“En el Líbano, la gente lucha, protesta, pero no tiene visión de futuro”. Entrevista

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Jamil Mouawad

Líbano

Después de la devastadora explosión que mató al menos a 154 personas el martes 4 de agosto, los libaneses están tomando las calles para expresar su indignación contra una clase política cada vez más criticada. Profesor e investigador de la Universidad Americana de Beirut, el politólogo Jamil Mouawad se muestra prudente sobre las posibilidades de que surja una alternativa política después de esta tragedia. Le entrevisto para Mediapart Francia Héléna Berkaoui.

Cuatro días después de la explosión en el puerto de Beirut que mató al menos a 154 personas y dejó 5.000 heridos, la irndignación de los libaneses continúa. Este sábado 8 de agosto por la tarde, tuvo lugar una manifestación en Beirut (con miles de participantes y sembrada de enfrentamientos con la policía) para exigir responsabilidades a la clase política. Ante la presión de las calles, el primer ministro Hassane Diab anunció que propondría elecciones anticipadas. En un discurso televisado, el jefe de Gobierno estimó que sólo unas “elecciones anticipadas pueden permitir salir de la crisis estructural”, y agregó que estaba dispuesto a permanecer en el poder “dos meses”, mientras las fuerzas políticas debaten su propuesta.

El domingo tendrá lugar una videoconferencia de donantes en apoyo al Líbano. Estará coorganizado por la ONU y Francia. Esta tragedia se produce cuando el país atraviesa una crisis financiera y social sin precedentes y después de meses de protestas sin encontrar salidas políticas.

El politólogo Jamil Mouawad, profesor e investigador de la Universidad Americana de Beirut (AUB), ha estudiado en profundidad los sistemas políticos libaneses y la relación entre la sociedad y el estado. También ha analizado los debates y movilizaciones surgidos de la primera manifestación masiva contra el gobierno el 17 de octubre de 2019. Según Mouawad, si la oposición civil no logra organizar y convencer a la opinión pública que opte por la alternativa que pudiera encarnar, la clase política podría recuperar el control de la situación. Jamil Mouawad también es muy crítico con la visita de Emmanuel Macron a Beirut el jueves 6 de agosto.

¿Cómo analiza el drama de esta explosión y los acontecimientos posteriores?

Jamil Mouawad: Todo el mundo está traumatizado en Beirut, esta explosión recordó a la gente los traumas de la guerra, los ataques israelíes en 2006 … En cierto modo, no es nada nuevo, ya hemos tenido explosiones, excepto que a esta escala, no tiene precedentes, no se conocía.

Hay muchas preguntas para las que no tenemos respuesta. No se sabe cómo ni por qué esta enorme cantidad de nitrato de amonio permaneció almacenada en el puerto durante años. No existe una versión oficial. Hay rumores e informes de periodistas, pero nada oficial y esto refleja la realidad de la política en el Líbano.

Como siempre, hay multitud de verdades. Todos dicen la suya y eso es parte del problema. Ni siquiera existe un comité de crisis que se ocupe del tema y trate de explicar a los libaneses, paso a paso, lo que sucedió. Sin duda es demasiado pronto para saberlo con precisión, pero ya es demasiado tarde para poner en marcha este tipo de comité de crisis que se encargue de la comunicación con la ciudadanía.

La gestión de crisis no está centralizada y, como resultado, las versiones se están multiplicando. Esto es muy simbólico. Ante cada crisis tenemos multitud de historias: el asesinato de Rafic Hariri, cien versiones; la crisis de los residuos [en 2015, varias manifestaciones denunciaron la incapacidad del gobierno libanés para tratar la basura acumulada tras el cierre del vertedero más grande del país – nota del editor], un centenar de versiones … Eso dice mucho de la forma como los asuntos públicos se gestionan. Los políticos pueden desresponsabilizarse, tener su propio discurso y, al final, el ciudadano libanés es la única víctima.

¿Caen dentro de este marco de lectura las recientes declaraciones del presidente Michel Aoun, que plantean la posibilidad de que la explosión haya sido provocada por un misil o una bomba?

Exactamente. Es el presidente de la República y su comportamiento ilustra lo que la clase política viene haciendo desde hace años: exonerarse de todas sus responsabilidades.

Frente a esta multitud de versiones, en un país donde nunca tenemos investigaciones que lleguen a termino, todas las hipótesis (ya sea un ataque externo o negligencia) siguen siendo posibles. El problema es que probablemente nunca sepamos la verdad.

Se han suscitado muchas críticas sobre la falta de responsabilidad o incluso la empatía de la clase política libanesa. De nuevo, ¿es esto sorprendente?

