El valor del tiempo

Parehara

Oscar B. LLanes Torres

Oscar B. Llanes

En este momento de gran movilidad, de agitación permanente, de escaso paro, escasa pausa, el cotidiano se ha vuelto galopante suceso de incidentes y suceso de ninguna posibilidad de detener y manejar, el amanecer para muchos es, tormentosos vaivenes y acontecimientos, entre previstos y de sorpresas, este servidor ocupa su mañana con un ritual de agradables instantes que habiendo ocupado su tiempo en forma, hoy se disfruta con simplicidad que es un verdadero festival que se manifiesta con cantos de pájaros, que se reúnen en alboroto cubriendo con sus melodías la bella ovenia y el lapacho que no es su tiempo de florecer, altivas, serenas, cobija al visitante habitual y al que busca descanso, sombra maravillosa, desde el amplio ventanal se observa el maravilloso juego de la naturaleza, su expresión de vida y su tiempo que se suma a la historia de cada miembro de la familia, en el tiempo de cada quien y el valor de pensamientos que fluyen y permanecen en el insondable silencio.

El tiempo que ocupamos en nuestras tareas laborales, el tiempo que se presenta ante un amigo, un colega, un hermano, un pariente, un tiempo de afectos y complicidades, tiempo de intercambios de voluntades y sueños compartidos y otros tiempos de inmensas soledades, el tiempo de construir y preparar cimientos, que soporte los embates de la vida, los ciclones y nubarrones que nos golpean y enseñan, que el buen cimiento se mantiene firme ante las adversidades porque es hecho de valores y materiales de primer orden, que gracias a ellos el edificio vida se yergue fuerte capaz de soportar todas las inclemencias que se presentan.

Se ve el tiempo pasar, se suceden los días donde se prueban fortalezas y debilidades, el curso del tiempo es inexorable, nada en el está escrito, todo se sucede en la debida época y en el ritmo adecuado, el tiempo tiene su tiempo, es cuestión de utilizarlos con inteligencia, con sabiduría, no necesita de empujones llega a la hora marcada, cada ser tiene su propio tiempo que ocupa adecuadamente y otros seres que desperdician su precioso tiempo en frivolidades que son transitorias y no dejan huellas, otros le dan el espacio cierto, las interrupciones que la propia existencia marca, el tiempo es el único marco de la vida que no para, ella según cada quien tiene su propia velocidad, es lenta o acelerada, su corrida diaria tiene la magia y el encanto como se encara, como se enfrenta, como se recibe, con goce o en profunda tristeza, el tiempo nos toma de la mano y nos conduce por el camino de como lo anhelamos, con barreras o entre jardines, carreteras con baches o bien planas y bien cuidadas, marca la salida y la llegada, las paradas y el recorrido, existen épocas en la existencia de cada uno que se desarrolla conforme le indica el destino, los reveses, el tiempo de alegría que quisiéramos suspenda su curso, inventaron máquinas para para perpetuar el instante, los retratos, las instantáneas encuadradas en blanco y negro y otros más modernos en colores, allí el tiempo dio su pausa hasta el infinito, registra rostros y posturas, edades y momentos que disfrutamos en aquel instante, geografías que quien sabe se volverá a ver, acontecimientos personales que perduran en el alma, su tiempo es aquel que está en el lugar propicio.

El tiempo, es el tiempo de cada quien, el que marca la fragilidad y la vulnerabilidad, pero también es el que indica el aprovechamiento especial que se ha dado al esfuerzo, a la tenacidad, a la perseverancia al buen aprovechamiento del tiempo como decían nuestros padres en un pasado no muy lejano.

LAMBARE, PARAGUAY

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Diplomático (J) y Profesor Universitario Paraguayo.


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