El reconocimiento

De José Calvo

José Calvo

José Calvo

A la mayoría de las personas meritorias se les reconoce su mérito post mortem; a algunas no se les reconoce nunca. Estoy pensando en Harry Hopkins, asesor de Franklin D. Roosvelt, a quien su patrón no se lo reconoció, pero que en cambio tuvo el pleno reconocimiento de Churchill, de Stalín, y de Truman.

Harry Hopkins aconsejó a Roosvelt meter al país en la guerra como aliado de Inglaterra, fue a la Unión Soviética varias veces, ya gravemente enfermo, para hacer entrar en razón al dictador purgador: las últimas veces cuando ya estaba Truman de presidente. Y perdió el favor de Roosvelt quién sabe por qué; tal vez porque Harry no quiso viajar con él del Mediterráneo a Washington.

Cuando un periodista le dijo a Truman que a Harry se le hizo un reconocimiento póstumo, este le contestó: “para lo que vale entonces”.

Es un hecho que los seres humanos somos reacios a dar reconocimiento a los demás, mientras que lo reclamamos para nosotros. Y también es un hecho que esa resistencia desaparece con la muerte, cuando el reconocimiento ya no nos sirve para nada.

Las sociedades pequeñas son más dadas a no reconocer el mérito ajeno; quizá porque en ellas es más difícil abrirse paso: hay menos campo para mucha gente talentosa. Por eso es que vemos cómo el talento de Yolanda Oreamuno, Chabela Vargas, o José León Sánchez tuvieron que ser reconocidos en México cuando no tenían ningún chance en Costa Rica.

La expresión “bajar piso” es tica, y nadie inventa palabras más adecuadas para describirse que quien padece el mal. O el bien, puesto que “pelotero” también es expresión tica, y en una instancia en que significa buen samaritanismo.

Entre nosotros se menosprecia al extranjero de un país políticamente incorrecto, (así como se aprecia demasiado al de uno correcto), al que es muy gordo o muy flaco, o muy pequeño; el diminutivo es común, y al que es talentoso: se le “baja el piso”; que es una expresión tica: los pueblos inventan expresiones para describirse.

Los sicólogos dicen que no hay peor castigo que el aislamiento: lo que se usaba en la Unión Soviética en las purgas. Y lo mismo dice Erick Berne en el Análisis Transaccional: los monitos Rhesus con madres postizas que acarician a su hijos, se crían mejor que los monitos de las que solo les dan leche.

Si a usted le resiente la falta de reconocimiento, mejor piense en que así es nuestra sociedad y que en cambio tiene otros méritos.

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