No. Porque como los políticos nunca aceptan sus responsabilidades, acusan a otros de ser responsables. Nadie asume sus responsabilidades ni en tiempos de paz, en la gestión diaria de los asuntos públicos ni en tiempos de crisis. Los ciudadanos han perdido la confianza en este estado, en este gobierno, y hoy son los ciudadanos quienes se están haciendo cargo de la respuesta a esta crisis. Hoy, en Beirut, son principalmente voluntarios, ciudadanos, asociaciones civiles quienes limpian las calles y brindan ayuda humanitaria de emergencia.

Lo que sucede dada la escala de la explosión no tiene precedentes, pero en términos de respuesta a la crisis, el comportamiento de los políticos sigue siendo el mismo. Se eximen de todo y los ciudadanos se organizan. La respuesta es muy descentralizada, todos hablan a título individual, por lo que nadie sabe quién es responsable de lo que sucede.

La desconfianza de la ciudadanía es patente desde octubre de 2019 y el inicio de las manifestaciones sin por ello tener una salida política. ¿Podría esta nueva crisis marcar un punto de inflexión?

Es un punto de inflexión en la historia reciente del Líbano, habrá un antes y un después del 4 de agosto, pero es pronto para saber si los grupos independientes, los grupos de la revolución se organizarán y se presentarán como una alternativa seria. Los que están muy organizados, con un programa escrito y claro no han logrado convencer al ciudadano medio. Siempre existe esta distancia entre esa alternativa y la opinión pública.

Sin embargo, es casi seguro que los grupos de la revolución no se presentarán como una alternativa de toma del poder o de transición política. Están muy mal organizados. No lograron ponerse de acuerdo sobre un proyecto común. No existe un diálogo sincero y abierto entre ellos que lleve a un plan de acción con tres o cuatro reivindicaciones prioritarias en torno a un mínimo común denominador.

Por supuesto, todos están en contra de la clase política, en contra de la corrupción, pero eso no es política. Es disensión, protesta. Hacer política significa organizarse, hablar con la gente, tener una visión de la sociedad y también convencer a los ciudadanos de que esa visión es la correcta.

Así, estas iniciativas para limpiar las calles son excelentes, pero ¿pueden organizarse políticamente después? no lo creo.

Durante las elecciones legislativas de mayo de 2018, las listas de la sociedad civil intentaron imponerse, en particular en torno al movimiento Koullouna Watani. ¿Es posible que una transición tome la ruta electoral?

Koullouna Watani es una coalición de varios partidos y activistas independientes. La figura principal de este movimiento, Charbel Nahas, es la que tiene el programa más elaborado, pero no logró convencer a la ciudadanía.

Sólo resultó elegida una diputada, Paula Yacoubian, que dimitió tras la crisis del año pasado. Formó parte de los llamados diputados de la sociedad civil. Es una reconocida periodista que ha dado voz al sistema durante años. Es una celebridad política, tiene un discurso sensacional, pero no hace política. No presenta una visión para un nuevo contrato social entre los libaneses y el estado.

Para representar una alternativa a este sistema, hay que decir lo que se necesita. ¿Todavía queremos un sistema capitalista liberal? ¿Queremos más justicia social? Y ¿cómo reformar este sistema? No existe ese debate. Dicen que toda la clase política es corrupta, que hay que cambiarla, pero no discuten los temas de fondo.

Postularse para un cargo es perfectamente legítimo, pero es una cuestión de poder, no de sociedad. Debemos pensar, ante todo, en un nuevo contrato social.

La abolición del confesionalismo, como inicio de una respuesta política, es un debate que se ha repetido a menudo durante décadas. ¿Es esto parte de la solución?

Todos critican el comunitarismo político, incluso el presidente de la Cámara de Diputados, Nabih Berri, o el presidente de la República, Michel Aoun. Tenemos que ir más allá de la retórica y las consignas, tenemos que hablar de temas sustantivos y esto requiere un espacio público donde se puedan plantear y debatir estas cuestiones. La Cámara de Diputados, el gobierno, las instituciones públicas (todas controladas por la clase política) no pueden abrir este espacio. A falta de tener este debate en estas instituciones públicas, los grupos de la sociedad civil discuten entre ellos.

Estuvo presente durante las protestas del invierno pasado. ¿Cómo ve los debates que tuvieron lugar allí?

Es el momento de hacer una lectura crítica de estas movilizaciones. Se ha dicho que “Todos significan todos” [principal consigna de las manifestaciones iniciadas en octubre – nota del editor]. Eso es genial, este lema es muy importante porque es la solución y el problema.

Por una vez, parte de los libaneses dice que todos los políticos son responsables. Pudieron entender el poder como una entidad. En Egipto, por ejemplo, era más fácil culpar al régimen de Hosni Mubarak. Pero en el Líbano es muy difícil. ¿A quién acusar? ¿a Hezbollah? ¿a Hariri? Con esta consigna, dicen que toda la clase política es responsable de la miseria de la sociedad: la crisis de los residuos, los incendios, la crisis financiera y económica …

El problema es que no nombramos a los responsables. Si le digo a un simpatizante de las fuerzas libanesas, que Samir Geagea es corrupto, dirá que no, que tenemos que atacar a Michel Aoun antes que a Samir Geagea porque es más corrupto.

