El rumbo del país…

…¿Y usted qué opina?

Fernando Berrocal

Fernando Berrocal Soto

No me gusta el rumbo que lleva el país. La política económica del actual gobierno es de rancia inspiración neoliberal. Igual o peor que en los últimos 20 años y cada día hay más distancia entre los sectores de altos ingresos y los de ingresos medios, en un país con 300 mil desocupados y 1,5 millones de personas en condiciones de pobreza.

Lo dicen todos los indicadores. No me gusta que el PLN, el PUSC y el PAC, en la realidad de los hechos y en el juicio de la gente, sean casi lo mismo y que hayan perdido sus identidades y sus signos históricos, ideológicos y programáticos diferenciadores. Tampoco me gusta que los dos partidos cristianos vivan en una contrapuesta guerra santa.

Esta antihistórica homogenización de los partidos políticos no es buena para nuestro sistema democrático. La vida en libertad y la esencia de las ideas republicanas es diferenciación y contraposición de tesis, ideas y propuestas.

Vivimos en un país abochornado y herido por los enormes casos de corrupción de los últimos años en los tres Poderes de la República, lo que ha generado en la ciudadanía una desconfianza legítima hacia los políticos y los partidos políticos, incluyendo a los Magistrados y al Poder Judicial. Esto es gravísimo.

Por más que la torta sea heredada, medio arreglar la situación fiscal no es suficiente, como cree y proclama el Presidente Alvarado. Eso no es suficiente.

Hasta la Contraloría ha señalado que la así llamada reforma fiscal del 2018 fue tan solo una pequeña curita y que se requiere, con urgencia, cambios estructurales y de fondo. Esa es la responsabilidad del gobierno y la oposición.

Se requiere la reforma del Estado Costarricense y dejar de despedazar y enterrar, sin hacer nada constructivo y coherente, el Estado Social de Derecho y la sociedad de oportunidades que nos distinguía en América Latina.

Todavía en una época reciente, los partidos políticos democráticos eran socialdemócratas, socialcristianos, liberales o conservadores. La confrontación de liderazgos, ideas y propuestas era el signo diferenciador de sus distintas banderas partidarias. Ahora todos creen y practican una economía neoliberal y sus más altos dirigentes hablan un único lenguaje: el de sus alianzas de poder por el poder y la repartición de cargos públicos bien remunerados.

No me gusta esta homogenización política. Hay que regresar a las políticas desarrollistas y keynesianas que nos hicieron crecer económicamente, diversificar la estructura productiva privada y abrirnos a los mercados internacionales, fortaleciendo los sectores de ingresos medios e implementando, a la vez, la construcción de vivienda social y efectivas acciones reales contra la pobreza. Ese es el camino correcto.

Esa otra Costa Rica rompía plaza en América Latina. La de ahora no. ¿Qué falta le están haciendo al país aquellas ideas fuerza transformadoras y progresistas? ¿Qué falta le esta haciendo al país un liderazgo inspirador que asuma esas ideas y que, con capacidad, experiencia y determinación, las convierta en realidad y provoque un auténtico y real cambio de paradigmas?

¡Cuidemos nuestra democracia! ¡Volvamos al desarrollo integral de Costa Rica!

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