El auge del laborismo de Corbyn

Un mes después de la elección general en Reino Unido, las cosas han seguido empeorando para Theresa May. El último sondeo de YouGov le da una ventaja de ocho puntos al Partido Laborista sobre los conservadores. En esta entrevista, el analista político Matthew Laza explica el proceso de auge del laborismo de Corbyn.

Por ​Hannes Alpen

El auge del laborismo de Corbyn

Un mes después de la elección general en Reino Unido, las cosas han seguido empeorando para Theresa May. El último sondeo de YouGov le da una ventaja de ocho puntos al Partido Laborista sobre los conservadores, con un apoyo de 46% del electorado si la elección fuese mañana. ¿Cuáles son las razones para esta repentina popularidad laborista (y es en parte debido a los fracasos de los tories)?

El aumento de la popularidad del laborismo desde el 8 de junio es la continuación directa de lo que ocurrió en las últimas etapas de la campaña electoral y se puede explicar tanto por un incremento de la popularidad del partido mismo como por la lenta implosión de Theresa May como primera ministra en la percepción popular.

Mientras la campaña avanzaba, May pasó de proyectar el liderazgo «fuerte y estable» de su tan parodiado eslogan a ser vista como fría e inaccesible. Los medios la bautizaron «Maybot» –combinando su apellido con la palabra robot– y el apodo prendió. En entrevista tras entrevista, pareció incapaz de hacer otra cosa que repetir consignas vacías de contenido, la mayoría de las veces «fuerte y estable», lo que resultó muy negativo. Su rechazo a participar en el debate televisivo con los principales líderes partidarios no hizo más que sumar a la sensación de que estaba evitando cualquier tipo de escrutinio porque no tenía ninguna visión positiva para ofrecer. La sospecha de que los tories estaban usando el ataque como medio de defensa fue fundamental para neutralizar el impacto de sus embates contra Corbyn. Aun cuando lo atacaban en áreas en las que era vulnerable –por ejemplo, su relación cuanto menos ingenua con algunos grupos que apoyaron el terrorismo en las décadas de 1980 y 1990–, no se les prestó atención: «es lo que esperábamos que dijeran, ¿verdad?».

Por el contrario, Corbyn se benefició del estereotipo nacional de apoyar al que lleva las de perder –recordemos a Eddie «el Águila» Edwards, un esquiador olímpico al que le fue tan mala que se volvió un héroe nacional–. Corbyn se convirtió en el «Eddie el Águila» de la política –seguramente, no podía ser tan «malo» como lo pintaban los medios–. Esto le abrió una oportunidad, y ni sus más acérrimos críticos podrían negar que el líder laborista la capitalizó con aplomo. Mientras May se volvía más rígida en sus apariciones en los medios, Corbyn se relajaba. Los tabloides que apoyaban a los tories seguían etiquetándolo como un trotskista aterrador, pero él lograba proyectar una imagen a la vez genuina y empática, la de un abuelito adorable frente a la de directora de escuela crispada que ofrecía May.

Desde el inesperado buen desempeño del laborismo, esta tendencia no ha hecho más que acelerarse. La tragedia de la torre Grenfell encapsuló sus diferentes enfoques: los parlamentarios evitaron reunirse con las víctimas y fueron filmados hablando solo con los servicios de emergencia, mientras que Corbyn tomaba un té con las víctimas, escuchaba sus espantosas historias y los abrazaba cuando sollozaban. Este crudo contraste en el tratamiento de estos pobres, en su mayoría trabajadores inmigrantes, en el barrio más acaudalado de Europa, no podría haber ejemplificado mejor el mensaje de Corbyn. Si la elección hubiera tenido lugar una semana más tarde (esto es, post-Grenfell), Corbyn habría ganado.

Tras la elección, la guerra civil en el seno conservador está comenzando a convertir el «Brexit» en una farsa y a aumentar la imagen de un gobierno desorientado que se aferra al poder, como lo demuestra el miserable acuerdo con el Partido Unionista Democrático de Irlanda del Norte.

