El pensamiento mágico

Francisco Louça

El pensamiento mágico

Paulo Portas ha dicho recientemente a un distinguido público: “Cuanto más veo referéndums, primarias y directas, y sus consecuencias, más admiro el método cardenalicio: un colegio de 120 personas, todas nombradas y ninguna elegida, pero que con la ayuda del Espíritu Santo fueron capaces de elegir a Papas como Wojtyla y Francisco cuando fue necesario para cambiar el mundo”. ¿Escándalo? ¿Manifiesto anti-democrático? ¿Teocracia reinventada? ¿Vuelta a la Edad Media? Calma, detengan las sirenas, era una broma.

Nada indica que la derecha, a pesar de las veladas inclinaciones monárquicas y teocráticas que pueblan el CDS, se oriente hacia un modelo constitucional que atribuya al Espíritu Santo, en su infinita misericordia, la elección de presidentes, gobiernos y ayuntamientos. También era una broma.

Pero tenemos un problema: que los métodos que se inventaron con la misión solemne de actualizar la democracia ceremonial, la que se basa en la convocatoria distante cada cuatro de los electores para que ejerzan su voto, no solo no funcionan, sino que han agravado el problema. ¿Distritos uninominales? Aumentan el riesgo de corrupción. ¿Primarias? Un buen truco para que los partidos traten de convocar apoyos fingiendo escuchar a la sociedad. ¿Referendos? La poderosa Europa ha impedido los referendos prometidos y lamenta los que se le escaparon. ¿Participación en Internet? Los espacios para los comentarios suelen ser pequeños y el frenesí vengativo de algunos maníacos no es prueba de vigor comunicacional. ¿Las encuestas? Hemos visto la forma en que se manipulan.

De hecho, tenemos un problema más grave aun: que la democracia siempre ha sido vista con recelo por la burguesía – ya habían pasado ciento cincuenta años desde su triunfo y todavía rechazaba el sufragio universal, que sólo se generalizó a finales del siglo XX ( y aún no en todo el mundo).

Este prejuicio social tiene antecedentes. Herodoto, en sus “Historias”, condenaba la democracia y sus palabras retumban hasta hoy: “cuando nos insta a poner el poder supremo en manos del pueblo, se aleja del buen camino. Nada más tonto e insolente que una multitud imprudente. Buscando evitar la insolencia de un tirano, se cae bajo la tiranía del pueblo sin frenos. ¿Habrá cosa más insoportable? Cuando el soberano toma una medida, sabe porque lo hace; el pueblo, por el contrario, no utiliza la inteligencia o la razón”. Y concluía con modestia: “En cuanto a nosotros, elijamos hombres virtuosos y pongamos el poder en sus manos. Creo que podemos incluirnos a nosotros mismos en ese grupo y, de acuerdo con la lógica, los hombres sensatos e ilustrados sólo pueden dar buenos consejos”.

¿Tonterías? No tanto. James Buchanan, Premio Nobel de Economía, explicó en una reunión de la Sociedad del Monte Peregrino, el Olimpo de nuestros neoliberales, que “el mantenimiento de una sociedad libre puede depender de que ciertas decisiones se excluyan del voto de la mayoría”, y el gobernador del Banco de Alemania, Hans Tietmeyer, ha asegurado que prefiere el “plebiscito de los mercados” al de las urnas.

Esta es la razón por la que las evocaciones a un pensamiento mágico sobre como dirigir la sociedad merecen atención. No por el divino Espíritu Santo, pobre paloma, sino a causa de Herodoto: la sustitución de la democracia por la tiranía (de los electos por los tecnócratas, el BCE, la Comisión Europea o cualquier otra forma moderna de ella) es la forma de gobierno que se nos ha impuesto. El poder puede entonces evoca un destino mítico para reemplazar la capacidad de elección legítima de los hombres y mujeres: debe haber austeridad por ser un requisito de las “reformas estructurales”; debe ser entregado el Novo Banco porque esa es la lógica de los mercados; se deben recortar los salarios porque las agencias de calificación así lo prefieren. Ante cualquier dificultad importante, la justificación es siempre la magia, que es la más radical negación de la idea de democracia.

La triste lógica del “mal menor”, en su fatal abandono de la inteligencia, arrastra a Europa a la sustitución de los contratos sociales de inclusión y bienestar por un orden de exclusión y malestar general. El centro, tan radical en esa renuncia, reconoce que la legitimidad democrática es un peligro para la gobernabilidad neoliberal y, por lo tanto, debe ser sustituida por la autoridad mágica, que se consuela con un poder político autoritario. Que nadie se sorprenda luego de los Trump, los Orban, los Dijsselbloem, o lo que venga después.

Catedrático de economía de la Universidad de Lisboa, ex parlamentario y miembro del Bloco de Esquerda, actualmente es Consejero de Estado.

Fuente: http://blogues.publico.pt/tudomenoseconomia/2017/04/07/o-pensamento-magico/

Traducción: G. Buster para sinpermiso.info


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