Elecciones en Italia: a la derecha a toda vela

Salvatore Palidda

Elecciones en Italia

La campaña para las elecciones al Parlamento del 4 marzo de 2018, ha empezado en Italia con un escenario bien diferente de lo que se podría haber imaginado en 2016, cuando Renzi parecía haberse convertido en el nuevo hombre fuerte del país.

La campaña para las elecciones al Parlamento del 4 de marzo de 2018 ha empezado en Italia con un escenario bastante diferente de lo que se podría haber imaginado en 2016, cuando Renzi parecía haberse convertido en el nuevo hombre fuerte del país.

Su éxito fue bastante efímero, pero creyó que podía hacer cualquier cosa. Había reunido una mayoría parlamentaria, recuperando casi la mitad del partido de Berlusconi, mediante el cual aprobó leyes y medidas financieras, económicas, sociales … que causaron un creciente descontento, especialmente en las propias filas de su electorado.

Aumento de los empleos precarios, semi-precarios y en negro, deterioro de la función pública y especialmente de la educación nacional, la Universidad y la investigación, recortes en los servicios públicos en general y en la salud en particular, aumento del gasto militar y policial, aumento de las ayudas a los bancos y a las empresas, sin repercusiones benéficas para la economía nacional y los trabajadores, aumento de la emigración de los jóvenes italianos más calificados, una serie de escándalos relacionados con asuntos financieros y burócratas nombrados por él, ningún programa de saneamiento y prevención de riesgos por desastres sanitarios, medioambientales y económicos, una economía sumergida por encima del 30% del PNB, neo-esclavitud de los inmigrantes indocumentados y de los italianos sin protección y la alineación abierta con el discurso anti- inmigración.

A todo esto, Renzi añadió la opción suicida de imponer el referéndum para una revisión neoliberal de la constitución nacida de la Resistencia al fascismo y al nazismo. Su derrota en este referéndum fue el comienzo de su caída rápida y cada vez más catastrófica. Con lo cual, una minoría del Partido Democrático (PD), transformado en partido personal, ha acabado por abandonarlo creando un nuevo partido (Liberi e Uguali) con el presidente del Senado, Grasso (famoso líder del grupo de magistrados de Palermo de la lucha contra la mafia), y la presidenta de la Cámara de Diputados, Boldrini (ex dirigente de HCR).

El PD se ha convertido pues en un partido donde casi no hay líderes o parlamentarios procedentes de la izquierda, ni siquiera de la izquierda católica, sino solo las personas menos de izquierda entre los antiguos de la Democracia Cristiana. Obligado a ceder la presidencia del gobierno a Gentiloni, un personaje flojo y de bajo perfil, que precisamente por eso parece apreciado, Renzi ha continuado a jugar el papel de jefe del PD y de la mayoría, provocando también una nueva oposición dirigida por el Ministro de justicia, Orlando.

Los resultados de las últimas elecciones municipales no han hecho más que confirmar la “caída libre” del PD debido a la fuerte abstención de su electorado, lo que ha hecho ganar a la coalición de derechas incluso en regiones y provincias que habían sido feudos de la izquierda. Como si estuviera en una especie de apuesta masoquista, “persiste y firma”; su última operación es realmente suicida: en las listas electorales del partido y sus aliados (es decir, los ex-berlusconianos), Renzi ha impuesto a personajes muy embarazosos. Por ejemplo, el católico de derechas, anti-aborto y anti-divorcio y anti-todos los derechos civiles, Casini, cabeza de lista en Bolonia, descartando al mismo tiempo al senador intelectual católico, célebre por sus batallas en favor de los derechos LGBT, Lo Giudice.

Del mismo modo, ha impuesto candidatos externos en varias provincias, o bien personajes bastante descalificados que han sido ya perdedores en elecciones locales y, sobretodo, que han disgustado a los votantes del PD hasta el punto de empujarlos a no votar (pero votaron contra la consigna de Renzi durante el referéndum). Por lo tanto, como cabría esperar, las encuestas insisten en predecir la abstención en primer lugar (más del 37%): es probable que un buen número de ex votantes del PD no voten o bien voten por los ex PD o por una lista de la “izquierda de la izquierda”, o incluso a la derecha por venganza. La caída del PD y su coalición continúa mientras que aumentan las intenciones de voto a favor del M5S y algo menos, de la coalición de derechas (ver más adelante).

