Entrevista: “La indignidad está en el corazón de los movimientos contestatarios en el mundo árabe”

Hélène Sallon y Marc Semo

Entrevista: "La indignidad está en el corazón de los movimientos contestatarios en el mundo árabe"

Las “primaveras árabes” de 2011 parecían atascadas en interminables conflictos (Libia, Siria, Yemen) o asfixiadas por la contrarrevolución (Egipto). En 2019 ha emergido una nueva ola de protesta, impulsada por una juventud que se dice apolítica, en Egipto, Irak y Argelia 1/. Politóloga y especialista del mundo árabe, Myriam Benraad, auitora en particular de Jihad : des origines religieuses à l’idéologie (Le Cavalier bleu, 2018), analiza esta nueva situación.

¿Cuál es el motor de estas nuevas protestas?

Está en primer lugar la cólera de poblaciones abandonadas por Estados que no tienen ninguna intención de reformarse. Las y los actores de estas protestas (no tan nuevas cuando se las sitúa en el tiempo largo) son en su mayoría ciudadanos y ciudadanas que no soportan ya sus condiciones de vida, así como una juventud, demográficamente cada vez más numerosa, que no aguanta más este statu quo. Las quejas formuladas por estas multitudes son una profunda puesta en cuestión de los sistemas políticos que han fracasado en oírles y en responder a sus demandas mediante una acción institucional tangible. Es imposible disociar las reivindicaciones socioeconómicas del aspecto político.

Luego, está la dignidad, karama en árabe, una noción central y decisiva, que remite a una pluralidad de sentidos que han constituido desde 2011 tanto expresiones de protesta como desafíos para transiciones que siguen vigentes. Al salir a la calle las poblaciones árabes exigen ante todo respeto y reconocimiento. Pretenden dar cuerpo a una ciudadanía a la que todas aspiran. Para algunas de las gentes que participan en la protesta esta reivindicación corresponde igualmente a una búsqueda de identidad, de moral, de justicia, de valores, tras largos años de autoritarismo político y de violaciones de sus derechos más fundamentales.

La dignidad era ya central en los levantamientos de 2011 ¿Se trata de los mismos motivos?

Más allá de las especificidades nacionales, todos los levantamientos de 2011 apuntaban a castas de dignatarios establecidos cuyo monopolio de los recursos económicos y financieros les era garantizado por el ejercicio del poder. A ojos de esta gente, la dignidad es “aristocrática” y se confunde con una conciencia aguda de sus privilegios. Tampoco es posible seguir invocándola si se considera la situación de ciertos grupos étnicos o religiosos. En fin, las mujeres, humilladas entre la gente humillada, sufren una doble opresión.

En el lado opuesto, la gente que protestaba en 2011, igual que la de 2019, expresaba una concepción “igualitarista” de esta dignidad durante mucho tiempo ultrajada, evacuada de la gramática política oficial, negada en el plano socioeconómico durante todo el período postcolonial, en todos los regímenes. Consideradas a posteriori, las “primaveras árabes”, como se les sigue llamando hoy, se asimilan a una puesta en cuestión sin precedentes de las jerarquías sociales instituidas desde hace mucho, cristalizada alrededor de una demanda de reconocimiento y de dignidad de la calle árabe en su conjunto.

¿Expresan esta búsqueda igualitaria las movilizaciones en Argelia y en Irak, donde las protestas de 2011 habían tenido repercusiones bastante escasas?

Las repercusiones fueron limitadas en estos dos países, pero esto no significa que la cólera no estuviera presente, o latente. Situadas en el continuum de la protesta del último decenio, las movilizaciones argelina e iraquí toman así un sentido completamente diferente. En Argel, tras la protesta emprendida en febrero contra la candidatura de Abdelaziz Bouteflika a un quinto mandato presidencial, el movimiento del Hirak reivindicaba reformas socioecnoómicas de fondo, la instauración de un nuevo régimen político y más aún la destitución de las y los dignatarios del poder. Frente a la persistencia del Estado profundo y a las obstrucciones múltiples y diversas del ejército, verdadero “Estado en el Estado”, la protesta prosigue sin gran sorpresa.

Lo mismo ocurre en Irak, donde las y los manifestantes atacan a una élite depredadora y corrupta que bloquea el conjunto del campo sociopolítico desde el derrocamiento del régimen de Saddam Hussein en la primavera de 2003. De forma sintomática, esta cólera ha tomado una forma más clara a partir de 2011 y del primer repliegue militar americano, en el momento en que el establishment iraquí, bajo la tutela del antiguo primer ministro Nouri Al-Maliki, emprendió un giro autoritario.

En Egipto, el presidente Abdel Fattah Al-Sissi, en el poder desde 2013, presume de devolver al país su grandeza, pero las manifestaciones reprimidas en septiembre traducen un descontento muy profundo.

Egipto es un caso ejemplar. Su situación interna ilustra perfectamente este combate entre las dos definiciones antagónicas de la dignidad: aristocrática de una parte, de la que se jacta el régimen de Al-Sissi en nombre de la defensa del pueblo, de la “reconstrucción nacional”, de la lucha contra el terrorismo y por el mantenimiento del orden e igualitarista de otra parte, heredada de la revolución contra la dictadura de Mubarak [presidente del 14/10/1981 al 11/02/2011] y sus manifestaciones contra una extrema personalización del poder, la feroz represión militar y el hundimiento de las condiciones de vida.

