LAM – Como internacionalista, hagámosle justicia, ha sido el mejor que ha tenido el país. Ha sido el mejor internacionalista, no tengo la menor duda.

COMBATE – Y don Pepe, ¿en relación con la revista? ¿Qué relación tenía con él?

LAM – Don Pepe, en relación con la revista aparte de ser un gran aliento personal para mí, en todas esas luchas era como el de más inspiración.

El pensamiento de Haya era el más profundo, pero Figueres estaba representando ideales de la causa con una vibración muy nueva, muy del momento, en la defensa de la equidad para los productos de exportación de los países pobres. Esa defensa que él hizo lo convirtió en figura mundial. En ese momento había una inspiración de Figueres muy pura y yo lo defiendo en cuanto a honestidad.

COMBATE – Don Pepe venía saliendo del gobierno del 58 y en la vida de Combate le toca el periodo de Mario Echandi. ¿No tendrá que ver con el hecho de ser ustedes oposición en ese momento, su actitud inspiradora que llama usted?

LAM – No, la actitud inspiradora es del 48. Cuando regresó del exilio y lo fuimos a recibir hizo un discurso muy bonito en el balcón del Diario de Costa Rica. Y resultó medio poeta: hablaba de la magnolia que está en la cumbre del árbol en ese discurso. Nosotros lo conocíamos nada más que de nombre y de las referencias que nos habían dado de él.

Cuando yo me incorporé a Acción Demócrata estaba estudiando en el Instituto de Alajuela. Agüero, –que había sido magistrado y diputado– y Urbina, me invitaron a ir a organizar la sección de Acción Demócrata a San Ramón. Como yo no tenía ropa apropiada, mi hermano Víctor Julio me prestó un traje con chaleco, para ir a fundar el Acción Demócrata en San Ramón y en una casa que a mí me lució muy oscura, don Chico nos recibió en San Ramón.

COMBATE – ¿En qué año fue eso?

LAM – Debió haber sido en el 43. Entonces don Chico nos habló de que ya había llegado el folleto de don Pepe “Palabras Gastadas” y que lo tenía Alberto Martén.

COMBATE – Don Luis, en esa pelea que usted acaba de recordar en el asunto de los precaristas Guanacaste, usted comentó que había un artículo de don Pepe, diciendo que “el agua era como el aire…”.

LAM – Sí, estaba publicado como editorial de La República de toda una página, que se llamaba “Las tierras las hizo Dios mismo”.

En aquel momento yo le dije que me iba, porque yo no quería crearle problemas, porque bastaba con el problema de lo que Daniel calificó de “gabinete amarillo” -porque se habían reunido en la Casa Amarilla, con Mario Esquivel- y le mandaron a decir a don Pepe que no iban a reunión si yo permanecía en el gabinete, y el único que llegó fue don Otto Fallas, los demás se fueron a la Casa Amarilla.

Don Pepe se encabronó y le dijo a un emisario: “Vaya dígales que yo estoy aquí con Luis Alberto y con Otto Fallas” y que era cosa de ellos si no llegaban.

COMBATE – ¿Otto Fallas era Ministro de Trabajo?

LAM – Sí, por recomendación del cura Núñez y yo. He leído en la prensa los mensajes del partido que cumple yo no sé cuantos años de muerto.

Entonces yo empecé… -en realidad yo había venido por seis meses y ya llevaba casi diez- …a pensar en irme. Ya estaba por pasar la polémica con Formoso. Don Pepe se fue para La Lucha dándole vuelta a lo que yo le dije, que yo me regresaba y un domingo me llamó de allá, y me dice “mire en esa polémica que usted ha tenido, soy yo el que tengo que intervenir. No usted como Ministro de la Presidencia ni Secretario de la Presidencia. Usted no está solo en esta pelea y entonces yo voy a publicar este artículo “Las tierras las hizo Dios mismo”.

Vieran que fondo tiene eso. Nada de marxismo; es una cosa más bien de teoría espiritual. Entonces publica ese artículo. Pero yo le confirmé que siempre me iba, y me dijo “este clavo yo me lo saco, porque me lo han sacado a usted”, y era que se había creado una relación sentimental muy afectiva, me veía como un hijo de él. Después nos separó un poco Luis Burstin.

Me fui a México y preparé una gira de contactos por toda América Latina. No era tan fácil; era solo cuatrimotores y todo eso, era una gira como Secretario General de la ORIT.