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¡Viento a favor para los racistas y los fascistas!

En el escenario esbozado anteriormente hay que destacar que Renzi, el ministro del Interior Minniti y otros del gobierno no han cesado de hacer promesas a la derecha e incluso a los racistas y fascistas (se podría decir que hicieron tanto como Manuel Valls en su carrera por adelantar a Sarkozy). En resumen, desde el punto de vista de los medios, la derecha ha triunfado: desde la antigua izquierda hasta la extrema derecha, el discurso contra los migrantes se ha vuelto dominante (Renzi ha dicho: “hay que ayudarlos en sus países”, lo mismo que dice desde hace tiempo el líder racista de la Liga del Norte); del mismo modo, el discurso y el “paquete de seguridad” para el decoro, la moral, el orden, incluso la tolerancia cero, relanzados por Minniti ha obtenido el aplauso de los militantes del pequeño partido de extrema derecha con el que se ha reunido con ocasión de la fiesta anual en su sede; ha expresado abiertamente su deseo de tenerlo como primer ministro del interior ideal en un gobierno de derechas. Pero, probablemente, Minniti busca este consenso para labrar el terreno para presentarse como candidato a jefe de gobierno de una gran coalición ex-izquierda y derechas .

Oliendo el giro favorable, el viejo Berlusconi ha resucitado rápidamente; aunque su partido haya llegado al punto de caer por debajo de la Liga del Norte, ha logrado imponerse de nuevo como el líder de la coalición de derechas en las próximas elecciones del 4 de marzo, con un discurso bastante racista: “Ya no tenemos seguridad en Italia. Cada veinte segundos tenemos un crimen, cada 4 minutos un robo en una tienda y cada dos días tres robos bancarios. Esto porque a la criminalidad italiana se le ha sumado la criminalidad de 476,000 inmigrantes que tienen que recurrir a la delincuencia para comer.” Aunque una parte de la prensa moderada y los medios de comunicación católicos han demostrado que estos datos son totalmente falsos, con este discurso se ha ganado un buen incremento de la intención de voto para su partido y, por tanto, la reconquista cierta del liderazgo de la coalición de derechas. Para no ser superado, el candidato de la Liga Norte para el gobierno de Lombardía (la región más importante del país) no ha dudado en decir en la radio: “Nosotros, la raza blanca, estamos seriamente amenazados por la inmigración” y ha prometido expulsar de su región, en el mismo momento de ser elegido, a cien mil inmigrantes.

Cabe señalar, entre otras cosas, que en las filas de las derechas italianas, los nazi-fascistas han ganado cada vez más espacio; se trata de pequeños grupúsculos (en particular, Casa Pound), que disponen ahora de fondos y apoyos suficientes para presentar candidatos en las elecciones de casi todas las regiones, organizar un proselitismo a veces eficaz (como llevar alimentos e incluso dinero a familias pobres italianas, atraer estudiantes muy jóvenes a través del rock y el discurso “basta con la derecha y la izquierda del pasado” y infiltrarse cada vez más entre los gamberros de varios clubes de fútbol). Se sabe que este grupo, al igual que otros, recibe fondos de algunas familias mafiosas, de algunos empresarios (entre los cuales, parece ser que los propietarios de contenedores que, según algunos, también podrían estar vinculados al tráfico de armas y el reclutamiento de contratistas).

La difusión de los grupos nazi-fascistas ha suscitado una gran preocupación entre los antifascistas, que en Italia son todavía lo suficientemente numerosos y que atribuyen la responsabilidad de este fenómeno no sólo a los años de Berlusconi en el poder, sino también a Renzi, que ha seguido el mismo camino, lo que le ha permitido recuperar casi la mitad del partido de Berlusconi.

Hay que tener en cuenta también que en las últimas elecciones locales esta extrema derecha logró ganar unos pocos diputados y dio un apoyo significativo a la victoria de la coalición de derechas (sobretodo en Liguria). De hecho, ahora ya no hay muchas diferencias entre las derechas, alineadas todas ellas en el discurso fascista y fascisante, que se ha vuelto omnipresente y penetra fácilmente tanto en las filas de los católicos (contra el Papa) como entre los votantes de izquierdas y entre los del M5S, algunos de cuyos líderes se declaran abiertamente en contra de la inmigración.

