El gran dilema y la amenaza de otro enemigo

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El Sereno

Álvaro Campos Solís
campos.solis.alvaro@gmail.com

Alvaro Campos

¿seguimos confinados o volvemos al trabajo y a la vida social? ¿Y qué hacemos si hay un rebrote de la pandemia? Si nos quedamos en casa, papá-estado no nos puede seguir manteniendo. Seguiremos contando muertos y exponiendo la salud y la vida de médicos, enfermeras y personal de apoyo de hospitales y clínicas. ¿Cerramos los centros de enseñanza hasta que aparezca la vacuna? ¿Qué es primero: la salud y la vida de los individuos o la economía y el trabajo? Difícil encontrar una respuesta certera a estas preguntas. Hasta el momento la mejor opción ha sido el distanciamiento social, el problema es que nos gusta andar en grupo, lo más hacinados posible. Para el empresario el hacinamiento de clientes es una muestra del éxito de su negocio. La cultura choca con la realidad.

Lo más grave de todo sería que, dadas las condiciones, las autoridades de salud pública (médicos y enfermeras) cedan la palabra a los economistas para que nos hablen de los alcances de una recesión. Esta palabra, por si sola, causa miedo, mucho más del que provoca el covid 19. La gente que vivió en carne propia la recesión de 1929 ya murió, pero la historia está documentada.

La recesión es un concepto económico y ocurre cuando la gente se queda sin trabajo y como resultado pierde capacidad de compra. De esa manera se impacta el comercio, la industria, la agricultura y cualquier otra actividad productiva. Así es como aparecen el hambre y el caos, tal y como ocurrió en 1929, en los Estados Unidos con la gran depresión cuando se desplomó la bolsa de valores de New York. Los hechos ocurrieron en el 24 de octubre de 1929, a partir de ese momento millones de acciones perdieron su valor, con lo cual se desvanecieron las fortunas de grandes inversionistas, numerosos bancos quebraron y la economía mundial entró en crisis. Algunos inversionistas optaron por el suicidio. Los efectos en el campo internacional fueron devastadores, tanto para los países pobres como para las naciones ricas. La crisis se prolongó por un lapso de cuatro años, en Estados Unidos, mientras que otras naciones la padecieron durante toda la década de los 30.

Algunos economistas sostienen que “la economía mundial ya entró en recesión”. La noticia no puede ser más inoportuna y preocupante.
De cara a la recesión el mundo entero se empobrece, se encoje y hasta pierde su dignidad. Durante la llamada crisis del 29, en Estados Unidos la gente de todos los estratos sociales hacía fila para obtener un plato de sopa. No había trabajo, ni formal ni informal. La recesión ignora las ideologías y la pobreza mide con un solo rasero, sin exclusion.

Un factor determinante en la crisis del 29 fue la adquisición de autos y electrodomésticos, financiados por los bancos.
Es de suponer que hoy los gobiernos del mundo entero, en particular las grandes potencias, estén abocados a buscar soluciones, antes de que la crisis, ya de por sí difícil, termine por estallarles en la cara.

En el caso de nuestro país sería ideal que el gobierno tome precauciones y, hasta donde pueda, informe al pueblo con sinceridad y transparencia acerca de las opciones que se barajan. ¿Qué sacrificios habrá que hacer, quiénes pueden ayudar más y de qué manera? ¿Estará en marcha algún proyecto que implique un nuevo contrato social?, una forma de protegernos para evitar que algún foráneo nos recomiende, en tono de amenaza, el cierre de instituciones de salud y educación.

Conviene informarle al pueblo si todos los partidos políticos entienden la coyuntura que vive el país, pues sería una verdadera desgracia que el pueblo deposite sus esperanzas en partidos políticos, cuyos dirigentes no logran ver el bosque porque los árboles se lo impiden y aun así pretendan gobernar el país a partir del 2022. Miren hacia la Asamblea Legislativa: allí alguna gente cree que los problemas se resuelven gritando o exhibiendo toda su malacrianza y su analfabetismo político.

No debemos perder de vista que los pueblos más que dirigentes políticos lo que necesitan son estadistas, esos hombres y mujeres que pasan a la historia por su visión, trasparencia y honestidad. En ese apartado andan mal numerosos países, empezando por los más ricos y mas grandes de América. Es decir, Estados Unidos, México y Brasil, pues el resto, en su mayoría, y ante las grandes decisiones solo han sido útiles para formar quorum. En nuestro país uno esperaría un cambio positivo y profundo en los tres poderes del Estado, ya que los tres exhiben hoy grandes falencias y ni por asomo alguna cuota de sacrificio con la situación que apenas empezamos a vivir los costarricenses. Todos debemos entender que “la cosa está jodida”, como solían decir nuestros abuelos. Y esto se puede poner peor, lamentablemente.

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Periodista


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