Diviesos en el Gobierno

El Sereno

Alvaro Campos Solis
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Alvaro Campos

A este gobierno le salen diviesos por todas partes. El más reciente y más apestoso es el de Acueductos y Alcantarillados, donde sin decir “agua va” le cobran a cualquier cristiano sumas astronómicas por el servicio de agua potable consumida durante un mes. Recibos por cien mil, doscientos mil y hasta medio millón de colones por unos pocos meteros cúbicos de agua es un monumento al absurdo y una forma de tirarle más lodo al gobierno que preside Carlos Alvarado Quesada. ¿Será por accidente o será a propósito?

El divieso es una infección en un área de la piel que produce pus y dolor intenso.

El presidente Alvarado debe tener en cuenta que todo lo malo que ocurra en el gobierno, con razón o sin razón, se le va a endosar al mandatario y al partido político que lo condujo al poder. Es una cuestión elemental en tiempos electorales.

Cuando el perjudicado se acerca a una de las ventanillas de la institución, donde algunos funcionarios exhiben el síndrome de la tortuga, la solución que le ofrecen tiene una sola alternativa: acepta un arreglo de pago o le cortan el servicio. Desalmados. Es la palabra que mejor califica la actitud de quienes conducen los destinos de esa institución.

La situación resulta acongojante para miles de usuarios que en medio de la crisis se ven obligados a escoger entre la compra de alimentos básicos o entregarle los últimos colones que quedan de su salario o de su pensión a una institución que de la noche a la mañana declaró la guerra a sus clientes o usuarios. De nada vale invocar la presencia de niños para evitar el corte de un servicio básico.

Quienes han expresado públicamente su molestia e indignación, sugieren la renuncia de la presidenta ejecutiva, Yamileth Astorga, gerentes y directivos de esa institución. Esa petición es como barrer en el desierto. En nuestro país ningún funcionario renuncia. Evidencian tal adherencia al puesto que para separarlos habría que arrancarlos con todo y piel. Sortean cualquier tempestad, con tal de recoger un jugoso salario y esperar una atractiva pensión.

Lo mas grave, por el momento, es que no hay una autoridad superior, Presidencia, Aresep, Asamblea Legislativa, Defensoría del Consumidor, Defensoría de los habitantes, en fin, una catizumba de instituciones que, se supone, velan por el bienestar de la población.

Es muy posible que representantes de algún partido político intervengan, pero debemos estar claros que no solo es por solidaridad, también es por cálculo electoral.

Los personeros de esa institución, cuando son interpelados por la prensa responden con una frialdad asombrosa. Aseguran que allí a nadie se le ha cobrado un centavo adicional a la cantidad establecida por el consumo. ¿Entonces la gente que hace fila desde tempranas horas de la mañana en busca un cobro justo lo hace por deporte? ¿Será que no tienen nada mejor que hacer o alguien los contrato para molestar a los señores de AyA­? ¿Cómo se explica que un promedio de 50 mil personas al año pegue el grito al cielo y acuda a sus instalaciones en busca de una solución?

En la Empresa de Servicios Públicos de Heredia la situación tiene rasgos similares. En la oficina central siempre hay usuarios quejándose por los montos en las facturas de agua y electricidad. La atención es buena, pero en cuanto a los resultados la Empresa por lo general es la que tiene la razón. Y se acabó. Pague.

¿No se habrán dado cuenta los personeros de A y A que un “arreglo de pago” suena a chantaje? La opción que ofrecen al usuario es muy elemental: me pagas una parte de lo que te cobro y no te corto el servicio. La solución es más comercial que solidaria.

En nuestro país mucha gente juega con fuego. Y se puede quemar. La situación económica aquí y en todo el mundo es delicada. El espacio para los abusos se reduce todos los días un poquito más.

Los abusos en contra de la población costarricenses ocurren en numerosas dependencias del Estado. Solo hace falta buscar un servicio o pedir un trato justo en el sector público para empezar a padecer los síntomas de la hepatitis o la cirrosis, pues la primera víscera en resentirse es el hígado.

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Periodista


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