El tráfico de especies silvestres alienta las pandemias

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Por Corresponsal de IPS

El pangolín, endémico de Asia, estuvo entre las hipótesis como posible transmisor a humanos del coronavirus que desató la pandemia covid-19. La explotación y el tráfico de especies de vida silvestre facilitan el desarrollo de enfermedades infecciosas. Foto: The Tikki Hywood Foundation

VIENA, 10 jul 2020 (IPS) – La explotación y tráfico ilegal de especies silvestres protegidas, de flora y fauna, alienta las pandemias y para detenerlas hace falta una fuerte cooperación internacional, afirmó un informe de la Oficina de las Naciones Unidas para la Droga y el Delito (ONUDD).

Por añadidura, la pandemia covid-19 “parece estar siendo aprovechada por los delincuentes para promover la caza ilegal y ofrecer curas a la enfermedad hechas con productos animales”, indicó el informe difundido este viernes 10 desde su sede en esta capital austriaca.

Elefantes, rinocerontes, pangolines, felinos, reptiles, peces, pájaros y madera de árboles protegidos continúan siendo traficados masivamente alrededor del mundo con un potencial impacto en la salud humana, según la ONUDD, también conocida por UNODC, su sigla en inglés.

“La explotación descuidada de la naturaleza por parte de los humanos ha llevado a una pérdida de biodiversidad sin precedentes y a una crisis climática que empeora. También es una amenaza para la salud humana, como lo destaca la pandemia de covid-19”: Ghada Waly.

En los 20 años entre 1998 y 2018 se produjeron unas 200 000 incautaciones internacionales, de unas 6000 especies, pero la ONUDD estima que miles más no han podido detenerse y además sus cuentas no incluyen la caza furtiva.

El estudio destaca que la actual pandemia y sus intensas consecuencias sobre la vida humana y la economía ilustran el impacto global de las enfermedades zoonóticas, para las cuales el comercio legal e ilegal de vida silvestre es un vector importante.

Las interacciones de animal a humano, cada vez más frecuentes, incrementan la probabilidad de transmisión de patógenos entre ambas especies, y la vida silvestre conseguida de manera ilegal está al margen de cualquier control sanitario y expone a los humanos a la transmisión de nuevos virus.

Ghada Waly, directora de la ONUDD, recalcó que “la explotación descuidada de la naturaleza por parte de los humanos ha llevado a una pérdida de biodiversidad sin precedentes y a una crisis climática que empeora. También es una amenaza para la salud humana, como lo destaca la pandemia de covid-19”.

Sin interferencia humana a través de la captura, sacrificio, venta, tráfico, comercio y consumo de vida silvestre, la evolución y transmisión del coronavirus que causa la covid habría sido altamente improbable, según el informe.

De los 1400 microbios conocidos que causan infecciones en los humanos, 60 por ciento se originan en animales, según un estudio del Instituto Internacional de Investigaciones Pecuarias y el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (Pnuma).

Ya antes de que apareciese la covid, las enfermedades zoonóticas , “estrechamente relacionadas con la pobreza y la desigualdad” según el Pnuma, causaban la muerte de dos millones de personas cada año, principalmente en los países en desarrollo.

También, de acuerdo con el informe de la ONUDD, las regiones tropicales y subtropicales de los países del Sur son las más afectadas por la explotación y tráfico de especies relevantes de vida silvestre.

Es el caso de elefantes y rinocerontes de Asia y África, pangolines (género Manis) en Asia, serpientes como las pitones (Pythonidae), y gran variedad de felinos, monos, peces, aves, tortugas y corales.

En la flora, la ONUDD destaca el caso de las maderas de árboles protegidos, como las del tipo palo de rosa, entre ellas la Dalbergia marítima de Madagascar, la Aspidosperma polyneuron de Argentina, Brasil y Paraguay, la jacarandá (Dalbergia nigra) brasileña y el Palosanto de India (Dalbergia latifolia).

El tráfico de vida silvestre es tan variado, que ninguna especie representa más del cinco por ciento de las incautaciones ni hay un solo país que sea fuente de más de nueve por ciento de los envíos capturados. Los sospechosos detenidos por estas prácticas pertenecen a 150 nacionalidades diferentes, según las cifras de la ONUDD.

El informe recuerda que los delitos contra la vida silvestre son graves y ningún país es inmune a estos crímenes que afectan la biodiversidad, la salud humana, la seguridad nacional, el desarrollo socioeconómico, y les llenan los bolsillos a los delincuentes.

“Cada país puede ser una fuente, tránsito o destino, y debe abordar estos crímenes mediante la interrupción y la disuasión”, lo que requiere fortalecer la legislación y las medidas judiciales, así como los medios de vida de quienes se ven compelidos a estas prácticas, postuló finalmente el informe.

A-E/HM


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