El alma llanera en luto: dos años sin Tío Simón

Nicolás Boeglin (*)

Simón Díaz

El pasado viernes 19 de febrero, se conmemoró el segundo año de la partida de Simón Díaz, más conocido como “Tío Simón”: uno de los máximos exponentes de la música llanera y uno de los cantautores contemporáneos de mayor renombre en Venezuela. “Hablar de Simón Díaz es hablar del ícono de la venezolaneidad, es hablar también de uno de los compositores populares más valiosos de América Latina” reza la portada de un disco (Nota 1).

Nacido un 8 de agosto de 1928 a las 8 de la mañana en una familia que llego a tener 8 hijos, Simón Díaz creció en el pueblo ganadero de Barbacoas, en el extremo sur del pequeño Estado de Aragua, que colinda con el medio del Estado de Guárico (cuya forma se asemeja a la de un corazón en el centro de Venezuela). Desde muy temprana edad, se dio a conocer por su incomparable don para improvisar coplas de artistas locales. Las dificultades de la vida no fueron impedimento alguno: «A los 12 años murió mi papá y me tocó a mí ser el hombre de la familia», relató Simón Díaz en una entrevista a la prensa. Desde el famoso “Caballo Viejo” hasta “Sabana”, “La luna de Margarita”, “El loco Juan Carabina”, pasando por “Mi querencia”, “Becerro”, “La pena del becerrero”, “Aquel”, “Flor de mayo”, sus innumerables tonadas y pasajes encantaron con sus letras y sus notas no solo las cálidas noches de los llanos venezolanos (los cuales comparten con los colombianos una misma cultura musical muy ligada a las faenas del campo, acompañándose en ambos casos del harpa, de las maracas y del cuatro) sino a gran parte del mundo.

Algunas de sus canciones rescatan la tradición musical de los llanos para acompañar la tarea del ordeño de la vacas en las frías madrugadas, como “Corral de ordeño” o “Tonada del tormento”. Esta última incluye el sonido del ordeñar, entre otras muchas tonadas como “Cantos del ordeño”. En una de sus entrevistas sobre la tonada llanera venezolana, leemos que: “A mediados de la década de los años 50, yo me entero que la tonada estaba peligrosamente condenada a desaparecer por cuanto en esa época Venezuela consumía el doble de leche que producía, entonces para cubrir el déficit la idea era mecanizar las fincas y con ella iba a desaparecer su materia prima, ese hombrecito que cada madrugada le cantaba a la vaca, su fiel confidente, sus alegrías y tristezas“, dijo. “Por eso fue que me dediqué a buscarla y componerla, para ayudar a definir y dejarle a Venezuela un aire musical”, agregó. “Hoy día podemos asegurar que en el repertorio de los mejores cantantes (folclóricos) estará la tonada llanera, un género musical netamente venezolano” (Nota 2).

La infancia de Simón Díaz rodeada del campo y de las vacas y de sus historias, contada por él mismo puede ser incluso oída aquí en el marco del homenaje que se le hizo al cumplir sus 70 años de vida y 50 de trayectoria artística. Inicia con una frase que nos permitimos reproducir: “Así comenzó mi vida, ordeñando amor, ordeñando leche, ordeñando canciones”.

Si bien muchas piezas de la música llanera lograron en algún momento de la historia proyectarse más allá de Venezuela y de América Latina (Nota 3), Simón Díaz viene a proyectar el espíritu llanero. Pedro Almodóvar en varias de sus películas, el mismo Julio Iglesias, así como Plácido Domingo, Mercedes Sosa, Caetano Veloso, Celia Cruz, Joan Manuel Serrat (para citar tan solo a los más famosos) percibieron la fuerza de su mensaje y permitieron, cada uno a su manera, dar a conocer las coplas y notas del Tío Simón y de la música llanera hacia otras latitudes. Además de joropos, tonadas, pasajes, Simón Díaz incursionó también en otros géneros como salsa, son, bolero y tango.

Enamorado de su país y de su pueblo, de la sencillez de la vida del campo y de los tesoros de la naturaleza, de la sabiduría campesina, sus canciones y sus versos constituyen un prodigioso canto de amor a la vida.

Su genio desbordante como poeta y compositor musical, con una permanente preocupación por rescatar las tradiciones y la cultura llanera, quedó plasmado en más de 70 producciones discográficas. Entre muchos de los recuerdos, que podemos ahora atesorar, el del público en el teatro caraqueño Teresa Carreño en julio de 1998, prestándose a un ejercicio de “boca chiusa”, y entonando a todo pulmón con Simón Díaz el famoso “Caballo Viejo”, gradería contra palco, palco contra gradería, mujeres contra hombres y viceversa (disponible aquí) en medio de aplausos, lágrimas y risas, permanecerá como uno de esos mágicos momentos de su fascinante trayectoria artística.