No se trata solo de criticar a toda la clase política, se trata más bien de organizarse con la sociedad, presentar una visión de esta sociedad y ofrecer una alternativa.

En los últimos días, algunos han hablado de guillotinas y han querido vengarse. Es perfectamente legítimo y comprendo ese sentimiento, pero es poco probable que suceda. Antes de criticar a la clase política, es hora de que estos grupos se critiquen a sí mismos. Nuevamente, estos grupos deben organizarse, unirse, elegir un comité representativo, plantear un programa mínimo y quizás presentar un plan de acción a esta clase política para negociar.

Es una idea muy pragmática que puede resultar ofensiva, pero ¿de qué otra manera podemos hacerlo? Esta clase política es muy violenta, está dispuesta a hacer cualquier cosa para no perder el poder.No le importa la sociedad, hay una ruptura total y con el tiempo la clase política ha creado una gran brecha entre ella y la sociedad. En mi opinión, tenemos que negociar. Tenemos que probar otros medios más pragmáticos, menos idealistas, pero tenemos que hacer mella en este sistema. Ni las elecciones ni las calles tuvieron éxito, tal vez deberían explorarse otros medios.

El momento que atraviesa el Líbano es terrible, la indignación es enorme. ¿Es este un buen momento para este tipo de iniciativas?

Ahora no es el momento adecuado porque una vez más se está reaccionando a una crisis, como la crisis de los residuos o los incendios de octubre. Por otro lado, es un buen momento para organizarse, para consolidarse como una alternativa real, no necesariamente contra el sistema, sino a favor del ciudadano libanés. Debemos convencer al ciudadano libanés, no debemos convencer a la clase política.

Quizás deberíamos plantearnos un plan de acción empezando por presionar a esta clase política para que se lleve a cabo una investigación transparente sobre la explosión y que haya elecciones en uno, dos o tres años. . Si no es así, nos volveremos a encontrar en el circuito de los partidos tradicionales que, pronto, llegarán a llenar el vacío. Porque tienen los medios de comunicación, los recursos para ofrecer ayuda, una sensación de seguridad, incluso a nivel físico, a pesar del acto criminal que ha vivido Beirut.

Allí están todas estas personas que limpian las calles y brindan apoyo a las familias pobres. Están ahí pero no el estado. Los ciudadanos libaneses deben estar convencidos de que serán la base del cambio, que esta organización humanitaria debe convertirse en una oposición política. Ese es el desafío. No es obvio, lleva tiempo.

¿Cómo analiza la visita de Emmanuel Macron a Beirut después de la tragedia y qué significa eso para Francia?

Es una visita muy oportuna porque parece desbloquear las sanciones internacionales que han afectado al Líbano durante los últimos cinco o seis meses. Vuelve a colocar al Líbano en la agenda internacional y tal vez termine con el bloqueo que está experimentando el país con la crisis financiera y económica.

Emmanuel Macron está tratando de no perder influencia en el Líbano después del revés de Francia en Siria. Está intentando afianzarse en Oriente Medio, especialmente en Levante, y Líbano siempre ha sido un territorio prioritario. En la región, la política exterior francesa lo ha perdido todo frente a la hegemonía estadounidense, iraní y turca, las raíces francófonas siempre han sido el trampolín privilegiado de Francia, porque representa una hegemonía cultural y colonial.

Hay libaneses que desaprobaron la visita, tal vez simpatizantes de Hezbolá y de otros grupos. La puesta en escena en la que Emmanuel Macron se presenta a sí mismo como un salvador y da consejos de buen gobierno al personal político al decir que dará ayuda financiera a las ONG y no al gobierno puede haber sido mal recibida.

Emmanuel Macron reunió a los políticos en la Residence des Pins [la actual residencia del embajador francés en Líbano], lo cual es un poco impactante. Parece un nuevo mandato que se afianza a nivel simbólico.

Supongamos que la explosión tuvo lugar en el aeropuerto de Beirut al lado de Dahieh [el suburbio del sur de Beirut, predominantemente chiíta] y el presidente de Irán llega con la misma retórica y la misma puesta en escena. Sería impactante. ¿Por qué sería impactante para un iraní y no para un francés? Este es exactamente el efecto del espíritu colonial. En la imaginación libanesa, para algunos libaneses, es Francia la que protege. Porque Francia es un país que, por cuestiones culturales, nos remite al mandato francés.

¿Qué le pareció la caminata del presidente francés en Beirut?

