Educación y más educación

…¿Y usted qué opina?

Fernando Berrocal

Fernando Berrocal Soto

En noviembre del año pasado, viajé por 15 días a Corea del Sur. Más allá del propósito profesional y privado del viaje, impresionado ante el espectacular desarrollo de ese país, pregunté muchas veces cuál era la razón por la que un país destruido hasta las cenizas por una guerra entre tres grandes potencias (los Estados Unidos, China y la antigua Unión Soviética) había logrado en pocas décadas transformarse en una de las economías más ricas y exitosas, y en un referente científico y tecnológico a nivel mundial.

La respuesta de todos los ejecutivos con los que hablé fue siempre la misma: educación y más educación. “Nuestros padres y abuelos”, me dijeron sin titubear, “no dudaron en zocarse la faja y el Gobierno en invertir en la mejor y más estricta educación pública. Así renació y se desarrolló Corea del Sur”.

En un territorio del tamaño del nuestro habitan casi 55 millones de personas, pero su nivel de vida es igual al de los países más ricos y desarrollados. No hay pobreza, practican estrictas políticas ambientales y tienen un excelente sistema médico. Su infraestructura de carreteras, los ferrocarriles y su metro son los más modernos y eficientes que se conocen. Trabajan hasta los sábados y todos los niños, absolutamente todos, van a la escuela y el sistema de estudios es estricto, exigente y de calidad, orientado hacia las ciencias y la investigación, utilizando en la educación todos los recursos tecnológicos del mundo actual.

Por el contrario, en nuestro país, los últimos datos disponibles del Informe de la Educación, con alarma fundada e información documentada, confirman que nuestro Sistema Educativo, en los últimos años, ha retrocedido críticamente en infraestructura, calidad, rigor y nivel de pedagogía, especialmente en el ciclo preescolar, primaria y secundaria. Hay un deterioro creciente.

Los graves datos de deserción estudiantil, calidad de la enseñanza, el estado físico de las instalaciones, nivel académico de los profesores y sus anticuados sistemas pedagógicos, la urgente necesidad de tener internet de banda ancha en todos los centros educativos, deberían preocupar seriamente al Ministerio de Educación Pública, la APSE, la ANDE, el SEC, a los padres y los estudiantes, poniendo la excelencia y el rigor académico en el centro de la agenda educativa. Sin acceso a una educación del más alto nivel no hay desarrollo, ni cómo progresar como sociedad, ni forma de salir del Tercer Mundo.

La nueva ministra, máster Giselle Cruz, de amplia trayectoria académica y buen conocimiento interno del Sistema Educativo Nacional, tiene que liderar este prioritario y trascendental reto y debe alcanzar ese gran cometido. Para lograrlo, necesariamente, tendrá que presentar ideas y soluciones, dialogar constructivamente y unir esfuerzos con las organizaciones representativas de los educadores, padres y estudiantes, teniendo como gran meta la excelencia

Seguir en la confrontación de las últimas semanas sería un error estratégico y un absurdo inaceptable para el país. El diálogo constructivo y las soluciones reales deben imponerse. Ese es el camino costarricense.

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