El presidente Biden rechaza empeorar nuestra crisis climática

Por Stephen Leahy

IPS
Las contaminantes arenas bituminosas de Alberta, en Canadá, ya no contarán con un oleoducto para llevar su producción hasta las costas de Texas, en Estados Unidos. Foto: Dru Oja Jay/ CC 2.0

WOOD BUFFALO, Canadá, 25 ene 2021 (IPS) – No iba a parar por el autobús escolar atascado en el barro en las afueras de Fort McMurray, en Alberta, en el corazón de la industria de las arenas bituminosas de Canadá, pero mis hijos insistieron. Había estado lloviendo la mayor parte de la semana y el césped estaba empapado y resbaladizo.

Nos detuvimos, nos bajamos y miramos el autobús de 12 toneladas que giraba inútilmente y se hundía más en el barro. Alguien hizo que el conductor se detuviera, básicamente diciendo que estaba empeorando un problema grave.

Nadie tenía un vehículo lo suficientemente grande como para remolcar o empujar el autobús que probablemente también se habría atascado. Vinieron algunas otras personas y, colectivamente, se nos ocurrieron ideas.

Pensé que era una tarea imposible para un puñado de personas que apenas podían pararse en el lodo. Unas cuantas pruebas, algunas tablas de madera y un alegre rebote hacia arriba y hacia abajo dentro de la parte trasera del autobús produjeron el inesperado resultado de liberar el vehículo.

Me sorprendió que lo hubiéramos hecho y mis propios sentimientos de intensa satisfacción por lo que los extraños habíamos logrado colectivamente. Al no empeorar un problema grave, descubrimos una manera de resolverlo juntos.

Keystone XL habría agregado 110 millones de toneladas de CO2

La cancelación definitiva del oleoducto Keystone XL (KXL) por parte del presidente estadounidense Joe Biden, es un ejemplo de cómo no empeorar un problema realmente grave.

Es necesario recordar que el KXL habría agregado hasta 110 millones de toneladas de CO2 que calienta el clima en la atmósfera cada año durante al menos 50 años, según informó un estudio en la revista Nature Climate Change en 2014.

Eso representa un nivel de emisiones del tamaño de un país lo suficiente grande como para ponerlo en la lista de los 35 países más contaminantes de carbono del mundo, como escribí en aquel momento.

Supe por primera vez del KXL hace más de 10 años y terminé escribiendo una docena de artículos al respecto, incluido cómo las agencias de espionaje de Canadá estaban monitoreando a los manifestantes contra el KXL como posibles amenazas a la seguridad nacional.

La tubería de 36 pulgadas de diámetro estaba destinada a bombear 830 000 barriles de betún por día desde las arenas bituminosas de Alberta hasta la costa del golfo de Estados Unidos (en Texas) para su refinación.

TransCanada Pipelines, con sede en Calgary, ahora rebautizada como TC Energy, originalmente afirmó que la tubería era necesaria para la seguridad energética de Estados Unidos, pero los ambientalistas replicaron que se convertiría en diesel y se exportaría a Europa.

Se trataría de una interesante necesidad, cuando se sabe que hoy en día Estados Unidos no necesita el petróleo y Europa no quiere diesel sucio. De hecho, Europa compró casi 1,4 millones de vehículos eléctricos en 2020, más que cualquier otro región del mundo.

Aquí es donde las cosas se pusieron interesantes en 2020.

TC Energy comenzó la construcción del gasoducto en Alberta después de que el gobierno provincial de Jason Kenney acordara en marzo de 2020 financiar el primer año de construcción con una inversión de 1500 millones canadienses (1176 dólares estadounidenses).

Kenney también garantizó préstamos por valor de 6000 millones de dólares canadienses (4706 dólares estadounidenses), todo como parte de un esfuerzo por reactivar la parte norte del proyecto antes de las elecciones presidenciales de noviembre en Estados Unidos. El verano boreal pasado se construyeron unos 90 kilómetros de oleoductos en Alberta.

