El glaciar Zinal y una gruta espectacular en los Alpes suizos

Por Deike Uhtenwoldt (dpa)

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Vista del Matterhorn, la montaña más conocida de los Alpes peninos. Foto: Deike Uhtenwoldt/dpa

El glaciar ha aplastado piedras enormes hasta convertirlas en guijarros y polvo, ha pulido las laderas de las montañas y ha dejado toneladas de peñascos y rocas a su paso. Si no estuviera todo cubierto de nieve, el grupo de excursionistas que encabeza el guía de montaña Daniel Ruppen estaría caminando por una inestable superficie de polvo, rocas y restos de hielo.

Pero por suerte el invierno ha llegado a esta región suiza de los Alpes del Valais, aunque no es el tipo de invierno que les gustaría a los operadores de turismo.

”Podría volver a nevar”, comenta Ruppen, que ni siquiera se ha puesto las raquetas de nieve. La excursión de hoy lleva desde Zinal, el último pueblo del Val d’Anniviers francófono, hasta el glaciar Zinal por una ruta que discurre a lo largo del arroyo Navisence, entre montañas.

Son cinco kilómetros. Esta es también la razón por la que el ascenso no resulta pesado y Ruppen avanza a buen ritmo. “Para mí hoy es un día de descanso”, comenta sonriendo.

El guía, que ya ha cumplido los 69 años, suele ser contratado para realizar ascensos a la cima, escalar y acompañar a aficionados a volar en parapente. Durante la soleada mañana de hoy se trata de visitar una gruta de hielo y vivir un poco la naturaleza local.

Ruppen muestra a los invitados los picos de cuatro mil metros de Dent Blanche, Bishorn y Weisshorn. El guía relata el accidente ocurrido allí hace 20 años, cuando una avalancha enterró a escaladores y rescatistas. “Siempre puede ocurrir algo, pueden caer incluso bloques de hielo del techo de la cueva”, advierte. “No obstante, eso no suele ser muy probable en invierno”, precisa.

Allí donde el agua de deshielo del glaciar se acumula y emerge dando origen al Navisence se ha formado una gruta transitable. Hace casi 25 años entró allí por primera vez Stéphane Albasini, un compañero de Ruppen.

Desde entonces se le considera el descubridor, pero él es modesto. “Mucha gente sabía que allí había un agujero en el glaciar, aunque nadie se había se detuvo para entrar. Los que hacen esquí de travesía quieren llegar lo antes posible a su destino”, explica.

Albasini se detuvo allí una vez cuando estaba guiando a un grupo de alpinistas adolescentes. Para añadir un poco de variedad, sugirió una visita a la gruta y luego se vio abrumado por la variedad de formas y colores en su interior. Fue “magnifique”, recuerda.

En la oficina de turismo local cuelgan fotos a gran escala de la maravilla que Albasini descubrió. Desde entonces, el guía ha estado cientos de veces en la cueva. Pero, “es diferente cada año”, asegura. En algunas ocasiones, los visitantes tienen que moverse a rastras para poder ver la cueva y en temporadas con poca nieve, la entrada se asemeja a una puerta. Bloques de hielo del tamaño de un armario se interponen en el camino y en la parte más interna se abren constantemente nuevas cámaras de hielo. El glaciar se va descongelando poco a poco.

”En verano se necesita un paraguas dentro de la cueva”, explica Albasini, y probablemente también un casco protector, añade. “El glaciar continúa deslizándose hacia el valle y al mismo tiempo se está derritiendo. Va perdiendo unos 25 metros cada año”, señala. Según un estudio de  la Escuela Politécnica Federal de Zúrich (ETH), el derretimiento podría acelerarse y el glaciar Zinal podría perder unos tres kilómetros para el 2060. Eso sería casi la mitad de su longitud. Sin embargo, existe también incertidumbre sobre estos cálculos.

Lo que sí es cierto, es que, tan pronto como el servicio de alerta de avalanchas da luz verde y las condiciones climatológicas lo permitan, se realizan visitas guiadas a la cueva. Sin raquetas de nieve, pero con los bastones en las manos, el grupo de excursionistas finalmente llega a la cueva, camina por las inestables rocas temblorosas hasta el agua de deshielo y se detiene a contemplar el interior de la gruta. La luz es difusa, el hielo brilla azul, contiene millones de burbujas y formas cortadas con precisión. “Esto es asombroso y sobre todo completamente natural”, observa Daniel Ruppen, haciendo hincapié entre la diferencia de ese espectáculo con el que ofrecen los palacios de hielo artificial.

Apenas hace un momento el guía estaba explicando lo rápido que se está produciendo el deshielo, pero ante el espectáculo visual no puede más que guardar silencio y frotarse las manos en un intento de calentarlas. Mañana saldrá de nuevo con el sol de mediodía, para luego hacer algo de escalada. Sin hielo, nieve, ni manos mojadas. Con todo, será un hermoso día de invierno en esta región suiza.

INFORMACIÓN: GLACIAR ZINAL

Llegada: Se puede llegar a Zinal en autobús (Postbus). Sale cada hora los días de semana. La estación de tren más cercana es Sierre/Siders en el Valle del Ródano. El viaje desde Zúrich dura tres horas y media.

Situación por el coronavirus: Suiza se ha visto gravemente afectada por la pandemia y actualmente se considera una zona de riesgo.

Información: www.valdanniviers.ch

dpa


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