 
El prodigio de su creatividad musical, su extraordinaria calidez humana y su incomparable don de gente hacen que todos, venezolanos y no venezolanos, latinoamericanos y no latinoamericanos quisiéramos entrañablemente a este tío tan cercano y lejano a la vez. Muchos encontramos siempre en la profunda sencillez de sus estrofas un consuelo, un consejo y una esperanza en nuestro diario vivir. Para el poeta y cantante catalán Joan Manuel Serrat, “muy pocos saben que ha hecho música que es común a todos. Su sencillez, profundamente provinciana, es lo que la ha hecho tan internacional” (Nota 4).

El hecho que su desaparición coincidiera con las horas más dramáticas y turbias vividas por Venezuela en febrero del 2014, hace que nos sintamos desde entonces un poco más huérfanos, en medio de la convulsión que azota a la hermosa tierra de nuestro amado y recordado Tío Simón.

(*)  Ese artículo se escribe por parte de un simple amante de la música llanera “descubierta”, a mediados de los años 80, en la biblioteca municipal de Estrasburgo (Francia), en un disco de música latinoamericana que incluía una pieza de Venezuela: “El chinchorro”. La musicalidad de las notas, la sencillez de los versos, el sonido arrollador del cuatro y el compás similar al del galopar de un caballo resultaron, con el pasar del tiempo (y con la entrañable complicidad y compañía de estudiantes venezolanos y colombianos en Estrasburgo de aquella época), impactantes. Esta canción y su magistral interpretación constituyeron para el autor una verdadera iniciación a la música llanera. Objeto de largas búsquedas, nos permitimos compartirla con nuestros lectores: “El Chinchorro” interpretada por Los Folkloristas.

Nota 1: Véase La Historia- Simón Díaz. 50 años de éxitos y vida artística, Latin World, 2003 (disco).

Nota 2: Véase entrevista a Simón Díaz, Universal de Caracas del 19/02/2014 (ver artículo).

Nota 3: además del verdadero “himno nacional” que constituye la canción “Alma llanera” mundialmente conocida, la canción “Ansiedad” llegó a ser internacionalizada por muchos cantantes de habla hispana, e incluso por Nat King Cole (disponible aquí). Además de intérpretes que incluyeron (fuera de Venezuela y de Colombia) piezas de la música llanera en su repertorio – como por ejemplo, Mercedes Sosa (Argentina), Violeta Parra (Chile) o Los Olimareños (Uruguay) con, entre otros, y a modo de ejemplo “El Gavilán” de Angel Custodio Loyola (1926-1985), (ejecución de Los Olimareños disponible aquí) – artistas de otras latitudes han recurrido al género musical llanero para sus propias composiciones: en su momento así lo hizo la agrupación Inti Illimani (Chile) con la canción “Polo doliente”.  Más reciente, encontramos, entre muchos, a Georgina Hassan (Argentina) con su canción “Décimas”. La imponente tradición musical de Venezuela explica posiblemente que la música llanera haya también logrado ser parte del repertorio de algunos instrumentos clásicos, como por ejemplo el joropo “Seis por derecho” de Antonio Lauro (1917-1966) para guitarra, incluido en el repertorio del afamado guitarrista español Narciso Yepes (ver ejecución del guitarrista Flavio Sala disponible aquí) o diversas piezas para piano del compositor Moises Moleiro (1904-1979) (ver por ejemplo “Joropo” ejecutado por Silvia Navarrete).

Nota 4: Véase palabras de Joan Manuel Serrat citado en el artículo del Universal del 19/02/2014 antes mencionado, disponible aquí.

Enlaces a algunas de las más famosas piezas musicales de Simón Díaz (selección):

 
Caballo Viejo”, interpretado por Placido Domingo y Simón Díaz, Teatro Teresa Carreño, y la Orquesta Sinfónica Juvenil de Venezuela, Caracas.

Caballo viejo”, Simón Díaz, Teatro Teresa Carreño, Caracas, con palco versus “patio”, mujeres versus hombres. Audio únicamente.

La pena del becerrero”, Simón Díaz, Teatro Teresa Carreño.
 
Pintiparao”, Simón Diaz.
 
La tonada del tormento”, Simón Díaz.


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