El canal de Nicaragua

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Fernando Berrocal Soto

Fernando Berrocal Soto

Edén siempre soñó con el Canal de Nicaragua por el río San Juan. Hace muchos años, cuando éramos muchachos y buenos amigos, lo conversamos muchas veces con Carlos Coronel, entre cacerías de venado y tenidas poéticas con el viejo y sabio José Coronel Urtecho en su finca a un lado del río Medio Queso y al otro lado del río San Juan, en ruta desde el puerto de San Carlos hasta la finca de los Lugo, navegando hacia al viejo Castillo.

Entre conspiraciones contra la dictadura somocista y viajes en lancha por el enorme y verde río, ese sueño de Edén fomentó nuestra amistad. Pocos costarricenses y nicaragüenses saben la importancia del San Juan, en la época de la fiebre del oro en California, cuando era más rápido y menos peligroso hacer esa ruta que cruzar los Estados Unidos de este a oeste, atravesando el enorme territorio de los siouxs y los apaches. Así, llevando y trayendo oro y pasajeros, a través de la Ruta del Tránsito, el Comodoro Vanderbilt se hizo multimillonario y con ese dinero construyó los ferrocarriles en los Estados Unidos. Edén conoce bien esa historia y sabe y valora el valor estratégico del Río San Juan, antes y todavía hoy en día.

Pero el canal se construirá más al norte, por el río Rama, en el centro de Nicaragua. No tengo la menor duda de que se construirá. Así tiene que ser. En un mundo globalizado y desplazado el centro del comercio mundial hacia el Océano Pacífico, la ruta más corta para llegar a la costa este de los Estados Unidos y a Europa desde Asia, China, Japón y los países del ASEAN, sigue siendo a través de un canal por Centro América. Panamá lo entendió bien y está en los suyo: ampliando el canal dentro de parámetros tradicionales. Nicaragua, superada la Guerra Fría, está haciendo también lo propio con China y Rusia. Así, Costa Rica quedará en el medio de los dos canales que comunicarán el Océano Pacífico con el Océano Atlántico y que acercarán las rutas de comercio mundial entre el este y el oeste del mundo, como tiene que ser y será la nueva realidad económica internacional en el siglo XXI.

Hace unos años me habría preocupado por los daños colaterales. Ahora también lo estoy, aunque estoy convencido de que la construcción del Canal de Nicaragua será de mucho provecho para Costa Rica que, como país, quedará en el medio de las dos grandes rutas inter oceánicas a nivel mundial y esa será una gran oportunidad para desarrollar una importante zona económica productiva y de servicios de primer orden. Ese casi que será el destino manifiesto de Costa Rica y asegurar la paz entre nuestros hermanos al norte y al sur y en medio de tigres de primer orden mundial. ¿Se imaginan las agendas ocultas de los americanos, los europeos, los rusos y los chinos? Bueno, pero así será. Eso es inevitable.

Pero entonces… ¿Qué sentido actual tiene el conflicto de isla Calero y el dragado del río San Juan, si el canal de Nicaragua no va a ir por ahí, sino mucho más al norte, por el río Rama? La verdadera tesis nicaragüense es que si logran bajar unos cuantos metros hacia el sur la frontera histórica con Costa Rica, entonces Nicaragua podrá variar su línea fronteriza imaginaria y penetrar las enormes reservas de gas que existen en la frontera marítima entre Costa Rica, Panamá, Colombia y Nicaragua, proyectando esa línea hacia el mar Caribe en el Océano Atlántico. Eso es todo. Eso, por supuesto, nunca lo conversé entonces con Edén Pastora, pero ese es el otro sueño de Nicaragua: convertirse en exportador de gas. Debo decir que un excelente sueño, aunque para nada a costa de un milímetro de territorio de Costa Rica.

Mi otra preocupación es el narcotráfico. Esos delincuentes tratarán también de ser actores ocultos, en esa poderosa y rica encrucijada del comercio mundial que serán los dos canales y el territorio en el medio que será el costarricense. Eso sí es para preocuparse. Lo otro será política y un poco de mano izquierda y derecha. Lo del narcotráfico sí es grave para Costa Rica.

Debe haber sido hace 40 años que hablaba con Edén y Carlos Coronel sobre la Ruta del Tránsito y el viejo y aventurero Comodoro, cuya escultura visite con gran interés, muchos años después, a un lado de la Estación Central en Nueva York. Ahí me pregunté: ¿Cuántos americanos sabrán que este viejo se hizo multimillonario explotando el río San Juan? Desde entonces ha pasado mucha agua por el río. El escenario de los dos canales llegará más pronto, en no menos de 20 años. Nicaragua, Costa Rica y Panamá, son estratégicos en el mundo del comercio mundial y el siglo XXI. Esa es la realidad y está ante nuestros ojos, para bien o para mal y para dolor de muchos ambientalistas.

Me pregunto y sé que esta pregunta generará las tormentas de siempre: ¿No será hora de que Costa Rica comience a hablar con Nicaragua y que nos tomemos en serio a Daniel Ortega? Digo yo, que soy integracionista y que hace mucho aprendí de Henry Kissinger “que los Estados Unidos no tienen amigos, sino intereses”, por lo que me liberé de todos los prejuicios ideológicos y, aunque no me ha salido de la social democracia y creo que ahí moriré, sí confieso que con los años me he hecho pragmático. Por favor: ¡Es que Nicaragua y Panamá están haciendo bien las cosas! ¿Será que en el Valle Central, las montañas no nos dejan ver más allá de nuestro idílico paisaje y no nos damos cuenta de estas verdades de nuestro tiempo? Costa Rica tiene que comenzar a pensar con visión del siglo XXI.

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