El cuento del Mundial de Fútbol climáticamente neutro

Alexandra Stober (dpa)

dpa
Vista exterior del estadio Icónico de Lusail en Catar. Foto: Christian Charisius/Deutsche Presse-Agentur GmbH/dpa

En ocasión del Día Mundial del Medio Ambiente, el presidente de la FIFA, Gianni Infantino, emitió un mensaje por vídeo alzando ante la cámara una tarjeta verde, por el planeta. La Federación Internacional de Fútbol no se cansa de insistir en que la Copa Mundial Catar 2022 es neutra desde el punto de vista climático.

Esto es difícil de creer, teniendo en cuenta que se trata de un megaevento para el que se han construido varios estadios nuevos y que lleva a decenas de miles de personas a trasladarse en aviones desde el otro extremo del mundo.

Pero, ¿qué significa la neutralidad climática? Esta consiste en que debe existir un equilibrio entre las emisiones (de dióxido de carbono y otros gases) producidas y los gases de efecto invernadero retirados de la atmósfera, explica Marcel Kruse, de la Oficina Alemana de Comercio de Emisiones de la Agencia Federal de Medio Ambiente. Concretamente, se trata de compensar la emisión de gases de efecto invernadero, por ejemplo, invirtiendo en proyectos de protección del clima y recibiendo a cambio certificados de CO2.

Lo más importante, sin embargo, es la reducción de emisiones. «Nuestro mantra es: lo primero es evitar las emisiones. Luego la reducción. Y si no hay otra forma: la compensación», señala Kruse.

El profesor Wolfgang Lucht, del Instituto de Investigación del Impacto Climático de la ciudad alemana de Potsdam, señala que muchos de los que afirman ser neutrales con respecto al clima no han reducido sus emisiones de forma significativa. «La gente prefiere mirar a su alrededor para ver si otros pueden reducir en lugar de hacerlo ellos mismos», puntualiza.

En un principio, prosigue, el término solo pretendía describir la compensación de un último remanente de emisiones inevitables. Sin embargo, ahora también se utiliza cada vez más para las emisiones evitables, explica el experto en sostenibilidad.

Antes de y durante un acontecimiento de alcance mundial como la Copa del Mundo se producen emisiones. Esto es un hecho. ¿Pero cuántas? El análisis preliminar realizado por una agencia suiza por encargo de la FIFA llega a la nada despreciable cifra de 3,6 millones de toneladas equivalentes de CO2. La mayor parte corresponde a los viajes (aéreos), las infraestructuras (estadios) y el alojamiento. En comparación, según los cálculos de un grupo internacional de científicos (Global Carbon Project), el pequeño país europeo de Montenegro emitió el año pasado 1,8 millones de toneladas de CO2.

Los partidos del Mundial de Fútbol se disputan en ocho nuevos estadios, uno de ellos construido a partir de contenedores de transporte y, según los organizadores, solo temporal y completamente desmontable. Todos los recintos están equipados con aire acondicionado. La FIFA es «plenamente consciente de que el cambio climático es uno de los retos más urgentes de nuestro tiempo» y cree que «cada uno de nosotros debe tomar medidas inmediatas y sostenibles para proteger el clima», declaró la asociación en entrevista con dpa.

Si se observa la huella de carbono de los siete nuevos estadios permanentes de la Copa del Mundo, llama la atención que las emisiones causadas durante la construcción se asignen a un supuesto tiempo de funcionamiento de 60 años. Además, solo se incluyen en el cálculo las emisiones de 70 días (los del Mundial más dos Mundiales de Clubes), sin olvidar que se trata de estadios que no se habrían construido sin el Mundial. Para el académico Lucht, esto no es más que «greenwashing». Se denomina así a una estrategia destinada a crear la impresión de que una empresa es más sostenible de lo que realmente es.

La asociación Carbon Market Watch, por ejemplo, calcula que la huella de gases de efecto invernadero de los siete nuevos estadios permanentes podría ser hasta ocho veces mayor. La organización sin ánimos de lucro hace campaña, entre otras cosas, por una tarificación adecuada del CO2.

Científicos de la Universidad de Lancaster también examinaron el análisis preliminar, y el climatólogo Mike Berners-Lee, miembro de esta, declaró recientemente al medio británico BBC que la cifra es al menos tres veces superior para todo el Mundial.

La FIFA rechaza la validez de estos cálculos, aduciendo que los suyos son una estimación conservadora de acuerdo con el Protocolo de Gases de Efecto Invernadero. Este protocolo se considera la norma más utilizada para la elaboración de balances de gases de efecto invernadero. Los cambios con respecto a estos supuestos «se reflejarán y compensarán plenamente en el informe posterior», afirma la FIFA.

Hablando de compensación: «Si es posible, las emisiones deben compensarse cuando se producen», señala Kruse en relación con la construcción de los estadios, y añade que, si se apoyan, mediante compensaciones, proyectos de protección del clima para recibir certificados por ellos, hay que asegurarse de que estos proyectos se lleven realmente a cabo y se trate de nuevos proyectos adicionales.

Kruse explica que no se puede financiar como compensación ningún proyecto que hubiera existido de todos modos, y menciona como ejemplo los proyectos de energías renovables que se autofinancian.

Es precisamente esta adicionalidad la que se pone en duda en los proyectos que hasta ahora ha aprobado el programa de compensación de carbono de Qatar, el Global Carbon Council, consejo con el que trabaja el comité organizador.

El programa solo ha aceptado seis proyectos hasta ahora, entre ellos un proyecto solar en la India y un proyecto hidroeléctrico en Turquía. Sin embargo, la FIFA señala que los tres organizadores de la Copa del Mundo obtuvieron sus certificados de CO2 por separado, y que la federación de fútbol misma no compensará las emisiones a través del Global Carbon Council. «El proceso de licitación está en su fase final», informó la FIFA, que anunciará oportunamente su cartera de compensaciones de CO2.

El comité organizador respondió a las preguntas sobre la certificación de los estadios y los proyectos de compensación de emisiones de carbono con una declaración general sobre proyectos de sostenibilidad. En esta, señaló que la etiqueta de sostenibilidad -otorgada por un instituto estrechamente vinculado al Estado catarí- había sido aprobada por la FIFA para los estadios de la Copa del Mundo.

En opinión del catedrático Lucht, el debate sobre el megaevento supuestamente neutro para el clima no llega a su debido tiempo, llega tarde, pero cree que es bueno que la responsabilidad por el clima sea también un tema en el mundo del deporte. «Nadie debería verse privado de la alegría de un acontecimiento así. Pero en lo que respecta al clima, al final no lo conseguiremos solo con medidas técnicas: también tendremos que pensar en cambios de comportamiento», afirma el académico.

¿Cómo podría organizarse una Copa del Mundo de forma diferente en cuanto a la protección del clima? «No hay una respuesta indolora a esta pregunta», responde Lucht. «Pero tenemos que afrontar el problema», puntualizó.

dpa

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