El pecado original

Notas al Tema

Guillermo E. Zúñiga Chaves

Guillermo E. Zúñiga

El reciente reporte del Fondo Monetario Internacional ha causado un gran alboroto. Las reacciones negativas vienen, curiosamente, de fuerzas que tradicionalmente han señalado al FMI como la guía y fuente de sus propuestas. Y ahora, ¡qué no les han dicho a los del Fondo!

Todo porque los señores del FMI confirmaron lo que algunos habíamos adelantado; esto es, que la reforma fiscal recién aprobada tiene un pecado original: la plata que va a dar no alcanza. Por ello el endeudamiento va a seguir creciendo y va a ser más difícil estabilizar las finanzas públicas. Como el dinero no alcanza, pues el FMI dice que se debería pensar en poner algo más de impuestos. La respuesta de sus antiguos seguidores ha sido decir no a más impuestos; que lo que se tiene que hacer es aumentar el recorte de gastos. Ese es el fondo de la controversia.

Lo que se aprobó, con dictamen de constitucionalidad incluido, evitó un incumplimiento de pagos y otras tribulaciones. Con insistencia se encargaron de decir que la reforma daría casi un 4% del PIB al año 2022. La fuente más usada fue el dictamen que rindió el Banco Central, que presentó las estimaciones del caso. Cuando algunos insistimos en que la reforma no era suficiente, siempre nos sacaban el famoso numerito del BCCR del 3,68% del PIB al 2022.

Pero nunca fueron claros en explicar que para llegar a ese monto era necesario cortar gastos en un 2,14% del PIB (como ¢800.000 millones al día de hoy), pues los impuestos nuevos daban únicamente un 1,54% del PIB (unos ¢576.000 millones). Es decir, la reforma se basa en que el recorte de gastos debe ser mayor que los nuevos impuestos.

TAMAÑO DEL RECORTE. Para tenerlo como referencia, ese recorte de gastos es cercano a la suma de los presupuestos totales, para este año, de las siguientes instituciones: Ministerio de Justicia, Ministerio de Hacienda, Presidencia de la República, Ministerio de Ambiente, Ministerio de Gobernación, Tribunal Supremo de Elecciones, Ministerio de Agricultura, Ministerio de Cultura, Asamblea Legislativa, Relaciones Exteriores, Ministerio de Economía, Contraloría, Mideplan, Ministerio de Ciencia y Tecnología, Comercio Exterior, Vivienda, Defensoría de los Habitantes y una tercera parte del presupuesto del Ministerio de Seguridad. Ese es el tamaño del ajuste del que estamos hablando.

No digo que esas instituciones se vayan a cerrar. Tampoco digo que no sea necesario una reforma del Estado. En buena hora que se está hablando de este tema. Lo que sí afirmo es que no se puede pensar en hacer una reforma del Estado por razones fiscalistas. ¡Es muy peligroso! Sería poner la carreta delante de los bueyes.

Hacer ese recorte que estima el BCCR y que va en la reforma aprobada significa, entonces, cortar empleos, salarios, servicios y programas por el monto indicado. Y como la deuda sigue al alza, el pago de intereses seguirá creciendo, con lo cual para contener el crecimiento de la deuda en la de menos va a ser necesario cortar gastos por cifras aún mayores. Para que el lector pueda hacer comparaciones indico que el monto del servicio de la deuda presupuestado para este año 2019 es de ¢4.553.000 millones, esto es, un 41% del total del presupuesto. Así está la situación. La deuda nos asfixia.

Y como la reforma no alcanza, entonces se está pidiendo más deuda. Los famosos eurobonos, a los que me referiré en otra oportunidad. De estas tendencias es lo que habla el FMI y es lo que no les gustó. Y fue la misma reacción de las calificadoras de riesgo cuando, después de que se aprobó la reforma, nos bajaron la calificación y nos pusieron en perspectiva negativa. Pero aquí dijeron que las calificadoras no habían entendido. ¿Recuerdan?

CONCLUYO. El pecado original de la reforma se advirtió; el Gobierno y la Asamblea pusieron oídos sordos. La vendieron como la “pomada canaria”; la pasaron a golpe de tambor y se llevó al país a una confrontación por tres meses para tener este resultado. Hoy, ante señalamientos del FMI y las calificadoras, sus antiguos compañeros de viaje se quitan. Sigue la tensión sobre la forma en que se llevará adelante el ajuste.

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