El verdadero reto de Alvarado aún no empieza

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Vértice

Lafitte Fernández

Lafitte Fernández

Carlos Alvarado lo hizo bien, por lo menos al principio de esta crisis. Para salvar vidas apagó el motor del avión que comanda. Si yo hubiese sido el piloto de esa aeronave, habría hecho lo mismo. Las vidas están por encima de todo.

Desde entonces el avión con su economía apagada apenas planea. Sus alas revolotean y el motor no hace ruidos. Ese ha sido, hasta ahora, el costo de sobrevivir.

Pero el problema de Alvarado no fue apagar el motor de nuestra nave mientras otros países se venían de pique y enloquecían contando los muertos. El auténtico reto de Alvarado será encender de nuevo el avión y lograr que la economía alce vuelo de nuevo. Si no logra esto, aunque hubiese salvado miles de vidas, su trabajo como gobernante no estará completo.

Pongo un ejemplo. La industria turística quedó, literalmente, paralizada. Más de 200 mil empleos están en riesgo: desde el vendedor de Paty de Limón, hasta el gerente del hotel más lujoso del país.

Cuando la crisis de salud pase, no se tratará de pedirle a los hoteles que reabran y vendan gallo pinto, o emparedados de queso Turrialba, para volver a sus economías. El reto es mucho mayor que eso.

Entiendo que el gobernante escogió el camino de salvar vidas. Su alcance en el campo de salud es notable. También en el de su equipo de salud pública.

Pero Carlos Alvarado debería tener a los miembros estrellas de su gabinete, bajo un solo equipo, construyendo cada una de las medidas que le permitirán, encender de nuevo el avión.

Una idea similar usé con un amigo del presidente salvadoreño Nayib Bukele. El gobernante usó su ojo de águila para tomar medidas antes que cualquier gobernante latinoamericano para combatir la crisis de salud.

Cerró aeropuertos, ordenó una cuarentena en sus hogares a la gente, cerró fronteras y tomó otras medidas antes que cualquiera. Parecía que tenía una vara mágica construida con el mayor pensamiento médico científico del planeta.

Le llamaron loco, dictador, impulsivo pero luego le calló la boca a todos. Hasta decidió dejar fuera de su país al menos a cuatro millones de salvadoreños que viven fuera de su país, cuando cerró los aeropuertos. Así de fuerte puso su puño.

Pero Bukele, al igual que Carlos Alvarado, botarán todo su capital político si, antes de pegar contra el suelo, no logran encender el motor de sus aviones, de sus economías. Si no consiguen eso, la gente no se morirá de virus y alta temperatura sino de hambre. Así se sencillo.Unamuno decía que jamás el pasado debe ser el tirano de tu porvenir. Esta vez, sin embargo, si no se hacen las cosas bien, si seremos rehenes del pasado.

Costa Rica debe estar discutiendo, desde ahora, las ideas para encender de nuevo el motor del avión. Para que algo cambie, deben cambiar de nuevo las ideas. Y el reto, esta vez, es encontrar ideas cuando todo el planeta anda buscando las suyas. La rebatiña será infernal. No olvidemos que algunos intentarán la imposición la hipócrita de la ley del más fuerte.

Alvarado deberá, posiblemente, alinear de nuevo el poder legislativo y judicial como los mejores mecánicos para encender el motor. En fin, deberá mostrarse como un auténtico estadista: no como un gerente del poder. En esto, Bukele le lleva mucha distancia a Alvarado.

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