El negrito del Batey y don Thelmo

De José Calvo

José Calvo

José Calvo

Don Thelmo suele amenizar sus artículos con canciones, y en uno de ellos nos habla del negrito del Batey que no quería trabajar y se lo dejaba todo al buey. Eso está muy bien, si los bueyes, después de miles de años, no hubieran también sido sustituidos por el John Deere. Pero los muchachos de ahora no es que no quieren trabajar, es que no consiguen trabajo ni en “las ingenierías”; y eso lo debería saber don Thelmo: no se parecen en nada, al negrito del Batey, los ingenieros manejando un taxi.

Don Jorge Guardia se muestra más precavido porque en uno de sus artículos contempla las tendencias a la derecha y a la izquierda en los Estados Unidos y dice que todavía puede ser que la cosa allí se incline a la izquierda. Don Jorge lo llama neosocialismo para diferenciarlo del neoliberalismo.

Por fin ha aparecido en el periódico tico algo sobre la teoría monetaria moderna, es de Keneth Rogoff; un profesor de Harvard, y se llama “Tontería Monetaria Moderna”. Según Rogoff, el profesor de la Universidad de Kansas Randall Wray es un tonto. ¿Qué diría el profesor de Harvard de quienes lo leemos? Pero esta actitud de irrespeto por quienes piensan diferente es común en los neoliberales según el libro “La Gran Brecha”, del señor Joseph Stiglitz.

En el estado en que se encuentra la economía global, podemos decir como el borrrachito de mi pueblo al OIJ, “aquí el que más sabe, sabe a m—–.”

Al buey lo dejó sin trabajo el John Deere, y entonces apareció el límite ambiental, pero ahora el algoritmo de la automatización nos dejará a todos sin trabajo, y habrá que empezar repartir la riqueza.

Sea como sea, hay un montón de ninis, y un montón de profesionales manejando un taxi, mientras los economistas nos dicen que hay que reentrenarse en una de la ingenierías para conseguir trabajo: seguir produciendo y al diablo con el ambiente: se me hace que tenía razón del borrachito de mi pueblo.

En Costa Rica, el negrito del Batey no podría trabajar ni aunque quisiera. Ni aunque tuviera todas las “ingenierías”. Y se tendría que asegurar él mismo, porque la patronal le ha declarado la guerra exitosamente a La Caja: todo para el 1%.

En el país de la seguridad social las cosas no auguran bien para La Caja. Ahora ningún patrono asegura a sus trabajadores; y como si nada.

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