El próximo presidente

Fernando Berrocal

Fernando Berrocal Soto

La persona que elijamos presidente de la República, con nuestro voto en las urnas, será el líder nacional cuando Costa Rica celebre los 200 años de su Independencia Nacional, en el año 2021.Solo eso es un extraordinario honor.

Pero además, deberá liderar al país en una etapa de su historia en que el cambio y las reformas son fundamentales o Costa Rica llegará al Bicentenario en medio del estancamiento económico y social, con unas instituciones públicas abusadas por los excesos y que se volvieron obsoletas y, lo más peligroso, sin superar una crisis ciudadana de desconfianza generalizada en la política, lo cual es muy grave para la plena vigencia del sistema democrático, en que hemos fundamentado 200 años de vida soberana e independiente.

Los partidos, como factor de afinidad por razones de pensamiento y visión del país o razones familiares, están en crisis. Las cúpulas con poder real son responsables de grandes errores y de alianzas, complacencias y ambiciones sin límite, que los han descalificado ante sus electores y el pueblo. Hay candidatos que van y vienen y se cambian de camiseta y de colores, como si nada. Esto ha generado migraciones de uno para otro lado y en todas direcciones, eliminado fronteras políticas y banderas históricas que definían, en el pasado, las elecciones nacionales. Ahora no es así. Esa es la nueva realidad política.

Esta vez los costarricenses vamos a votar a favor o en contra de personas.

Algunos, como es mi caso, seguimos defendiendo la necesidad, en un sistema democrático, de vigorosos partidos políticos que sean centros vivos de pensamiento y acción política y electoral, para ganar elecciones y gobernar bien al país. Pero esa visión de la política ha sido superada y los partidos han terminado controlados por pequeños grupos de poder y por alianzas que anteponen sus propios intereses políticos y económicos, a los del país y el bien común. Esto es un gran retroceso cívico.

De todo eso se ha dado cuenta el pueblo que pide un verdadero cambio.

La meta tiene que ser llegar a las celebraciones del 2021 viviendo en un país mucho mejor, en que no exista impunidad para los corruptos; concretadas las reformas constitucionales y legales que necesita con urgencia el Estado y sus instituciones y aplicando soluciones integrales, eficaces y contundentes contra la criminalidad organizada y el narcotráfico; en marcha con un visionario plan de construcción y reconstrucción de la infraestructura nacional; con más libertad económica y políticas innovadoras que generen alianzas estratégicas entre el sector público y el sector productivo privado para crecer al 7% del PIB.

Por eso estas elecciones, en muchos sentidos y más allá de la crisis de los partidos políticos, son cruciales para el país y su futuro. Son importantísimas.

Tenemos que votar a conciencia por el candidato que pueda, con su liderazgo e ideas, generar convergencias, congregar un buen equipo de trabajo y hacer el verdadero cambio y la diferencia que tanto está necesitando Costa Rica.

No dejemos de votar. No dejemos de ver los debates. Votemos por el mejor.

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