Cuando yo llego a Bolivia, me encuentro al Embajador de Costa Rica en el aeropuerto, me encuentro al líder minero que yo ya lo conocía, ya era muy famoso, había sido Vicepresidente de la República, Juan Lechín. Hubo atenciones especiales de todo tipo en el Salón Diplomático para recibir a un dirigente sindical y entonces, en el salón diplomático el embajador me dice “don Juan lo quería conocer, además el gobierno quiere manifestarle su satisfacción por su nombramiento como Ministro de Relaciones Exteriores”. De eso me entero yo en La Paz. Yo no sabía nada de eso. Yo no tengo ninguna noticia de eso. Fue una torta del cura Núñez con don Pepe. Habían tratado de localizarme, pero como las comunicaciones eran tan difíciles en ese momento no me habían dicho nada, y entonces el cura autorizó a don Pepe a publicar el nombramiento como ministro, sin decirme nada. Yo me entero en Bolivia que me están dando el recibimiento de Ministro de Relaciones Exteriores.

Me comunico con don Pepe y le digo, “Pero don Pepe yo no puedo aceptar, si acabo de regresar a la ORIT. Cómo les voy a decir que ya no puedo ir”, y don Pepe me dijo “es una torta del cura, porque él me dijo que ya lo había publicado”.

Tuve que discutir con Benjamín y con él los términos del porque yo no volvía. Don Otilio (Ulate) publicó un editorial que decía que era por presión –vean qué locura del estado de don Otilio-, que era por presión del Departamento de Estado, que desconfiaban del izquierdismo mío.

COMBATE – Más bien era como una condecoración. Usted nos hablaba de la influencia de Haya de la Torre en América Latina, como el más profundo pensador, pensando en un marxismo de acuerdo con la realidad de cada país.

LAM – Don Rómulo y Haya iban a la escuela maternal de Carmen Lyra, Isabel Carvajal, a reunirse con los futuros líderes del Partido Comunista, entre ellos Manuel Mora. Ahora que se juzga a Mora más objetivamente, él hizo un esfuerzo impresionante para crear un comunismo criollo, por eso los estalinistas como Ferreto lo echaron.

Aquellas reuniones donde Carmen Lyra… no era el comunismo leninista, eso era el falansterio de Fourier más bien, del socialismo utópico que llamó Marx.

COMBATE – Tenemos entendido que don Rómulo vivía en Barrio México.

LAM – Vivió en Barrio México, ahí lo visitamos varias veces don Pepe y yo.

COMBATE – La otra gran pregunta es: América Latina ¿hoy cómo la ve? América Latina en tiempos de Combate versus América Latina hoy.

LAM – Alan García le decía a toda la gente que había sido alumno mío aquí, y como le había ido tan mal no me gustaba que lo dijera. Y ahora Alan mantiene, lo que tuvo Costa Rica en otra época, la tradición de asilo; lo está defendiendo muy fuertemente frente a los ataques que le hace Chávez. Varios de los líderes de Venezuela están asilados en Perú.

COMBATE – ¿Tiene algo que decirnos de Víctor Alba?

LAM – Víctor Alba era como Manuel Formoso padre, era anarquista en España. La tragedia de don Manuel es que lo agarró el 48 sirviendo a la República y terminó de camarero en un restaurant español de un amigo de él, y esto lo envenenó terriblemente contra Figueres y contra mí. Me dijo comunista por años, hasta que hice un discurso contra Fidel. Entonces vino un día y me abrazó todo emocionado y lo reprodujo en partes en el diario La Nación, contestándose a sí mismo, porque había dicho por años que yo era un comunista. Víctor Alba dice que no sabe como Manuel Formoso terminó aquí como un periodista de la derecha completamente.

En uno de esos arranques que tuvo Eugenio Gordienko, me trajo un libro de Víctor Alba, “La Sabiduría de Envejecer”. Fuimos muy amigos, conversamos muchas veces. Redactamos juntos el documento que yo publiqué sobre Imre Nagy y Pal Maleter cuando los ahorcaron. “La Voz de un Asesinado” se titulaba el documento. El me suministró datos, era muy bien informado, sin tener computadora en ese momento. Yo inmediatamente hablé con mis amigos en Nueva York y me dijeron “esto no puede pasar desapercibido”, cómo es posible que usted hable de una de las grandes figuras del comunismo. Imre Nagy antes de matarlo preparaba un discurso para presentar una serie de críticas constructivas; yo reproduzco parte de ese documento. Su discurso en el XX Congreso era diciéndoles que él seguía siendo comunista, pero que había que acercarse al pueblo, que no se podía seguir divorciándose del pueblo. Los franceses lo publicaron en un libro muy bueno por el título, como son estos analistas franceses, “Un Comunismo que no olvida al Hombre”. Yo reproduzco parte de ese documento, pero las fechas de la revolución propiamente, me las suministró Víctor Alba.