El ex-líder del laborismo Ed Miliband también encabezaba las encuestas antes de las elecciones de 2012, pero luego el apoyo a su partido se desplomó. ¿Cómo puede el laborismo mantener el liderazgo en esta ocasión?

Un comentarista agudo escribió hace unos días, luego de ver a Corbyn en una interpelación a la primera ministra, que «ningún líder ha irradiado una confianza tan absoluta en ganar la elección desde que Theresa May convocó a elecciones anticipadas diez semanas atrás». Allí se encuentra el gran peligro para los laboristas: se beneficiaron de un tardío incremento súbito en el apoyo. Algo de esto pasó porque algunas políticas específicas, especialmente la propuesta de eliminar las matrículas universitarias, y el estilo de liderazgo de Corbyn impulsaron el apoyo de la juventud. Pero en general primó la sensación de «darle una oportunidad a Corbyn» porque el liderazgo tory mantuvo los detalles de la política laborista fuera de análisis. Si los tories logran organizarse, probablemente deshaciéndose de May y recuperando el control del «Brexit», entonces aumentará el escrutinio de las políticas laboristas y sus aspectos más controvertidos, empezando por su compromiso sin reparos con el concepto de «recaudar y gastar», podrían empezar a impactar en las mediciones del partido en las encuestas.

Las altas mediciones del Partido Laborista ¿significan que finalmente está reconquistando a los simpatizantes de la clase obrera que se habían pasado al Partido de la Independencia de Reino Unido (UKIP) y a los conservadores en elecciones pasadas?

En síntesis, no. Una de las explicaciones claves para el relativo éxito de del Partido Laborista fue su habilidad para construir una coalición de los muy pobres y los instruidos. Por primera vez desde Iraq, el voto «liberal» volvió al laborismo, en parte porque percibía que los laboristas eran hostiles al «Brexit», aun si la posición oficial era prácticamente la misma que la de los tories. Amplias franjas del creciente electorado universitario, urbano y socialmente liberal votó a los laboristas; es el tipo de votantes que con frecuencia apoya a los Verdes en Alemania.

Al Partido Laborista le fue mal entre los trabajadores con calificación tradicional y la clase media-baja. Le fue mejor de lo esperado en cuanto a atraer a quienes antes votaban por UKIP, pero la mayoría se volcó a los tories. De hecho, el Partido Laborista perdió algunas bancas a manos de los tories y todas corresponderon a regiones de las Midlands inglesas que apoyaron masivamente el «Brexit» y donde se percibe a Corbyn como muy londinense y «metropolitano».

Una investigación reciente que hemos hecho en Policy Network sostiene que el laborismo puede ganar la próxima elección general cuando sea. No obstante, para asegurar una mayoría parlamentaria decisiva, que sostenga al gobierno laborista en funciones por al menos dos periodos, tendrá que expandir en forma significativa su apoyo electoral. Nuestro análisis, basado en una encuesta exclusiva de opinión pública realizada por Populus, indica que hay dos estrategias políticas y electorales disponibles para ellos. La primera es la llamada «enfoque Bernie Sanders», que propone seguir expandiendo el voto laborista entre la clase media profesional, los votantes más jóvenes en una situación económica precaria y los grupos más pobres de menores ingresos. Estos votantes fueron el núcleo duro de la coalición de Corbyn en 2017.

Hemos llamado al abordaje alternativo «estrategia Clem Attlee» (en honor del legendario premier laborista de 1945): esta implica construir apoyo para los laboristas en todas las categorías sociales y en todo el país. La estrategia Attlee busca que el partido gane apoyo entre los votantes de ingresos bajos y medios que tienden a poblar la «Gran Bretaña comunitarista» y que están menos convencidos del programa y la agenda política laborista. Este grupo de votantes se define por su lucha por «llegar a fin de mes»: viven con ingresos de medianos a bajos y ganan solo lo suficiente para sobrevivir cuidando minuciosamente el presupuesto familiar. Las 64 bancas parlamentarias que deben ganar los laboristas la próxima vez para asegurarse la mayoría absoluta corresponden a regiones pobladas en forma desproporcionada por estos votantes de grupo socioeconómico C2, que tienden a ganar aproximadamente entre 21.000 libras y 34.000 libras al año. El objetivo debería ser no solo escurrirse hasta la meta con «un empujón más», sino lograr un mandato significativo, mediante el cual el Partido Laborista pueda transformar el país en beneficio de muchos, en lugar de unos pocos.