Ya antes, en 2012, el KXL se dividió en dos proyectos con un tramo sur desde Cushing, Oklahoma, en Estados Unidos, hasta la costa del golfo y el tramo norte desde Hardisty, Alberta hasta Steele City, en Nebraska. La construcción de gran parte del tramo sur se completó en 2014.

Como se esperaba, el día de la investidura, el 20 de enero, el presidente Biden firmó una orden ejecutiva que anula los permisos de KXL. Espere que Jason Kenney grite fuerte y largo. Aunque en realidad son los habitantes de Alberta los que deberían estar gritando sobre el descarado despilfarro del dinero de sus impuestos en la pronosticada cancelación del proyecto.

Lo último que necesita una creciente crisis climática es aumentar la infraestructura de combustibles fósiles. Ese es un caso claro de empeorar un problema muy grave.

Para repetir otra necesidad de saber: el Acuerdo de París sobre el clima de 2015 significa que todos los países acordaron eliminar gradualmente el uso de combustibles fósiles. Eso es esencial para mantener el cambio climático por debajo de los 2 grados centígrados.

En lugar de desperdiciar 1500 millones en el condenado gasoducto KXL, el gobernador Kenney de Alberta debería haber usado ese dinero público para ayudar a los trabajadores de la industria petrolera con la capacitación y el apoyo financiero durante la requerida eliminación gradual de la industria.

Una necesidad es saber que la industria de los combustibles fósiles no es un empleador importante en Canadá o en la mayoría de los países.

Es un sector intensivo en capital, no intensivo en trabajo. Menos de 1 % de la fuerza laboral de Canadá está empleada en esas industrias en total. Una eliminación paulatina de 20 años del sector de combustibles fósiles de Canadá es completamente factible y no perturbaría la economía, dijo el economista Jim Stanford en un nuevo informe.

Innegable: los combustibles fósiles desaparecerán

Una eliminación gradual de 20 años reduciría el empleo de fósiles en alrededor de 8500 puestos por año, tantos como Canadá normalmente crea cada 10 días. La industria ya perdió el doble de puestos de trabajo en 2020 debido a los bajos precios del petróleo y la recesión inducida por la pandemia.

La mayoría de esos trabajos no volverán. Stanford, quien dirige el Centro para el Trabajo Futuro con sede en Vancouver, dijo a respecto:

Ahora es innegable: los combustibles fósiles desaparecerán de la mayoría de usos en el futuro previsible.

La industria y sus seguidores continuarán negando lo innegable, empeorando la mala situación.

Por ejemplo, la Cámara de Comercio de Estados Unidos afirma que la cancelación de KXL dejará sin trabajo a miles de estadounidenses. Es la misma muy influyente Cámara que ha negado durante mucho tiempo el cambio climático y desempeñó un papel clave para lograr que el expresidente Donald Trump retirara a Estados Unidos del Acuerdo de París, una decisión que Biden revirtió también en su primer día en la Casa Blanca.

Continuar negando lo innegable es la razón por la que muchas sociedades del pasado que alguna vez fueron prósperas colapsaron, informa un grupo de antropólogos en un nuevo estudio: Cuando los buenos gobiernos se vuelven malos.

Al estudiar 30 sociedades diferentes, llegaron a la conclusión de que muy probablemente se podría haber evitado el colapso, pero los ciudadanos confiaban en sus líderes para actuar en el mejor interés de la sociedad. En cambio, los líderes protegieron sus propios intereses y los de la élite de la sociedad.

No sigamos repitiendo errores pasados.

Stephen Leahy es un galardonado periodista y escritor medioambiental, con sede en Canadá. Fue corresponsal internacional sénior en ciencia y ambiente de IPS y en la actualidad publica Need to Know: Science and Insight (Necesidad de Saber: Ciencia e Intuición), un boletín semanal gratuito que ofrece innovadoras ideas y perspectivas sobre la pandemia y la crisis existencial del cambio climático y el desmoronamiento de los soportes de la vida de la naturaleza.

T: MF/ED: EG


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