Diciembre de 1952, inauguración de Ojo de Agua

Desde mi perspectiva

José Francisco Bolaños Arquin

José Francisco Bolaños

Transcurría el año de 1952, donde los trabajos avanzaban aceleradamente para concluir la obra del conocido Balneario de Ojo de Agua e inaugurarse en diciembre de ese mismo año, hace 64 años.

La historia de esta naciente de agua y su utilización, se inicia a finales de los años veinte y en la primera mitad de los treinta del siglo pasado ante la necesidad de abastecer de agua potable a la ciudad de Puntarenas; se toma la decisión de aprovechar este caudal y se construye la tubería hasta la ciudad porteña, logrando solucionar el problema a los lugareños.

Cuando iniciaron los trabajos, se depositó piedra en la quebrada para facilitar las labores, formándose una pequeña poza que aprovechaban los trabajadores para bañarse al concluir la jornada. Así las cosas, los fines de semana llegaban con sus familiares y vecinos a pasar el día llevando sus almuerzos.

El Ferrocarril Eléctrico al Pacífico era el encargado de administrar y darle mantenimiento a la tubería y distribución de agua a Puntarenas. Luego de un crecimiento en la popularidad del lugar, construyeron un muro de 2,5 metros de alto dentro de la quebrada con el propósito de agrandar la poza y cobrar una cuota de ingreso para recuperar la inversión y a su vez darle mantenimiento y protección a toda la infraestructura.

Pasaron unos 20 años y sus visitantes continuaba en aumento, por lo que la Administración del Ferrocarril, le encomendó a mi padre el ingeniero civil Francisco Bolaños Varela quién laboraba en la Institución, la construcción del Balneario de Ojo de Agua.

Para ese entonces al no contar el Ferrocarril con personal de experiencia en este tipo de construcción, se recurrió a la cuadrilla de Escobal, compuesta por ocho trabajadores, encargado del mantenimiento de vías, con un excelente capataz llamado Marcos Arroyo, experto en albañilería y alcantarillado y tres ayudantes para un total de 12 funcionarios, personas valiosas a quienes se les acondicionó un salón para que vivieran en el lugar.

Para su construcción no se utilizó maquinaria pesada, se recurrió a dinamita, pico, pala y carretillos. La piedra fue traída de Dantas, la arena de Caldera y los otros materiales de San José. El Ing. Bolaños viajaba en tren que salía a las 8 am de la estación del Pacífico hasta San Antonio de Belén y de ahí se iba caminando hasta el lugar. Igual recorrido hacía de regreso para tomar el tren de las 2 de la tarde hacia San José.

Pasaron los meses y así llegó diciembre de 1952 en que se inauguró en su primera etapa, un gran acontecimiento para la época ya que era la primera vez que se contaba con un lugar de esparcimiento que generaba confianza por su agua fresca, cristalina y rotación permanente.

Cuando abrieron las compuertas para llenar las piscinas, hubo gran satisfacción por parte de los trabajadores y presentes, al ver que funcionaba según lo planeado y con la salida del agua en forma simultánea se fue formando el lago como una nueva atracción.

A partir de esa fecha, Ojo de Agua se convirtió en un lugar de reunión e inolvidables recuerdos, principalmente para las anteriores generaciones. Un sitio de entretenimiento, de unión familiar, reunión de amigos, paseos de escuelas y colegios, de conquistas donde nacieron muchos amores y por supuesto sin olvidar las tardes bailables en el Salón el Palenque los fines de semana.

 
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