EE. UU. pone en la cuerda floja su hegemonia mundial

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El sereno

Álvaro Campos Solís
campos.solis.alvaro@gmail.com

Alvaro Campos

Estados Unidos de Norteamérica es un país grande que va perdiendo su grandeza. Es decir, su territorio sigue siendo el mismo, nueve millones 841 mil kilómetros cuadrados, pero la majestad y riqueza que por años lo convirtieron en la primera potencia mundial van desapareciendo ante el cúmulo de problema que surgen de la noche a la mañana, los cuales socavan los cimientos de una nación que ha hecho ostentación del poder a lo largo de los últimos 75 años.

La nación que comparte fronteras con México y Canadá se ha convertido en un inmenso recipiente en el que se acumulan problemas de la más diversa naturaleza. Unos son de origen doméstico, algunas veces promovidos por el actual inquilino de la Casa Blanca, Donald Trump; otros llegan del exterior. En ese inmenso abanico de problemas destacan los de carácter económico, político, sanitarios y raciales que de alguna manera van socavando la riqueza y el poder que ese país logró alcanzar a base de trabajo y se fortaleció al concluir la Segunda Guerra Mundial, cuando se repartió el botín.

A esos problemas hay que añadirle el cambio climático o calentamiento global, además de la estrepitosa caída de los precios del petróleo, que en hace pocas semanas resultó más rentable dejarlo en el subsuelo y de esa manera contribuir con la descontaminación del medio ambiente. La temporada de huracanes recién comienza y también amenaza.

En tales circunstancias, el futuro de los Estados Unidos de América resulta impredecible, como impredecible resultan las consecuencias que el resto del mundo puede acarrear. La frase en vieja, pero ahora cobra actualidad: “cuando Estados Unidos estornuda, el mundo se resfría”.

Apenas daba inicio el presente año, la pandemia del coronavirus brotó en una ciudad de la República Popular China y rápidamente se extendió por el mundo entero. La peor parte la llevó Estados Unidos donde el número de muertos hasta finales de mayo superaba los cien mil. La pandemia se encargó de acelerar la recesión que a su vez golpeó la actividad empresarial y aumento por millones el número de desempleados. 40 millones. La crisis ha golpeado con especial rudeza a los sectores mas débiles, en particular a los grupos minoritarios como los negros (13 por ciento de la población) y los latinos que han convertido a ese país en su segunda patria.

No había terminado el confinamiento al que estaba sometida la población por orden de las autoridades sanitarias, para evitar más contagios del covid 19, cuando en numerosas ciudades estalló la violencia racial, luego que un policía blanco asesinara a un ciudadano negro en Minneapolis, Minnesota.

El asesinato a sangre fría de George Floyd, por parte del policía Dereck Chauvin, a vista y paciencia del mundo entero, prácticamente prendió la ira y la violencia en grandes ciudades de la nación americana. Paradójicamente, el asesino hincó una rodilla sobre el cuello de la víctima, hasta matarlo por asfixia. Sin embargo, Chauvin está acusado de asesinato en tercer grado, lo cual significa que no hubo alevosía ni ensañamiento. Lo que muestran las imágenes y la misma autopsia confirma otra cosa. Las manifestaciones se tornaron violentas y surgió el vandalismo, saqueos e incluso golpes a los agentes del orden además del incendio de estaciones y vehículos de la policía. La ira contra la supremacía blanca y la brutalidad policiaca se impuso a las medidas orientadas a evitar más contagios y más muertes por el coronavirus.

La situación alcanzó un caso inédito en la historia de ese país, cuando en la noche del 31 de mayo fue necesario llevar al Presidente Trump a un bunker subterráneo, mientras se desarrollaban violentas manifestaciones frente a la Casa Blanca. Trump ha calificado esas protestas de “terrorismo” y con ello le ha echado más combustible al conflicto.

El futuro para esa nación y para el mundo entero se torna incierto y cargado de zozobra. Un rebrote del covid 19 podría dejar en suspenso las elecciones en los Estados Unidos previstas para el próximo 2 de noviembre, mientras que la recesión afectaría el pago de la deuda externa contraída por los países latinoamericanos con bancos privados y organismos multilaterales. Algunos gobiernos de la región empiezan a admitir que no disponen de recursos ni para el pago de los intereses, mucho menos para honrar el principal. Como decimos en nuestro país, la recuperación de ese dinero, por parte de los acreedores “está en la cola de un venado”

La situación se torna preocupante al conocer el criterio de los expertos. “La crisis originada por la deuda es grave y amenaza con provocar el derrumbe del actual sistema financiero internacional, a menos que se encuentre una nueva fórmula”, señala un informe oficial.

Aquel país que a mediados del siglo XVIII recibía oleadas de británicos, fundadores de las primeras 13 colonias, ahora solo recibe a los extranjeros que logran superar numerosos filtros, siendo el más importante no llegar en busca de oportunidades laborales porque ese país, para los efectos prácticos, dejó de ser el “sueño americano”. Una muestra: miles de hombres y mujeres que intentan ingresar a ese país, en busca de mejores condiciones de vida, incluso en busca de libertad y seguridad, son devueltos de la frontera con México. La Estatua de la Libertad pierde su simbolismo.

Estados Unidos se llenó de gente, de todo el mundo, 328 millones de personas y también se llenó de problemas. En el plano político las elecciones a la vuelta de la esquina aumentan la crispación social y cada día se hace más evidente la polarización. Blancos versus negros, latinos y chinos. Ricos versus pobres. Los republicanos proponen a Donald Trump para un segundo mandato. Los demócratas apuestan por Joe Biden, quien fuera el vicepresidente de Barack Obama.

Al margen del candidato que triunfe en esa contienda electoral, los Estados Unidos tendría que seguir atendiendo los conflictos surgidos en numerosos puntos de la geografía mundial, para lo cual dispone de unas 800 bases militares, 76 de las cuales están en América Latina y millones de soldados que requieren armas, equipo, alimentación, salud y salario. El país más poderoso del mundo, en términos militares, también dispone de sofisticadas y complejas armas (aviones, misiles con ojivas nucleares, porta aviones, submarinos atómicos, etc.) cuya construcción y mantenimiento demanda miles de millones de dólares diarios. Nadie, hombre o nación, dispone de reservas infinitas. Ya se sabe que la alquimia (transformar cualquier metal en oro) no fue más que una creencia esotérica.

Seguro que muy pocas personas estarán al corriente de cual será la apuesta de los Estados Unidos para conservar la hegemonía mundial, en momentos en que la República Popular China avanza, chequera en mano, concediendo préstamos a numerosos países con serios problemas financieros.

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Periodista


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