COMBATE – Usted escribe en algún momento un artículo con Daniel Oduber.

LAM – Hubo crítica en los círculos de Estados Unidos porque dijeron que ese artículo era muy anti Estados Unidos, entonces tuve que ir a Nueva York a reunirme con Norman
Thomas y Sacha Volman, del Internacional Labor Research Institute. Entonces me dijo Norman Thomas: “mire, no hay mentiras en su artículo, lo que les incomoda a esta gente es que se digan esas verdades, no hay mentira, es la verdad de la historia”.

En esto de Combate, no hablamos que después de la independencia surgió una casta militar muchas veces constituida por los mismos héroes de la propia guerra de independencia y surgieron las oligarquías locales que se entendieron. Luego en el Siglo XIX, vienen los imperialismos, la inversión inglesa y la inversión norteamericana compitiendo aquí en América Latina y entonces esas fuerzas se ponían de acuerdo y tenían confianza en los regímenes autocráticos para resguardar sus intereses y eso hizo muy dura la lucha. Factores de poder en los Estados Unidos -militares y políticos- confiaban en esos déspotas para proteger también sus intereses y para que los defendieran del comunismo. Esto está en un folleto mío -que lo cita Armando Vargas en el libro sobre Bosch-, de la conferencia de sindicalistas exiliados que yo convoqué en México. Ahí digo que factores de poder político, económico y militar de los Estados Unidos confiaban en los dictadores para defenderlos del peligro del avance del comunismo y eso fue fatal para los Estados Unidos. La historia me ha dado la razón.

COMBATE – ¿Don Daniel participó poco en Combate?

LAM – Participó poco; hay algo triste de mi relación de hermandad con Daniel. Daniel terminó sintiendo celos conmigo porque yo era su hermano, pero era muy dependiente de su intelecto: él tenía una formación académica que yo no tenía. Cuando yo venía de México me iba a la casa de él; el cuarto donde él murió era mi cuarto. Pero una vez que yo me abrí campo, Daniel no me apoyaba a mí; por ejemplo él apoyaba a Castillo, que le pagó muy mal. Entonces yo llegué a la conclusión que terminó como celoso de que yo me hubiera abierto campo sin él.

COMBATE – Daniel decía que él llegó a presidente por celos…

LAM – En un artículo que yo publiqué el 4 de julio de 1975, hablo de las contradicciones de la personalidad de Daniel, y que se abría campo a pesar de esas contradicciones.

COMBATE – Don Luis, había un grupo de pensamiento que no estaba en Combate, pero estaba en el Instituto y a veces escribían. Le menciono cuatro nombres: Láscaris, León Pacheco, Abelardo Bonilla y Eugenio Fonseca Tortós.

LAM – Le voy a decir los grados. Primero don León Pacheco. Su esposa María de los Angeles fue mi asistente en Combate, y al final don León Pacheco terminó metido conmigo en las oficinas, ayudándome en Combate y convocó varias reuniones a su casa; el grupo eran Rodrigo Facio y Leda, su esposa, Rafael Alberto Zúñiga Tristán y su esposa, Marielos y él, y yo que andaba zonto ya, como ha sido mi costumbre. Entonces don León sí estuvo ayudándome en Combate no solo directamente él sino también a través de su esposa, que era la segunda en el mando.

El otro es Láscaris. Tuvo poca relación con Combate, pero cuando yo publiqué en Cuadernos de París “El Plan Kennedy, Esperanza o Frustración”, me hizo llamar y me llevó a dar una conferencia sobre ese tema en el Instituto de Cultura Hispánica, que estaba por el Hotel Europa. Luego conocí a su hija, que era muy bonita. Láscaris en lo que sí tuvo influencia general fue en sus libros. El fue a dar conferencias a Coronado, porque el padre Núñez era muy amigo y compañero de él en la Universidad.

Abelardo Bonilla era muy admirado por todos nosotros pero no hubo mucha relación con él porque inclusive se fue, fue el vicepresidente de Mario Echandi. Y Mario Echandi tuvo un gesto con él: cuando vino el Congreso de Filosofía don Mario dejó la presidencia y lo dejó de Presidente. Entonces don Abelardo presidía Costa Rica y presidía el Congreso de Filosofía.

