EE.UU.: ¿Crees que Sanders no puede ganar? Es que no entiendes su campaña

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Keeanga-Yamahtta Taylor

Sanders

A medida que se acercan las elecciones primarias del Partido Demócrata, la dirección del partido ha comenzado a inquietarse públicamente con respecto a la sanidad universal y otras propuestas ambiciosas. Hasta el expresidente Barack Obama intentó calmar los temores de los donantes en el pasado noviembre cuando dijo que el “estadounidense medio” no piensa que debamos “derribar el sistema y rehacerlo”. Su comentario refleja la esencia de las tensiones que vienen agitando al partido desde hace meses. Las elites del partido consideran que centrarse simplemente en las andanzas del presidente Donald Trump bastará para acabar con su presidencia, mientras que otros responden que los Demócratas también han de defender políticas valientes.

La sorprendente tenacidad de la campaña del senador Bernie Sanders, de Vermont, se basa en este último enfoque. El improbable ascenso de Sanders a candidato Demócrata comenzó en 2015, cuando organizó su campaña para la presidencia en torno a un programa redistributivo de sanidad universal y gratuidad de la enseñanza universitaria, además de una serie de otras reformas progresistas. Miembros del partido rechazaron esto por fantasioso y desfasado, pero Sanders retó activamente a Hillary Clinton en las primarias, obteniendo 13 millones de votos.

Sanders no ha diluido su mensaje desde entonces, sino que ha reafirmado sus promesas de reformas socialistas de “gobierno de progreso”, mientras atraía a otros y otras candidatas a su bando. A pesar de que aumenta la popularidad de Sanders, ni el aparato del Partido Demócrata ni los grandes medios de comunicación comprenden su campaña. Esto se debe a que da la espalda a los lugares comunes de la política actual: rebajas de impuestos para los ricos y las empresas y asociaciones público-privadas para financiar la sanidad, la educación, la vivienda y otros servicios públicos.

Después de que durante meses se predijera su final prematuro, la carrera imprevista de Sanders sigue avanzando. En octubre, comentaristas y otros expertos electorales opinaron que tal vez Sanders debería abandonar y declarar su apoyo a la senadora Elizabeth Warren, de Massachusetts, visto el avance de ella en las encuestas y el ataque cardiaco que sufrió él. Sin embargo, las dudas se convirtieron muy pronto en entusiasmo cuando Sanders obtuvo el codiciado apoyo de la diputada Ilhan Omar de Minnesota. Al poco tiempo se le unieron las diputadas Alexandria Ocasio-Cortez de Nueva York y Rashida Tlaib de Michigan.

El apoyo entusiasta de tres de las cuatro miembras del llamado escuadrón es un ejemplo de cómo la campaña de Sanders ha crecido desde 2016, cuando fue criticada por ser demasiado blanca y demasiado masculina y por subestimar la importancia de la opresión racial y de género. Algunas de las críticas eran exageradas, no en vano Sanders obtuvo el 52 % de los votos de la juventud millennial en 2016 y recibió el respaldo de activistas del movimiento Black Lives Matter como Erica Garner, fallecida en 2017. Sin embargo, Sanders de todos modos se tomó en serio las críticas.

No obstante, gran parte de los medios se han quedado atascados en 2016 y no han sabido captar cómo la campaña de Sanders se ha convertido en una tribuna de la gente oprimida y marginada. También podemos calibrar este cambio a la luz del apoyo otorgado por Philip Agnew, exdirigente de los Dream Defenders de Florida y uno de los líderes del movimiento Black Lives Matter que ha pasado a ser una de las personalidades destacadas de la campaña. Otro ejemplo es el del respaldo dado el pasado martes por el Center for Popular Democracy Action, una potente coalición de más de 40 grupos comunitarios progresistas, que ahora pretende movilizar a sus 600.000 personas afiliadas en todo el país para organizar a los y las votantes en apoyo a Sanders. Estos hechos desmienten la calificación de su campaña de imposiblemente machista e implícitamente racista.