Por su parte, el M5S, que las encuestas dan como primer partido (ver abajo), parece buscar darse una apariencia de partido creíble para gobernar. En los últimos meses, las meteduras de pata, los cambios de rumbo y la neblina o falta de transparencia de este partido han sido frecuentes; entre otras cosas, ya no se sabe que es lo que cuece su líder carismático, el cómico Grillo, que parece dejar de lado el poder absoluto de padre-padrone que ha jugado desde el principio.

Sin embargo, este partido de torpes, novatos de la política y ambiguos oscilando continuamente entre el discurso de derechas y algo que quiere capturar el consenso de los ecologistas, los pacifistas y los decepcionados de la izquierda, continúa manteniendo e incluso aumenta las intenciones de voto a su favor. Esto puede parecer extraño, pero probablemente se debe a que hay muchos votantes que están hiper-disgustados tanto con la ex -izquierda como con las derechas y juegan a la apuesta “dadaísta” de lo desconocido, o incluso del desastre, soñando con la muerte de todo este mundo político – ya que muchas personas piensan que en la historia de la Italia republicana, el país ha funcionado casi mejor cuando los gobiernos estaban en crisis permanente o dimitían cada año, si no cada seis meses.

En cualquier caso, parece muy poco probable que el M5S pueda llegar al gobierno; derechas y ex-izquierda van a hacer lo que sea para que esto no suceda, en primer lugar porque no quieren compartir los privilegios del poder con estos advenedizos que podrían ser peores que los de la Liga Norte y los llegados al poder con Berlusconi. Los ex -advenedizos de la coalición de Renzi y de la de Berlusconi son muy conscientes de lo que hacen las personas como ellos cuando consiguen las llaves del gobierno; así que nada de compartir con los nuevos hambrientos de poder. En cuanto a Grillo, no está excluido que tome distancias con su criatura, temiendo que se estrelle y buscando mientras tanto una posible salida de emergencia.

Según la encuesta de 26 de enero 2018, el M5S obtiene 28-29% de los votos, Forza Italia (Berlusconi) asciende a 16-17%, la Liga Norte a 13%, Il Canto degli Italiani a 5,5%, otras derechas a 2,2 (total derechas casi 37%), el PD cae a 22,7% y la coalición vinculada al PD a 28%, Liberi e Uguali (ex – PD) se sitúa en el 6,4; otras izquierdas (Potere al Popolo) 0,4; otros partidos (la mayoría de derechas) a 0.6%. Si los resultados confirman estas estimaciones, es evidente que no habrá ninguna mayoría y entonces, mucho más allá del discurso de la campaña electoral, se puede suponer que Berlusconi y Renzi intentarán nuevamente una especie de “gran coalición” a la italiana (que ambos han dejado entender, aunque al acercarse el 4 de marzo van a decir lo contrario, como ha dicho por su parte Gentiloni, que, por cierto, es cortejado por Berlusconi más que por Renzi). Pero nada excluye que el PD pierda sus consensos y que sus ex (Liberi e Uguali) ganen hasta el punto de pedir la cabeza de Renzi y dar su apoyo a un gobierno de la ex –izquierda, amenazando también con intentar una entente táctica con el M5S. Por otra parte, nada excluye que después de las elecciones el M5S pase a la política de polítiqueo más desilusionante y que pueda llegar a acuerdos tácticos con la Liga Norte. Mientras tanto, Berlusconi ha modificado la dirección de su campaña señalando al M55 como el enemigo número uno (véase más arriba).

Como subraya Alfio Mastropaolo, uno de los pocos lúcidos polítologos italianos, “es al mismo tiempo una tragedia y una comedia. La tragedia es terrible, la comedia es miserable, pero está encontrando su audiencia y podría convertirse en una segunda tragedia. La primera es la de los migrantes. La segunda es la que juega el PD por elección de Renzi y también del ministro Minniti con sus supuestas habilidades parando brutalmente la inmigración (a través de acuerdos asquerosos con bandas criminales de Libia). Como dice Mastropaolo, este es el fascismo del nuevo Milenio. Mientras tanto todos los graves problemas del país se ignoran, continúa la distracción de masa electoral, las víctimas de los desastres sanitarios, ambientales y económicos seguirán sin tener ninguna protección.

Salvatore Palidda Profesor de sociología en la Universidad de Génova, Italia.

Fuente: https://blogs.mediapart.fr/salvatore-palidda/blog/290118/elections-en-italie-droite-toute
Traducción: Anna Maria Garriga Tarré para sinpermiso.info


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