El derecho de patentar tecnología agrícola

De José Calvo

José Calvo

José Calvo

Eso es lo que el señor Henry J Millar quiere decir realmente en La Nación del día 17 de Mayo, cuando habla del derecho a usar tecnología. Y lo que en realidad defienden los que quieren patentar las modificaciones genéticas, que consisten en hacer una pequeña, y digamos útil, modificación en una especie de cultivo desarrollada a través de miles de años por agricultores campesinos de países subdesarrollados, sin propiedad: y adueñarse de la especie. Porque ya entonces nadie la puede usar sin pagar la patente.

Es verdad que lo que se prohíbe usar es la especie que lleva el gen introducido, pero este se propaga con el polen que lleva el viento, y es absolutamente imposible no estar entonces a merced de los juicios de la transnacional.

No es posible ver ninguna razón para conferirle a una transnacional un derecho de propiedad sobre una planta de cultivo desarrollada por incontables generaciones de agricultores campesinos sin adquirir ningún derecho, por el solo hecho de poner en esa planta un cambiecito insignificante.

Para no decir nada del peligro para la naturaleza de un procedimiento que está a contrapelo del que Ella ha seguido en la obtención de las especies: Obtener un gen de otra especie, de otra familia, de otro orden, y hasta de otro filo, e injertarlo en una especie de cultivo desarrollada gratuitamente por los agricultores campesinos.

Y para no decir tampoco nada tampoco del tono del señor Millar para quienes no piensan igual: “no reconocen que la Revolución Verde evitó 1000 millones de muertes por hambre, como es verdad que hizo. Hay gente ansiosa de ignorarlo, que es parcialmente cierto; defienden tecnologías de cultivo ineficientes e improductivas; ponen así en riesgo la seguridad alimentaria; apoyan la insensatez; están en la objetable compañía de China, Cuba, Arabia Saudí, y Venezuela; y en contra de Israel; han ganado el premio Gadafi; tienen teorías conspirativas sobre el 11 de Setiembre; una mentalidad paranoide; están en contra del libre comercio; usan conceptos delirantes; un activismo errado; el trabajo deslomador de sustituir a los plaguicidas de mujeres y niños; privar a los países subdesarrollados de métodos de cultivo mas eficientes”.

Las transnacionales no se habrían metido al negocio de los transgénicos si no fuera por las patentes. Que hasta ahora solo han logrado darle mas vida a la patente de round-up, exigiendo su uso a quienes compran la semilla round-up ready de soya y maíz. Y las mujeres y los niños del Sahel se tienen que seguir “deslomando” para controlar el gusano bellotero.

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