En vez de ello, la campaña de Sanders ha penetrado en la clase trabajadora habitualmente invisible y cada vez más empobrecida con su lenguaje de guerra de clases. Ha puesto el dedo en la llaga de la rabia y acritud que marca la vida de la gente corriente que se ve cada vez más imposibilitada de llegar a fin de mes en esta sociedad tan desigual. Sin cinismo ni las típicas explicaciones racistas que culpan a la población afroamericana y a la inmigración latina de sus propias dificultades económicas, Sanders acusa al capitalismo. Sus exigencias de redistribución de la riqueza de los pudientes al resto de la sociedad y de programas sociales universales respaldados por el Estado han tenido eco entre los sectores olvidados del país.

Desde la elección de Trump, el concepto de clase, si es que se llega a formular, se ha invocado por su difuso poder para determinar el ascenso y la caída potencial de Trump. Recordemos todos los interminables análisis sobre los votantes blancos pobres y de clase obrera poco después de su elección y la escasa atención prestada a la gente de color pobre y de clase obrera. No obstante, la campaña de Sanders se ha convertido en una potente plataforma para amplificar las experiencias de este contingente multirracial.

En circunstancias normales, la clase obrera multirracial es invisible. Esto ha dado lugar a que su apoyo a la candidatura de Sanders apenas ha trascendido en la cobertura mediática de la campaña de las primarias del Partido Demócrata. Sin embargo, este electorado es crucial para entender la tenacidad de la campaña de Sanders, que se financia a base de pequeños donativos de unos pocos dólares de más de un millón de personas, un dato que ninguno de sus oponentes ha podido igualar. Cabe destacar asimismo que cuenta con al menos 130.000 donantes que repiten, algunos de los cuales pagan contribuciones mensuales.

Además de esto, Sanders es hasta septiembre quien más donaciones recibe de maestras, agricultores, trabajadoras de la hostelería, asistentes sociales, dependientas de comercio, obreros de la construcción, camioneros, enfermeras y conductoras. Afirma que los empleadores más comunes de sus donantes son Starbucks, Amazon y Walmart, y que la profesión más común es la de enseñante. Sanders también es quien más donaciones recibe de la inmigración latina y es el Demócrata más popular entre la gente latina registrada que piensa votar en las primarias de Nevada y California. De acuerdo con la revista Essence, Sanders es el candidato favorito entre las mujeres negras de 18 a 34 años. Solo el 49 % de sus seguidores son blancos, frente el 71 % de quienes apoyan a Elisabeth Warren. Tal vez el dato más sorprendente es que son más las mujeres de menos de 45 años que le apoyan que los hombres de menos de 45.

Es posible que sea la popularidad de Sanders entre estas y estos votantes lo que le margina en el seno de la clase política y los grandes medios de comunicación. La dirección del Partido Demócrata predica regularmente que la moderación y el pragmatismo pueden atraer a los Demócratas centristas y a los Republicanos escépticos con Trump. Es curioso que esta estrategia siga en pie tras el fracaso espectacular de Hillary Clinton en 2016.

La réplica de Clinton a Trump de que “América nunca dejó de ser grande” fue un brindis al sol a los oídos de millones de estadounidenses comunes que bregaban con sus deudas y que sufrían la brutalidad policial y una desigualdad galopante. Centrarse únicamente en la tosquedad de Trump o proponer versiones aguadas de lo que ha convertido a Sanders en un personaje famoso no motivará a quienes suelen abstenerse ni a los votantes que sienten repugnancia por el cinismo de los politicastros.

En muchos aspectos, la permanencia de Bernie Sanders en el ámbito del Partido Demócrata resulta chocante. Después de todo, EE UU ha estado anclado durante más de la mitad del siglo XX en una Guerra Fría contra el comunismo soviético. El hecho de que un socialista declarado y orgulloso de serlo se sitúe junto a Warren en segundo lugar en la carrera refleja la incapacidad cada vez más evidente del capitalismo de mercado para ofrecer una vida digna a un número creciente de personas. Hubo un tiempo en que en EE UU calificarse de socialista podía poner fin a una carrera política, pero Bernie Sanders tal vez pueda abrirse camino con esta etiqueta hasta la Casa Blanca.

Keeanga-Yamahtta Taylor es autor de From #BlackLivesMatter to Black Liberation.

Traducción: viento sur


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