documenta, entre la libertad artística y el debate por antisemitismo

Por Sandra Trauner, Nicole Schippers y Gerd Roth (dpa)

dpa
El sitio donde fue desmantelada la obra «Justicia Popular», del colectivo de artistas indonesios Taring Padi, en la presente edición de la muestra de arte contemporáneo documenta en Kassel, en el centro de Alemania. Foto: Uwe Zucchi/dpa

Kassel (Alemania), 23 jun (dpa) – La famosa exposición de arte documenta de Kassel, en el centro de Alemania, pretende ser una celebración del arte mundial.

Cada cinco años, la vanguardia internacional se reúne aquí para mostrar las tendencias innovadoras del arte contemporáneo. Para lograrlo, la documenta tiene que reinventarse en cada edición. ¿Se ha equivocado esta vez? Sea como sea, las actuales acusaciones de mostrar arte antisemita tienen una dimensión diferente a las polémicas de años anteriores.

Cómo funciona la documenta

El patrocinador es una organización sin ánimo de lucro, la «documenta und Museum Fridericianum». Los accionistas y financiadores son la ciudad de Kassel y el estado federado de Hesse. El gobierno federal no participa formalmente, pero está a bordo como financiador a través de la Fundación Cultural Federal.

En el futuro, sin embargo, Berlín quiere tener más influencia: hoy jueves, la secretaria de Estado de Cultura, Claudia Roth, calificó de «grave error» la retirada del gobierno federal del consejo de supervisión en 2018, manteniendo al mismo tiempo la financiación. Se espera que esto vuelva a cambiar.

El segundo nivel está formado por los directores ejecutivos y artísticos. La directora general es Sabine Schormann desde noviembre de 2018. Los respectivos directores artísticos son nombrados cada cinco años por un comité de selección. Para 2022, la elección recayó en un colectivo de artistas de Indonesia, Ruangrupa. Por primera vez, la documenta no es responsabilidad de un individuo, sino de un grupo.

¿Por qué los comisarios tienen tanto poder?

El experto Harald Kimpel lo llama «la guinda de la documenta: que la política no tenga influencia en el arte». Para Kimpel, la estricta separación entre los que dan el dinero y los que tienen la libertad artística de gastarlo es el núcleo de la documenta.

La directora general Schormann también lo subraya: para la documenta, «la libertad artística es constitutiva», según declaró hoy al diario «Hessisch/Niedersächsische Allgemeine» (HNA).

«Tengo la libertad de garantizar el programa artístico. Del programa artístico propiamente dicho, es decir, del comisariado de la exposición, se encargan los directores artísticos, en el caso de esta documenta Ruangrupa, apoyados por un equipo artístico de cinco miembros determinado por ellos mismos».

El principio colectivo aumenta el problema

Ruangrupa no solo trabaja como colectivo, sino que ha invitado casi exclusivamente a otros colectivos a esta documenta. «Como la colectividad es fundamental, primero invitamos a 14 colectivos para construir una red transnacional, y después a 53 artistas, entre ellos muchos colectivos, que a su vez invitaron a otros participantes», explicó Ruangrupa en una entrevista con dpa poco antes de las jornadas previas.

Según Schormann, el número de participantes individuales ha aumentado a más de 1.500. «Al mismo tiempo, esto significa que Ruangrupa no se ve principalmente como comisario en el sentido clásico. Lo que es nuevo en lo fundamental en el concepto de Ruangrupa, por otra parte, es el proceso radicalmente abierto que abre espacios libres para los artistas y colectivos invitados y quiere hacer posibles nuevas experiencias», según dijo Schormann al diario HNA.

Por qué no puede haber censura

Desde el escándalo de la pancarta de Taring Padi, en la que los críticos reconocieron caricaturas antisemitas y que fue retirada, muchos se preguntan por qué nadie examinó previamente las obras expuestas. Al fin y al cabo, había sospechas de tendencias antiisraelíes mucho antes de la inauguración.

El presidente del foro de la documenta, Jörg Sperling, rechazó categóricamente tales exigencias: «Eso sería censura», dijo a dpa. Explicó que, teniendo en cuenta el número de objetos expuestos en más de 30 lugares, además esto no sería factible. Por otro lado, sería contradictorio con la idea de la documenta. Sperling dimitió hoy después de que otros miembros de la asociación se distanciaran de sus declaraciones.

El experto Kimpel también cree que la censura anticipada no es factible ni deseable. La idea básica de la documenta es dar rienda suelta a los directores artísticos. Pero al hacerlo, documenta se arriesga cada cinco años. «Hasta ahora siempre ha funcionado, pero esta vez ha salido mal». Por su parte, Sperling cree que el debate sobre la obra de arte es exagerado: «Un mundo libre tiene que aguantar eso».

La historia de un escándalo anunciado

A principios de año surgieron acusaciones de antisemitismo, en gran medida infundadas, contra la documenta y el equipo de comisarios. Sus responsables, entre los que se encuentra la secretaria de Estado de Cultura Roth, lo dejaron claro: «El antisemitismo no tiene cabida en la documenta» y, al mismo tiempo, destacaron la libertad artística como «punto central».

La documenta quiso debatir el tema en varios foros con expertos de la investigación sobre el colonialismo y el racismo, el Holocausto y el antisemitismo, así como del arte y la cultura. Tras las críticas del Consejo Central de los Judíos sobre la composición de los foros y el tratamiento del antisemitismo, el programa fue cancelado. En un principio, la atención iba a centrarse en las obras de arte de la documenta.

Cuán grande es el daño, o podría llegar a serlo

El actual debate sobre el antisemitismo no perjudicará a la documenta, cree Sperling. Los escándalos han formado parte de esta exposición desde el principio: «Como muestra de arte mundial, la documenta ofrece una nueva visión del arte y la cultura cada cinco años», señaló.

«Sería muy aburrido si tuviéramos una documenta que no fuera objeto de debate. En cada una de las 14 exposiciones, los críticos «conjuraron el final de la documenta», opinó Sperling.

El experto Kimpel no está tan seguro esta vez. En su opinión, los anteriores «escándalos» eran más bien «provocaciones» en las que los individuos se molestaban por aspectos individuales. Esta vez el escándalo tiene «una calidad diferente»: el debate ha dejado el arte y se ha trasladado a la política. Nos encontramos ante una «documenta desarticulada y politizada».

Kimpel no cree que este sea el final de la historia de la documenta. «Seguramente habrá una 16ª documenta». Cada documenta ha sido diferente a las anteriores, «siempre tiene que reinventarse». La cuestión es qué lecciones sacará la próxima edición de ésta. En retrospectiva, dice Kimpel, la documenta actual es siempre la peor de todas y solo en retrospectiva se encuentra siempre algo bueno de la anterior.

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