El divorcio entre los ex presidentes y el pueblo

El Sereno

Álvaro Campos Solís
campos.solis.alvaro@gmail.com

Después de cuatro y hasta ocho años en la cima del poder, enterados absolutamente de todo cuanto ocurre en el terruño, los ex presidentes de la República se han olvidado del pueblo que gobernaron, prefiriendo guardar silencio o poner sus ojos en los asuntos de otras naciones.

Arias Sánchez, Calderón Fournier, Rodríguez Echeverría, Pacheco de la Espriella, Figueres Olsen, Chinchilla Miranda y Solís Rivera supuestamente llevan una vida sin sobresaltos. Ellos conocen con detalle la magnitud de la crisis económica, la crisis fiscal, así como los alcances de problemas tan agudos como el desempleo y la corrupción pública y privada.

Es penoso que tanta experiencia acumulada se malogre por cálculo o por egoísmo. Pudiera ser, también, que nos les agrade el juicio que la historia mantiene abierta a cada una de sus respectivas administraciones.

Al margen de ese juicio, si quisieran podrían tenderle una mano a Costa Rica, como muestra de agradecimiento por haberlos honrado con un sitio en la historia nacional.

Mucha gente que hoy está desempleada, en su momento acudieron a las urnas para convertirlos en el primer ciudadano de nuestro país.

En política hay que ser realista. Ignoro si el presidente Alvarado tenga algún interés en promover una reunión de esa naturaleza. Desconozco si los otros actores quieran o puedan asistir a un evento de ese calibre.

También hay que tomar en cuenta que el agua y el aceite no se mezclan y algunos de los ex mandatarios aplicaron en su mandato políticas neoliberales, factor determinante en el empobrecimiento que hoy sufren grandes capas de la población.

Sin embargo, hasta hace algún tiempo eran frecuentes las reuniones del presidente con sus predecesores. Por ejemplo, la figura del ex presidente Figueres Ferrer resultaba familiar en Casa Presidencial, en particular cuando grupos poderosos, política y económicamente, debatían sobre un eventual golpe de estado.

Aquellas reuniones ponían en evidencia la humildad del gobernante de turno y la disposición a colaborar por parte de los convocados.

Es muy posible que los ex gobernantes estén al corriente de todo cuanto ocurre y lo mucho que deja de ocurrir en la Asamblea Legislativa, donde los debates sobre los grandes problemas nacionales se mantienen empantanados, pues algunos diputados no creen ni siquiera en el respeto al derecho ajeno, mucho menos en el bienestar del país.

Me refiero a los congresistas fanáticos que se oponen a la vacuna contra la pandemia, ignorando el derecho a la salud de sus propios compañeros. Algunos creen que atropellando los intereses nacionales obtienen dividendos electorales que podrán recoger en las próximas elecciones.

Valdría la pena que los ex gobernantes intenten servir de guía a los diputados de sus respectivos partidos políticos de manera que los problemas no alcancen mayores y más peligrosas dimensiones.

Se supone que todos los ex presidentes tienen amigos incondicionales en la Asamblea Legislativa, donde numerosos proyectos de ley de vital interés para la nación son lanzados a la basura. Ocurre cuando un sector poderoso ejerce presión para influir en las decisiones del Poder Legislativo y de esa manera persuadir o convencer a los diputados para que aborten determinada criatura.

Son siete voces, en teoría, altamente calificadas, las que se abstienen de abordar los grandes problemas nacionales e incluso proponer soluciones.

Algunos de ellos escriben algún artículo de vez en cuando en un periódico conservador en política y liberal en economía, pero aquella opinión solo llega a la élite. No debe ser que hayan decidido cortar todo contacto con el pueblo y de paso ignorar las amenazas que se ciernen sobre el país
Lo ideal sería que sus opiniones alcancen hasta el último rincón, como lo hacían cuando aspiraba a gobernar nuestro país. Cuando nos ofrecían el oro y el moro. Cuando parecían activistas del protestantismo, tocando puerta por puerta.

La situación que vive el país merece la opinión de esa dama y señores ex presidentes que “un día pasaron por donde asustan”. No es justo que guarden silencio, mientras disfrutan de una pensión que les permite satisfacer su estilo de vida, además de un patrimonio adquirido como empresarios exitosos, prestigiosos académicos, ofreciendo conferencias o subidos en el carro de la burocracia internacional.

Enorme favor le haría al país si le ayudaran al pueblo a identificar las causas de los principales problemas de una nación tan pequeña como el nuestra.

Sería ideal que confirmen o desmientan si es cierto que Costa Rica se torna ingobernable debido, supuestamente, al cogobierno que pretenden ejercer los grupos de presión, la evasión fiscal, además de un alto grado de corrupción que sufren algunas de las instituciones más importantes del país, además de la desidia de los más altos funcionarios públicos.

Los ex presidente saben que la verdad camina desnuda y que tarde o temprano el pueblo va a identificar a las instituciones e individuos encargados de la “operación cangrejo”. Es decir que el país retroceda, y no por culpa de la pandemia.

En el caso de Arias Sánchez y Chinchilla Miranda, con el derecho que le asiste a todo ciudadano costarricense de expresar sus ideas con absoluta libertad, muestran verdadera preocupación por los asuntos geopolíticos, en particular los grandes problemas Latinoamericanos.

Procuran, eso si, no cuestionar las violaciones a los derechos humanos en naciones como Honduras, Colombia y Brasil y mucho menos, a pesar del peso político que ostentan, lanzar alguna crítica contra la Organización de Estados Americanos, organismo que ubica la ideología por encima de los intereses de los pueblos latinoamericanos.

La impresión que dejan es que lo que ocurre en nuestro país no les va ni les viene.

Periodista


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