El mundo se va poblando de analfabetos

El Sereno

Alvaro Campos Solis
campos.solis.alvaro@gmail.com

Alvaro Campos

Al tiempo que la tecnología avanza a una velocidad vertiginosa, en todo el mundo continúa creciendo el número de analfabetos. Asimismo, aumenta la pobreza y la mano de obra barata, limitantes del pleno desarrollo de las personas y de su participación y la de su familia en la sociedad.

Los datos de la Unesco son arrolladores. A pesar de que este fenómeno se redujo en un 25% en los jóvenes entre 1990 y 2015, aún así hasta el año anterior se contabilizaban más de 750 millones de personas que no saben leer ni escribir, es decir, que no pueden disfrutar de un libro, saber qué alimentos están consumiendo o comunicarse por carta.

Informes de organismos especializados de las Naciones Unidad dan cuenta que hasta el momento son casi 800 millones de seres humanos los que no saben leer ni escribir. Sin embargo, la cifra se queda corta, muy corta, si se toma en cuenta los millones de personas que van perdiendo capacidad de comprensión y análisis debido a su desinterés por la lectura y la escritura. Es gente que no lee un periódico, una revista y mucho menos un libro. Esa condición los expertos la identifican como “analfabetismo funcional”.

Lo más grave de ese problema es que numerosos personajes que ostentan los cargos más altos de la función pública no cultivan el hábito de la lectura y su habilidad para escribir es casi nula. A esa gente hay que escribirle sus discursos y entregarles una minuta con la información diaria y cómo deben interpretarla. Tales carencias lastiman por igual a gobiernos de naciones desarrolladas y de países pobres. Aunque resulte inverosímil son gente que ocupa el cargo de presidente, primer ministro, senadores, diputados, líderes religiosos y hasta magistrados.

Lo anterior hace suponer que diversos países, en cualquier lugar del mundo, estarían gobernados por individuos semi analfabetos. Debido a su escasa cultura actúan de manera violenta y de mala fe. Son intransigentes, además de arrogantes hasta creerse imprescindibles.

El problema adquiere nuevas dimensiones cuando surge el analfabetismo digital, lo que implica la incapacidad del individuo para aprovechar los recursos de la tecnología moderna, tanto en su vida diaria como en su actividad laboral. El rechazo o la imposibilidad de acceder a la computación nos compromete a vivir en un mundo ajeno a la realidad, en particular a los mayores de edad, además de millones de familias en todo el orbe que no disponen de los recursos económicos para adquirir un ordenador.

El problema está presente en casi todos los países del mundo, incluidos los países desarrollados. Sin embargo, es en las naciones más pobres donde esas carencias se manifiestan con mayor intensidad, señala un informe reciente publicado por la Unesco.

En América latina el problema del analfabetismo convencional esta casi resuelto en naciones como la nuestra, además de Cuba, Chile y Argentina. Mientras tanto, Haití y Guatemala sufren los mayores índices de miseria, asociada con esa limitación.

“La educación y, como primer paso, la alfabetización, es la principal herramienta para lograr que las personas puedan salir de la pobreza y para impedir que ésta se transmita de generación en generación”, aseguran personeros de la ONG Manos Unidas.

“El analfabetismo, además de limitar el pleno desarrollo de las personas y su participación en la sociedad, tiene repercusiones durante su ciclo vital, afectando el entorno familiar, restringiendo a los beneficios del desarrollo y obstaculizando el goce de otros derechos humanos”.

Según investigaciones de diversos organismos especializados en el tema, la alfabetización de adultos, así como la práctica de la alfabetización, ha mejorado la autoestima, la autonomía, la creatividad y la reflexión crítica.
De acuerdo con los expertos saber leer y escribir es un logro, pero no es suficiente. Lo ideal es que el individuo adquiera valores y herramientas para un mejor desempeño en la sociedad. Es decir, que adquiera un adecuado nivel de comprensión y de esa manera tenga una mayor capacidad de discernimiento.

Según los expertos, en los países desarrollados el nivel de alfabetización funcional de una persona es directamente proporcional al nivel de ingresos o inversamente proporcional al riesgo de ser un criminal. Al respecto citan las siguientes conclusiones.

Más del 80 por ciento de los adultos del sistema penitenciario de los EE.UU. no saben leer o lo hacen por debajo del nivel de cuarto grado.

El 85 por ciento de los reclusos menores de edad, en esa nación, son analfabetos funcionales.

El 43 por ciento de los adultos en el nivel más bajo de alfabetización vivía por debajo del umbral de pobreza.

Dos tercios de los estudiantes que no saben leer con soltura en el cuarto grado van a terminar en la cárcel o necesitaran ayuda de instituciones públicas.

Por otra parte, la tecnología tiende sus trampas. Es lo que ocurre con la juventud de hoy que vive absorta en su celular, Tablet, iPod y cuando artilugio surja en el mundo de la tecnología. Metidos dentro de esos aparatos parece que buscan escapar de cierta realidad.

Han optado por socializar lo menos posible. Dan la impresión de que se sienten a gusto encerrados dentro de si mismos. Con los mayores tienen la menor comunicación posible, al tiempo que entre pares va surgiendo su propia jerga que los comunica y los convierte en amigos y compañeros. Tal comportamiento no es exclusivo de una determinada clase social ni de un determinado país.

La gran incógnita es conocer de qué manera la juventud de hoy hará frente a los retos que surjan en el futuro sin más herramientas que la tecnología, misma que le va castrando toda iniciativa, incluso la de pensar.

0
0

Periodista


Revise también

IPS

El presidente Biden rechaza empeorar nuestra crisis climática

Por Stephen Leahy WOOD BUFFALO, Canadá, 25 ene 2021 (IPS) – No iba a parar …

Comentar en Cambio Político

¡NO sigas este enlace o serás bloqueado en este sitio!
Este sitio usa cookies. Leer las políticas de privacidad.