Eugenio Fonseca Tortós tuvo una gran influencia en las generaciones de esa época como sociólogo, inclusive en mí, porque teníamos muchas reuniones y tertulias, y cuando yo estaba sediento de pensamiento académico, entonces yo iba a la casa de Eugenio; a Eugenio lo invitábamos a La Catalina, lo llevábamos a dar conferencias a La Catalina; él era de pensamiento socialdemócrata muy definido y después descubrimos que tenía serios problemas de tipo emocional, era bipolar, le daban depresiones.

COMBATE – ¿Cuál era la circulación de Combate?

LAM – Teníamos cinco mil ejemplares, trimestrales. La revista era un poco académica, pero el mensaje era dirigido a las élites altas y medias de la dirigencia política de América Latina.

COMBATE – ¿Y después?

LAM – Estando en Israel se enfermó el Presidente, que era amigo mío, Isaac Ben Tsvi, historiador que había escrito los mejores libros sobre las comunidades judías de Oriente. En una visita anterior, dos años antes, me dijo que lamentaba que ya estuviera muy viejo, porque quería escribir sobre las comunidades judías de América.

Cuando yo llego, a Isaac Ben Tsvi ya le había avanzado mucho el cáncer, y me recibe en su local en Jerusalén y me dice “Embajador, ¿dónde tiene usted instrucciones de establecer la embajada?” y yo le metí la mentira, “Sí, tengo instrucciones de establecerla en Jerusalén”, y se le vinieron las lágrimas. Me dice: “yo esperaba muchas cosas de Costa Rica y no eso”; y yo salgo en carrera de la Cancillería hacia el hotel, el King David, para decirles a don Chico y a Daniel, que era el canciller, que no me fueran “a vender”, y Daniel lo que decía era “dale viaje, dale viaje”; y entonces tres días después, me llama Golda (Meir), mire, ya que usted tiene instrucciones del Canciller Oduber de que la Embajada quede en Jerusalén, queremos de una vez arreglar la presentación de credenciales suyas.

Como al tercer día viene (Joel) Barromi, que era el funcionario que tenían en contacto conmigo y me dice “mire yo tengo mucha pena, sobre todo con Costa Rica, porque el Presidente Isaac Ben Tsvi nos manda a decir que si usted está de acuerdo que se suprima la ceremonia y que usted le entregue en su lecho de enfermo sus credenciales”.

Le dije “claro que sí”. Entonces llamó inmediatamente a Golda. Pero ese día en la tarde cayó en coma y me tienen que llamar a mí para decirme que se murió, pero que ellos quieren que yo participe como Embajador de Costa Rica con mis dos asesores, que a pesar de que mis cartas de credenciales no se habían entregado ellos querían que yo estuviera en el funeral.

Eran kilómetros y kilómetros de multitud para el funeral. Entonces me ocurre a mi algo que tiene que ver con mi destino, lo único que había sido aquí en Costa Rica era diputado constituyente y diputado de 1958 a 1962. Para no hacerme esperar más -yo ya no tenía más plata para estar allá, ya le había pedido prestados setecientos dólares a Toño Hütt- me dicen que yo voy a presentar mis credenciales ante el Presidente del Knesset. Me toca presentar credenciales ante una de las figuras emblemáticas del Estado de Israel.

Muchos se quedaron impresionadísimos, él perteneció a la generación de inmigrantes judíos de Rusia, como la misma Golda, lo que pasa es que ella vivió un intermedio en Estados Unidos.

La gran inmigración de aquella época fue la rusa, ahora hay una ultra radical. Los rusos de ahora forman una comunidad política y se presentan con una posición muy radical y a los gobernantes no les queda otra que tranzar con ellos para poder hacer gobierno.

COMBATE – ¿por qué un número de Combate se dedica a la Revolución Mexicana?

LAM – Yo venía muy influido, desde luego, y además porque yo había leído de Haya, que una de las bases para crear el APRA fue la Revolución Mexicana, la de Madero, lo que se llamaba “sufragio efectivo, no reelección”, y me había tocado leer mucho de la Revolución Mexicana, inclusive a un periodista y magnífico escritor (Martín Luis) Guzmán, que estuvo con Pancho Villa y luego me encuentro a (Rogelio Fernández) Güell de Costa Rica y que había estado también con Pancho Villa y luego con Carranza.

COMBATE – Bien, don Luis Alberto, nos queda para una fecha posterior una segunda parte de esta entrevista, para hablar de cómo ve usted, hoy, a nuestra América Latina. Hasta pronto y muchas gracias por su gentileza.

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