El clima

De José Calvo

José Calvo

José Calvo

El clima de la tierra siempre ha sido precario. Depende, por ejemplo, de la actividad volcánica, de la actividad del sol, o de la de Júpiter, porque con solo que se desprenda un pedazo de este planeta, se crea un caos en las órbitas de los demás. Y depende de que no exista otro sol gemelo del nuestro: un némesis, que cause un desbarajuste de nuestras órbitas periódicamente con su aproximación. Lo que pasa es que nosotros tenemos la memoria muy corta, porque ¿qué es la vida humana? Un pestañeo.

Los estudios paleolíticos nos muestran que hace apenas 10 años terminó una glaciación, y nos muestran que hubo varias de estas.

¿Qué efectos puede tener sobre la humanidad el cambio del clima que se está iniciando? Nosotros seguimos tan campantes planeando la activad económica del Banco Central para el crecimiento, como si nada estuviera ocurriendo, mientras en el espacio se trama nuestra desaparición; como especie orgullosa, que se cree muy fufurufa, mientras posiblemente trabaja por su propia destrucción.

Ya puede ser que venga Némesis, el sol binario, desde las profundidades del espacio, a cambiarnos las órbitas de los planetas. De repente se lleva a la tierra, ya sin vida, hacia las profundidades del espacio infinito, o a empezar otro ciclo de evolución. De repente ese es el juego: ver hasta dónde puede llegar la evolución. La de nosotros llegó hasta ver cuánto se pueden ganar los inversores.

La sostenibilidad está incomparablemente expresada en la carta del cacique Seatle al presidente de los Estados Unidos que quería comprarles las tierras que no eran de ellos.

Otra ronda de evolución es necesaria porque nosotros no pudimos aprender el mandato de amar al hermano, y lo sustituimos por el de competir o morir. Pero Dios tiene todo el tiempo del mundo. El puede esperar a ver cómo sale la próxima ronda. Y puede hacer otra ronda, si no sale bien

La precariedad del clima; la precariedad de todas las cosas físicas realmente, hace que tengamos que creer en que la seguridad esté en las cosas espirituales; aunque eso hace necesario que creamos en el espíritu; en el que creemos con mucho fundamento. Digámoslo más claramente: el espíritu se refugia en el cielo de los cambios inevitables de la materia.

Yo no soy persona religiosa; no puedo creer en cuentos de niños. Si los creyera sería más feliz. Pero creo que hay un mundo inmutable del espíritu, paralelo al mundo de la materia precaria, de lo cual tengo cierta evidencia.

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