La visita de Emmanuel Macron tuvo lugar en un barrio cristiano donde la arquitectura es colonial. Este bloque de casas con pubs representa la Beirut europea. La forma de vida es completamente diferente allí que en Dahieh.

En ese barrio, la gente le hablaba en un francés impecable. También dio su rueda de prensa en francés, todos los periodistas presentes le hicieron preguntas en francés, nunca en árabe. La transmisión de esta conferencia fue en francés y no hubo traducción directa al árabe.

Representa los intereses de Francia para preservar un Líbano francófono. No se trata solo de ayuda humanitaria, de reformas. Es el apoyo a un Líbano imaginario que se ve a sí mismo como un Líbano europeo. Por eso, parte de su conferencia de prensa se centró en la cultura y en ayudar a las escuelas y universidades de lengua francesa.

Hace unos meses, la Francia laica ofreció $ 15 millones a las escuelas de habla francesa en el Líbano, que son abrumadoramente cristianas, pero no financió la escuela pública. No se trata solo de la política de Emmanuel Macron, sino de la representación del Líbano en relación con Francia, pero también en relación con Europa.

Para aquellos que sienten nostalgia del mandato francés, cabe señalar que cualquier debilidad en el sector público en el Líbano no nos remite necesariamente a la guerra civil libanesa sino también a la época del mandato francés. Hicieron inversiones muy pobres en el sector público, especialmente en instituciones educativas. Entregaron la educación a los misioneros y todavía se está pagando el precio. Ahora vienen con dinero, no para las escuelas públicas, sino para las escuelas de lengua francesa. Esto crea una división entre los francófonos y los que no hablan francés, y también es una división de clases. Así que decir que Francia está ahí para ayudar a las instituciones públicas libanesas y a los libaneses, eso no me lo creo. No es tan simple. Si hablamos de un estado público, debe estar al servicio de todos los libaneses.

¿Qué opina de la petición pidiendo que el Líbano vuelva a estar bajo mandato francés?

Desesperados, miles de libaneses firmaron una petición pidiendo que Líbano regresara al protectorado francés. Los libaneses están muy cansados ​​de este sistema y tienen razón, la explosión ha tenido un gran impacto. No debemos juzgar su reacción, sino cuestionarla a la luz de una imaginación colonial que creería que el mandato francés beneficia a todos los libaneses.

Se refiere al papel de Francia en el Levante, en Oriente Medio. Necesitan este anclaje para reforzar cierto neocolonialismo, no necesariamente militar sino cultural.

Debido a que parte de los libaneses están muy cansados, añoran el mandato francés. Sin embargo, es un mandato que ha puesto en marcha infraestructuras para servir a la economía francesa y no a la libanesa. Si miramos las infraestructuras de la época, estas son infraestructuras, como la rue de Damas, que servirán a una burguesía financiera mercantil libanesa que trabajó con los franceses y que hizo del Líbano un lugar de capitalismo global al servicio del capital y del capital francés. no de la sociedad libanesa. Tenemos una memoria muy selectiva en relación con este mandato. Además, siempre lo llamamos el “mandato” y nunca pronunciamos la palabra “colonialismo” porque siempre existe esta construcción que afirma una visión cultural del mandato cuando el Líbano estaba bajo el gobierno de los franceses.

Las consecuencias de la visita de Emmanuel Macron podrían ser muy peligrosas porque corre el riesgo de reforzar esta polarización cultural en el Líbano entre los que aman a Francia, “los que aman la vida” y los que aman a Irán, “los que aman la muerte”. Después de 2005 y el asesinato de Rafic Hariri, tuvimos un nuevo discurso muy peligroso en el Líbano que decía: hay dos campos en el Líbano, el 14 de marzo y el 8 de marzo [que se refieren a dos coaliciones políticas libanesas, respectivamente Alianza del 14 de marzo y Alianza del 8 de marzo – nota del editor]. El campo del 8 de marzo ama la muerte y el campo del 14 de marzo está formado por personas que aman la vida, Beirut, los pubs. Pagamos caro este discurso.

Hoy, a pesar de que Emmanuel Macron dice que habla con los libaneses, habla con algunos de ellos, especialmente a través de la escuela y la cultura. No se dirigió a los libaneses a través del estado público. No todos los libaneses hablan francés; no todos los libaneses van a escuelas francófonas, no todos los libaneses van a la embajada para obtener una beca y estudiar en Francia; y no todos los periodistas hablan francés. Emmanuel Macron será en parte responsable de los cismas que nos amenazan en los próximos meses.

Jamil Mouawad es profesor e investigador de la Universidad Americana de Beirut.

Fuente: https://www.mediapart.fr/journal/france/080820/jamil-mouawad-au-liban-les-gens- contestent-protestent-mais-n-ont-aucune-vision-de-l-avenir

Traducción: Enrique García para sinpermido.info


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