¡El pueblo al poder! una promesa con sabor a estafa

Alvaro Campos Solis
campos.solis.alvaro@gmail.com

Álvaro Campos Solís

El título que encabeza este artículo de opinión suena a slogan barato, de esos que desde siempre han utilizado los partidos populistas, tanto de izquierda como de derecha, para convencer a votantes ingenuos.

Esa oferta se convirtió repetidamente en promesa con sabor a estafa. Con esa promesa electoral y la ilusión de una vida mejor, políticos de todos los colores se hicieron con el poder del pueblo. El resultado: partieron al país en dos: un reducido sector disfruta de las mieles del capitalismo, mientras que el otro sector integrado por la inmensa mayoría de la población sobrevive en una especie de socialismo del siglo XXI. Lo más grosero de la ecuación es que la mayoría pobre paga los privilegios de la minoría rica.

El pueblo al poder es un anhelo y debe significar, en esencia, recuperar la majestad de las instituciones, tan venidas a menos como son los tres poderes del Estado. También significa el derecho que le asiste a todo ciudadano a recibir atención, como la merece, en clínicas y hospitales del Seguro Social, a transitar libremente por las carreteras nacionales sin el inconveniente de los bloqueos, y que niños y jóvenes puedan asistir a escuelas y colegios con la garantía de que allí van a encontrar calificados maestros y profesores. Urge superar la etapa en que vivimos en que la educación formal está reservada para quienes asisten a centros de enseñanza privados, en tanto que la educación publica esta secuestrada por los sindicatos.

La concreción de ese se anhelo vendría demostrar que este país es nuestro y por lo tanto ni médicos, ni educadores ni taxistas representan al pueblo de Costa rica, aunque hablen en su nombre, protesten y bloqueen carreteras. También vendría a demostrar que los recursos contemplados en el presupuesto no son bienes de difunto como para que se los repartan la élite de la burocracia pública.

En ese sentido, cómo se explica que las nomenclaturas de los bancos estatales perciban salarios de seis, ocho y hasta 10 millones de colones por mes, cuando todos sabemos que habitamos un mundo globalizado y que en materia financiera naciones como Costa Rica son apenas cajas de resonancia, pues todo lo que resuelve la Reserva Federal de los Estados Unidos aquí llega encapsulado y con la orden tácita de “ejecútese”. En realidad, su capacidad de maniobra es mínima. Pese a tales limitaciones en nuestro nuestro país los gerentes de bancos estatales cobran como si administraran Fort Knox. Por contraste, el ex-Presidente Figueres definía a Costa Rica como “una finquita”.

Mención aparte merece lo que ocurre con los salarios que perciben rectores y profesores de las cuatro universidades del Estado, otro espinoso tema vedado al común de los mortales, pues los jerarcas invocan la autonomía de las instituciones de educación superior.

Sin embargo, no todo está perdido. El pueblo tiene a mano la posibilidad de recuperar el poder que desde hace muchos años ha depositado en manos equivocadas. Para alcanzar ese propósito es fundamental identificar a los hombres y mujeres que periódicamente aparecen vestidos de genios o con actitudes mesiánicas, pidiendo el voto “para que usted viva mejor”.
Por supuesto que en una población de 3.5millones de habitantes mayores de edad tiene que haber gente honrada y con carisma, además de capacidad administrativa y carácter para imponer el orden, pues a como están las cosas actualmente mientras unos oran y claman a Dios, otros apelan a la crítica y hasta la maldición.

Periodista


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