El programa electoral laborista declaraba que querían «terminar con la libertad de circulación» dentro de la Unión Europea y, al mismo tiempo, «conservar los beneficios del Mercado Único y la Unión Aduanera», algo imposible de acuerdo con los funcionarios de la UE. ¿Cuál es la estrategia actual para el «Brexit»? ¿Ha cambiado desde la elección?

Esta pregunta resume brillantemente la gran línea de falla en la política laborista sobre Europa. Ha tratado de mirar en dos direcciones: asegurándoles a quienes votaron por el «Brexit» que no se interpondrá en la salida de Reino Unido, y al mismo tiempo tratando de ofrecer una cortina de humo a los votantes por la permanencia en la UE, diciendo que permanecerá firme en los temas que a estos les importan, como el acceso al mercado único.

Se supone que es el laborismo, y no el gobierno tory, el que está tratando de «tenerlo todo» en relación con el «Brexit». Y no es un enfoque que sea sostenible por mucho tiempo. Cuando comience el largo y enredado proceso parlamentario para la salida, el laborismo tendrá que mostrar sus cartas sobre los detalles. Si, como es probable, también queda en evidencia que la UE27 ofrecerá un acuerdo poco favorable o ninguno, eventualmente el Partido Laborista se verá forzado a elegir entre apoyar un «mal Brexit» o convocar a un segundo referéndum.

Es probable que el «Brexit» se convierta en una pesadilla para Corbyn. Se debatirá entre sus propias décadas de hostilidad hacia la UE y el entusiasmo genuino que muchos de sus nuevos votantes y casi todos los nuevos miembros que él ha atraído al laborismo tienen por la permanencia de Reino Unido en la Unión. Como están las cosas, bien podrían ser la cuestión de Europa y las difíciles decisiones que su héroe se verá forzado a tomar lo que finalmente amenace mancillar el «enamoramiento» con Corbyn. También tendrá que manejar un grupo parlamentario del cual al menos 50 integrantes, todos ellos representantes de áreas en las que ganó la permanencia, no tienen intención de votar para colaborar en un «Brexit» duro. Castigar a los parlamentarios laboristas por votar según su conciencia en el tema de la UE no va a volver a «Jezza» seductor a los ojos de la opinión liberal.

¿Cuánto tiempo permanecerá Theresa May en el gobierno?

Una cosa es segura: de ningún modo los parlamentarios tories estarán dispuestos a arriesgarse a que ella los lidere en otra campaña electoral. Sin embargo, tampoco quieren arriesgarse a otra convocatoria anticipada a elecciones que cualquier líder reemplazante pueda sentirse obligado a lanzar. La solución «elegante» para evitarlo es permitir que May «concrete» el Brexit y luego deje su cargo en 2019. Según esta lógica, un nuevo líder podría entonces beneficiarse de un «rebote del Brexit». La verdad es que parece bastante improbable que May, quien es considerada universalmente como un «pato rengo» y siendo la pregunta no si se va sino cuándo, pueda mantener unido al partido para concretar el «Brexit». La actual guerra entre el ministro de Finanzas escéptico sobre el «Brexit» y el resto del gabinete solo señala lo enredado que se pondrá todo dentro del partido tory.

Matthew Laza es director de Policy Network, un think thank británico. Anteriormente, trabajó como productor de programas de actualidad de la BBC antes de convertirse en asesor de Ed Miliband, ex presidente del Partido Laborista, en el período previo a las elecciones de 2015.

Traducción: María Alejandra Cucchi

Fuente: Nueva Sociedad


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