El Gobierno más malo

El Sereno

Alvaro Campos Solis
campos.solis.alvaro@gmail.com

Alvaro Campos

Ese es el calificativo que en Costa rica se le ha endosado a los gobiernos de los últimos 40 años, desde que inician su gestión hasta que la concluyen. La supuesta incapacidad de un gobierno solo es superada por el que sigue, según el imaginario popular. Según esa visión de nuestro pueblo, en Costa Rica lo que tenemos es una especie de colección de malos gobiernos, con esa particularidad de que el de turno supera al anterior. El juicio empieza apenas el Tribunal Supremo de Elecciones anuncia el nombre del presidente electo. El primer crítico es aquel que perdió la contienda, le sigue el que se quedó esperando su nombramiento en el gabinete.

En el caso de la actual administración, el presidente Alvarado Quesada permanece sometido a un escrutinio permanente a cargo de los partidos políticos que buscan espacio en el próximo gobierno, además de la factura que le cobran los sindicatos del sector público y los altos mandos del Poder judicial por haberles limitado los abusos con las huelgas y los privilegios con los salarios y pensiones que pagan los contribuyentes.

El cobro más reciente ocurrió el viernes 28 de febrero cuando un fuerte contingente judicial integrado por cinco magistrados, la fiscala general y decenas de agentes del OIJ allanaron casa Presidencial, incluido el despacho del presidente Alvarado y Mideplan, en busca de información relevante sobre La Unidad Presidencial de Análisis de Datos.

También existe un poderoso sector económico que ve con preocupación y enojo toda iniciativa tendiente a que el Estado ejerza mayores controles sobre la evasión fiscal. No falta quien considere que pagarle impuestos al Estado es un rasgo de la cultura norteamericana; nada que ver con la idiosincrasia tica.
Fue una operación al mejor estilo de los carabineros de Chile, con el agravante de que en el operativo a la democracia la mandaron de paseo. Tanto por la forma como por el fondo resulta desagradable observar que al Presidente de la República lo despojen de su teléfono personal. Un paso más y asistiremos a un golpe de estado o a un golpe institucional. Uno con armas y otro sin ellas. Intentos similares hubo en los Gobiernos de Carazo Odio y de Monge Álvarez, solo que aquellos se fraguaron en casas de dirigentes políticos, mas no llegaron a perpetrarse.

Descalificar al gobierno de turno es la norma desde hace muchos años. Yo me percaté del fenómeno social y político desde hace unos de 40 años. Desde entonces me di cuenta que en tiquicia las campañas políticas son permanentes, con escaramuzas casi a diario en la Asamblea legislativa, resentidos que despotrican por no haber sido tomados en cuenta en el reparto de puestos o aquellos y aquellas que buscan formar parte del próximo gobierno. Llegar a Zapote o a Cuesta de Moras es la ilusión que le quita el sueño a numerosos compatriotas. Algunos de los que llegan al congreso procuran quedarse allí, merodeando a la sombra de una asesoría.

A manera de ejemplo, los periódicos de la época guardan información acerca del sentimiento anti figuerista. En 1973 abundaban, pegados en los postes del alumbrado público, volantes en los que se leía: “un año más y jamás”. Los grupos más conservadores atacaban al mandatario por su afinidad con personajes que llegaban a Costa Rica huyendo la justicia de su país. El caso más sonado fue el del Financista Robert L. Vesco, además de otros individuos igualmente controversiales. Además, le cobraban haber establecido relaciones diplomáticas con la Unión Soviética, en el momento en que el resto de las naciones centroamericanas eran gobernadas por la bota y el sable militar. Todos con la venia del Tío Sam.

También había un ataque permanente contra el presidente Figueres Ferrer, por su terquedad en la ampliación de la Avenida Segunda lo cual requería la demolición parcial de El Sagrario de la Catedral Metropolitana. Don Pepe fue víctima de epítetos mordaces referidos a su estatura física. Una forma de desconocerle la estatura política al fundador de la Segunda República, cuyo legado a favor del pueblo está vivo.

Contra el presidente Daniel Oduber la crítica nunca dejó de ser igualmente feroz, sobre todo por el fortalecimiento del estado empresario y su vocación social demócrata. En algunos sectores de la oposición, a falta de argumentos, se le tildaba de comunista, pero en realidad era un terrateniente con una vasta cultura, incluso un doctorado en filosofía adquirido en universidades de Francia y Canadá
Los cuestionamientos contra el presidente Rodrigo Carazo alcanzaron un grado superlativo. En primer lugar por el desabastecimiento de productos de la canasta básica y por su apoyo al Frente Sandinista de Liberación Nacional que luchaba contra el gobierno de Nicaragua que presidía Anastasio Somoza. Carazo tuvo la hidalguía de encarar al Fondo Monetario Internacional que condicionaba la ayuda financiera al cierre de instituciones de bienestar social. Era rechazado por los halcones del gobierno de los Estados Unidos. Además, tuvo que luchar contra las fuerzas de su propio partido político y un poderoso sector de la prensa nacional.

A favor de los políticos que un día ocuparon la Primera Magistratura de la Nación operan naturalmente los cambios generacionales. Pue se da la circunstancia de que la mayoría de los costarricenses tiene escasa preocupación por la historia, incluida la de nuestro país.

Lo anterior quizás explique por qué los jóvenes de ahora no muestren mayor interés acerca de lo que ocurrió en las administraciones de José Figueres, Daniel Oduber, Rodrigo Carazo, Luis Alberto Monge, Oscar Arias, Rafael Ángel Calderón, Miguel Ángel Rodríguez, Abel Pacheco, José María Figueres, Laura chinchilla y Luis Guillermo Solís. Cada uno con su propio lunar, en algunos casos verdaderas manchas que ocuparon la atención del Poder Judicial.

Presidente Alvarado Quesada

Ahora el foco de atención es lo que hace o deja de hacer el presidente Alvarado Quesada. Resulta evidente que hay sectores con poder real que quisieran darle un escarmiento, incluso golpearlo allí donde más le duela, por su atrevimiento en punto a eliminar privilegios con recursos del erario. Por lo que hemos visto en los últimos días a muy poca gente le interesa que sea la historia la que juzgue su administración. La mayoría del pueblo está convencida de que su gobierno es más malo que el anterior y aquél más malo que el de Laura Chinchilla. Unos lo hacen por revancha, otros por interés político electoral y otros, a falta de lectores, para leer en las redes sociales lo que ellos mismos han escrito.
Es muy posible que a los ex mandatarios poco les interese el juicio popular. Lo que cuenta es una buena pensión y un retrato en la Asamblea legislativa que los acredita como ex Presidentes de Costa Rica. Tanto es así, que la mayoría de ellos ha preferido guardar silencio frente a lo ocurrido en pasado 28 de febrero en Casa Presidencial. O a lo mejor es que prefieren no patear al perro que está dormido.

Periodista


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Un comentario

  1. Gustavo Elizondo

    Excelente artículo, muy sensato y equilibrado.

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