El culto a la violencia

Freddy Miranda Castro

Neron

Es curioso observar en estos tiempos de misérrimas protestas violentas, como gente que décadas atrás expresaba una confianza absoluta en las luchas por la victoria de su ideología, ha decaído al simple gusto por la “lucha misma”, por el complot, no importa la bandera o la idea esgrimida. Aunque los estandartes que enarbolen los grupos reaccionarios y minoritarios violentos, sean la negación de los valores humanistas que otrora decían defender, aquellos frustrados “tribunos del pueblo”, le buscan acomodo y declaran que como son una expresión de protesta, solo eso es lo que cuenta, las ideas y los objetivos no importan, lo que importa es la “lucha”.

Para ellos no existen verdades socialmente compartidas, ni objetivos trascendentes para la convivencia y el progreso colectivo. La única verdad que aceptan es la que resulte vencedora en el combate, por más descabellada que sea y por más atrabiliarios que sean los “líderes de esas luchas”.

Es así como unas colegiales garroteando un vehículo y a la mujer que lo conducía, queda validado como una acción legítima, aunque los argumentos esgrimidos para justificar aquella aberración, fueran absolutamente falsos (baños neutros, drones, etc.) El mismo razonamiento vale para impedir la atención médica de infantes, ancianos y cualquier otro mortal, por parte de unos pocos energúmenos con dos camiones atravesados en la calle. Es así como la imposición y la violencia de esos grupos hiper minoritarios, contra el resto de la sociedad, deviene en la única acción legítima. Es la transformación de la persecución y la violencia contra los demás, en una doctrina valida: “La democracia de la calle”. Que el Presidente fuese electo con un 60% de los votos, eso no importa. Que los 57 diputados fuesen electos democráticamente, para representar las ideas de los diversos pensamientos políticos del colectivo nacional, tampoco importa. Esos mecanismos representativos del régimen republicano de libertades públicas, para procesar las diferencias y los conflictos en sociedad, son antiguallas. La violencia es la partera de la historia. La democracia callejera del garrotazo, la pedrea y el bloqueo, es el único medio valido para arribar a la verdad, su verdad. Es el culto a la fuerza sublimado como una expresión de supuesta voluntad popular, por la sencilla razón, de que en la arena democrática de las elecciones les fue mal y quedaron en absoluta minoría.

Eso sí, solo se rinde culto a la violencia propia y es la única legítima. Si las instituciones y las otras partes de la sociedad se defienden y aplican las leyes democráticamente aprobadas para garantizar el ejercicio de los derechos de opinión, pensamiento, movilización, trabajo, salud, estudio, producción etcétera; son estigmatizadas como la expresión de una oprobiosa dictadura, instaurada por quienes aprovechándose de ser mayoría, ganaron las últimas elecciones.

Es el culto de los ignaros dirigentes pentecostales, “estudiantiles”, sindicales y nostálgicos estalinistas, a las ideas del individualismo, la espontaneidad y el caos, al nihilismo puro. Las cosas y las acciones con sentido de finalidad no valen, solo la acción expresada en las calles, no importa hacía que precipicio conduzcan. En su lenguaje los conceptos pierden sentido, negociación es para ellos rendición. Negociar es hacer lo que ellos dicen, lo que ellos quieren, lo que ellos imponen. La aplicación de las normas del derecho, no cuentan, porque llevan normalmente a la resolución pacífica de las diferencias. Lo suyo es la trinchera y el putsch. Cualquier parecido con los mecanismos fascistas, el culto a la desinformación y la mentira, no es casualidad.

Vivimos en una democracia imperfecta, no puede ser de otra manera, llena de contradicciones y de injusticias a superar, pero democracia al fin, con mecanismos para procesar las disputas de forma civilizada. No vivimos en un régimen dictatorial. O defendemos nuestro régimen de libertades, derechos y deberes; independientemente de nuestras diferencias sociales y partidarias, de los violentos aprendices de brujo, o muy pronto estaremos llorando sobre las ruinas humeantes de nuestro modelo de convivencia, mientras Nerón toca la lira.


Relacionado:
Compartir:

Comentar en Cambio Político

Si está interesado en anunciarse en nuestro sitio u obtener más información, por favor utilizar el formulario de la sección de Contáctenos en el menú principal.