El cambio…

Fernando Berrocal

Fernando Berrocal Soto

Un sector del país y los partidos políticos, especialmente el PLN, siguen sin entender que las últimas elecciones fueron un pulso electoral entre la exigencia popular de un cambio y el establishment y statu quo; y que la primera opción ganó y no porque su candidato fuera mejor o peor que el expresidente Figueres o estuviera menos preparado o tuviera menos experiencia en asuntos de Estado, sino porque la gente, el pueblo, en su inmensa mayoría, está harto de las condiciones del país, y porque las instituciones de la Segunda República no responden más a las exigencias del siglo XXI.

Ahora se rasgan las vestiduras porque el presidente Rodrigo Chaves se presentó ante el pleno de la Corte Plena y dijo con valentía las cuatro verdades, aunque no con las mejores palabras y con un lenguaje fuertísimo, quizá inapropiado, pero eso son solo formas y esa es su personalidad y ese NO es el problema de fondo que, en lo fundamental, es la necesidad y urgencia de una Reforma Judicial, pospuesta por años y archivada por los magistrados que se resisten a una tesis que el constitucionalista Alex Solís ha resumido así:

“El presidente no ha invadido o usurpado ninguna función del Poder Judicial con criticar sus negligencias. Es el Poder Judicial el que en más de un año no ha designado al Fiscal General y el que todos los días, a cada instante, quebranta el Derecho Humano a la justicia pronta y cumplida. El Poder Judicial no es intocable, presta un servicio en nombre del pueblo y, como tal, está sujeto a los principios de publicidad, eficiencia, eficacia y rendición de cuentas”. Totalmente de acuerdo con esta clarísima posición del colega.

Claro que el Poder Ejecutivo debe respetar la división de Poderes y que en ese principio se fundamenta el sistema de vida en libertad y democracia y la singularidad de Costa Rica, pero no hay abogado litigante en este país que no se haya sentido, en algún momento de su trayectoria profesional, impotente y acorralado ante la incapacidad, negligencia, prepotencia y falta de conocimientos de algún Juez y de algunos Tribunales Superiores.

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