Egipto, sin embargo, no es una excepción. En otras partes del mundo árabe, otros Estados en situación de regresión autoritaria y que llevan a cabo una represión a todos los niveles contra su pueblo, alegan un planteamiento patricio de la dignidad para deslegitimar o sencillamente aniquilar las demandas de las y los que son calificados como “plebe”.

¿Es este conflicto de representaciones también un conflicto generacional, identitario?

Si, se trata en efecto de un conflicto con un anclaje a la vez generacional y en menor medida identitario. Generacional, en primer lugdar. La visión que la juventud árabe mantiene de si misma y de su destino ha cambiado con el rechazo a las desigualdades y las injusticias, una visión diametralmente opuesta a la de las élites.

Para muchas y muchos jóvenes no se trata ya de transigir con sus reivindicaciones elementales en beneficio de ideologías o de modelos no solo superados, sino que denuncian como otras tantas herramientas que han servido para manipular a las opiniones públicas para hacerlas renunciar a lo esencial: el bienestar de cada ciudadano y ciudadana debería tener derecho a ser tenido en cuenta por un gobierno que pretende representarle. Identitario a continuación pues esta juventud concibe que sus reivindicaciones son universales, defendidas por otros pueblos en todo el mundo, más allá del prisma cultural comúnmente aplicado a las sociedades árabes.

La victoria en Túnez del jurista conservador y fuera del sistema Kais Saied es analizada como una vuelta de lo “rechazado” en la revolución de 2011 ¿Qué piensas sobre esto?

Cuando nadie lo esperaba, y con más del 70% de los votos [en la segunda vuelta de las elecciones, el 13 de octubre], Kais Saied se ha impuesto como el salvador potencial de la revolución tunecina. Encarna la esperanza de una virtud política que mucha gente revolucionaria deseaba ver emerger en el post-Ben Alí [Zine el-Abidine Ben Alí huyó de Túnez el 14 de enero de 2011 tras haber pasado más de veinte años en la presidencia del país], gente que había sido en gran medida decepcionada. Debido a su dominio de la lengua árabe, a su conocimiento íntimo de las instituciones, a su denuncia de la corrupción y del clientelismo de Estado, Saied ha seducido a una buena parte de votantes.

¿Logrará sin embargo responder a esta demanda de dignidad que perdura frente al aumento de las desigualdades y de las injusticias desde 2011 y poner en marcha las reformas que se necesitan urgentemente? Su conservadurismo, su oposición a la igualdad de sucesión para las mujeres o la despenalización de la homosexualidad plantean interrogantes sobre su posicionamiento, que no está tan alejado, en definitiva, del de las y los dignatarios tradicionales…

En Egipto o en Argelia, la revuelta no se reivindica del islám político. En Irak, la revuelta expresa un fuerte rechazo a los partidos islamistas en el poder. ¿Se ha desacreditado el islám político?

A partir de 2011, los Hermanos Musulmanes y los movimientos islamistas tomados en sentido amplio se han visto confrontados por primera vez al ejercicio efectivo del poder. Ahora bien, en la mayoría aplastante de los casos, desde la experiencia del partido Ennahda en Túnez a la de las y los partidarios del antiguo presidente Mohamed Morsi en Egipto, el islam político construido por entero alrededor de una promesa milenarista de justicia y de libertad para el mundo musulmán, ha fracasado lamentablemente en mejorar la vida diaria de la gente y devolverle su dignidad.

La situación es idéntica en Libia, en Siria y en Yemen: tres países en los que se añaden las disensiones deletéreas entre facciones islamistas. En el caso de Irak, la población rechaza tanto la primacía de las corrientes políticas y armadas del islamismo chiíta como la influencia de los fundamentalistas sunitas.

¿Tiene aún la organización Estado Islámico, que se había implantado en las regiones sunitas de Irak y de Siria prometiendo devolver a la gente sunita su dignidad, capacidad de movilización tras la caída del califato?

Indignidad, indignación y dignidad son las tres palabras clave para analizar el conjunto de los movimientos de protesta que recorren el mundo árabe, muy particularmente en Irak. En 2012-2013, cuando poca gente prestaba atención, en las provincias sunitas iraquíes se produjeron violentas manifestaciones que reclamaban igualdad y dignidad.

Frente a la inacción y a la represión de Bagdad esas mismas regiones se ofrecieron literalmente, en 2014, a los yihadistas del Estado Islámico que prometía recuperar el honor perdido. Evidentemente esta promesa fue traicionada por los horrores perpetrados por ese grupo. Sin embargo, con el vacío político que sigue existiendo sobre el terreno, la organización ha retomado ya su “trabajo social” y sus esfuerzos de reclutamiento, sobre un fondo de relanzamiento de la violencia insurreccional.

https://www.lemonde.fr/international/article/2019/10/18/myriam-benraad-l-indignite-est-au-c-ur-des-mouvements-contestataires-dans-le-monde-arabe_6016022_3210.html

Traducción: Faustino Eguberri para viento sur

1/ A lo que habría que añadir la revuelta libanesa, comenzada después de la realización de esta entrevista, que está movilizando a cientos de miles de personas en todo Líbano ndt.


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