El COVID-19 nos desnuda

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Yayo Vicente

Yayo Vicente

Cuando los chingos se salen, es mejor subirlos. Esta crisis sanitaria (social y económica) nos expone fortalezas y debilidades. Son obvias las cosas buenas en infraestructura, capacidad humana y administrativa. Hemos visto colaboración entre partidos políticos, entre una institución y otra y del sector privado con el público. Sinergias sin las cuales, esta trilogía se hubieran agigantado hasta pulverizarnos.

Tampoco se vale esconder las debilidades que quedaron exhibidas. Parece ser que la procrastinización de problemas tiene límites. Aplazar y aplazar hasta el infinito, no es posible, tampoco deseable.

Quiero señalar tres, solo ese número. La lista es más larga y priorizarla es complicado. Me voy a atrever, a la luz de la pandemia, a mencionar tres vacíos que merecen mejor atención. Son tres problemas que hemos diferido, que nos hemos hecho los chanchos, para no verlos y no resolverlos. “Ojos que no ven, corazón que no siente”. Una actitud cómoda, que con la pandemia no debemos seguir asumiendo.

Migración

La migración de mano de obra existe, porque hay hambre de un lado y esperanza en el otro. Ni el mar Mediterráneo, ni el mar Atlántico, ni los muros o murallas, ni ríos, ni cordilleras, detienen a las personas con necesidad. Por eso, el cierre legal de las fronteras es sólo una ficción. Asumir que los migrantes no pasan de San Carlos, es desconocer hasta lo obvio. Los gringos dicen: “Siga la plata” [1], pues si alguien duda, ¡siga las remesas!

Los migrantes llegan a donde exista oportunidad de empleo, es una verdad de Perogrullo que en el Gran Área Metropolitana (GAM) existen más oportunidades. La mitad de Costa Rica vive en el GAM y por eso gran parte de la actividad económica ocurre ahí.

Que los migrantes llegan, pues llegan. Documentados o indocumentados, sanos o enfermos. Cuando se le cierra la puerta a la realidad, ésta se mete por la ventana. Ellos están en todo el país, vendiendo Mariguanol, en las construcciones, como empleadas domésticas, cuidando carros, guardas de barrio o condominios, en trabajos agrícolas … Todas las oportunidades son tomadas.

Viven en pésimas condiciones, gastando lo mínimo, para enviar lo máximo. Su compromiso con los suyos es encomiable, mantienen un fuerte cordón umbilical. Con los nicas tenemos todo en común: mismos conquistadores, misma religión dominante, mismo idioma. Nos han enseñado y les hemos enseñado. Costa Rica sin nicas, no es Costa Rica. Hay nicas saprissistas y liguistas, también ticos que comemos cosa de horno y vigorón.

Colectivos en condiciones infrahumanas

Con desparpajo decimos que las empresas agrícolas no ofrecen las condiciones ideales o aceptables a sus trabajadores y que se ensañan particularmente con los migrantes. Puede ser cierto y eso debe mejorarse. Pero … abramos los ojos y dejemos que se nos lastime el corazón. ¿Usted ha entrado a una cuartería? Donde ocho, diez y más personas viven en un cuartucho. Ahí comen, hacen el amor, orinan y defecan en tarros y mal duermen.

Es fétido, muchas veces más hediondo que el metro de París. Es inhumano, terrible … Durante buen tiempo hemos visto para otro lado. Eso se acabó. El SARS-CoV-2 lo acabó. Un tercio de los casos por COVID-19, son extranjeros, mayoritariamente nicaragüenses recién llegados o con nexo epidemiológico con migrantes.

Los ticos de clase media que no hacen caso a las recomendaciones y medidas sanitarias, son desvergonzados. Rebeldes, egoístas, suicidas o criminales. No siguen las nuevas reglas, porque no quieren, porque no les da la gana.

En el caso de nuestros nicas migrantes, ¿cómo, pero CÓMO?, les decimos que se queden en la casa, que no salgan de su burbuja hogareña, que guarden la distancia cuando deban salir. Ellos no siguen las reglas porque no pueden, porque para ellos es imposible.

Desde hace años es necesario entrarle a esos colectivos, por humanidad y decencia. Por cierto, en esos grupos hay ticos pasando las mismas penurias, y también hay ticos lucrando del mal ajeno. Hoy debemos abordar esa tarea pospuesta y vergonzante, por la pandemia.

Asilos de ancianos

Canadá, Suecia, Nueva York y España, fueron sacudidos cuando el contagio por SAR-CoV-2 llegó a los asilos, casas de retiro o residencias. La edad de sus ocupantes, no les permitía optar por una cama-UCI. Murieron abandonados por una sociedad que los tenía archivados, estaban en el cuarto de las cosas que no se usan o son inservibles.

¿Aprenderemos en cabeza ajena? Quiero pensar que nuestras medidas de bioseguridad son más que adecuadas, no solo en nuestras casas donde cuidamos a los abuelos, también en las instituciones de todo tipo que cuidan a nuestros ancianos.

Tengo la ilusión que esta terrible pandemia, nos humanice. Nos convierta en personas más solidarias, y con nosotros a nuestras empresas, gobierno y economía. Mientras tanto, comencemos a resolver problemas. Dejemos de posponer.

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[1]”Follow the money” es una máxima popularizada por la película “Todos los hombres del presidente” (1976), que sugiere que la corrupción política puede salir a la luz al examinar las transferencias de dinero.


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