Detrás de la turbulencia económica: “necesitamos la intervención directa del estado”

Entrevista a Robert Brenner

Entrevista a Robert Brenner

Suzi Weissman entrevistó a Robert Brenner el 10 de febrero de 2019, para su programa de radio “Por debajo de la superficie” (https://archive.kpfk.org/index_one.php?shokey=bts_Friday) en la emisora KPFK de Los Ángeles, publicado en su podcast de Radio Jacobin (https://bit.ly/2JjUfNu) el 12 de febrero. La transcripción que publicamos ha sido editada para facilitar su lectura.

Suzi Weissman: Bienvenido a Radio Jacobin. Hoy vamos a hablar sobre el estado de la economía. He invitado a Robert Brenner para tratar del estado de la política y la economía, temas de gran confusión si se leen las páginas de economía y se escucha a políticos sobre el desempleo, el aumento de los salarios, y la recuperación del mercado de valores.

Sin embargo, la Reserva Federal ha dejado de aumentar las tasas de interés, los salarios están estancados, la precariedad y la inseguridad son la norma – y los maestros están en huelga para obligar a los estados a abandonar los recortes y la sub-inversión y salvar la educación pública.

Así que, ¿qué ocurre de verdad? Vamos a empezar con el mercado de valores. Decir que hay una extrema volatilidad es subestimar lo que ocurre, y al mismo tiempo, la política de la Fed sobre las tasas de interés es muy volátil. ¿Qué está pasando?

Robert Brenner: En realidad no es una historia muy bonita. Desde el comienzo de la Gran Recesión de 2008-9 hasta hoy, la Fed ha mantenido una política de tasas de interés súper bajas- de hecho, las tasas de interés están en cero o debajo de cero. Si se tienen en cuenta los aumentos de precios, la tasa de interés real ha sido de cero o por debajo de cero la mayor parte del tiempo.

Las bajas tasas de interés han sido la principal herramienta del gobierno para restaurar el orden en los mercados, y para estabilizar la economía como consecuencia de la crisis de los mercados financieros y la desaceleración económica.

En el pasado, era de sentido común obtener una mayor demanda directamente, a través de un gasto deficitario, mediante un gran aumento del gasto público. Pero nos encontramos en una nueva era en la que esto ya no es políticamente admisible.

Con el mismo objetivo de estabilidad, la Fed llevó a cabo la llamada “flexibilización cuantitativa”, que implicaba que la Fed comprase enormes masas de activos financieros con el objetivo de mantener sus precios, al tiempo que indirectamente mantenía bajo el coste de los préstamos.

El resultado fue la creación de una burbuja de precios de activos verdaderamente enloquecida – surgieron las burbujas de precios de activos, de hecho, en todas partes, desde las obras de arte a las materias primas, pasando por el inmobiliario, y sobre todo en el mercado de valores. Creo que todo el mundo lo sabe porque llena las portadas de los periódicos y las televisiones desde hace casi una década.

El índice compuesto S & P aumentó de alrededor de 1000 en 2009, en su suelo tras la crisis, a cerca de 2.900 en el pico en diciembre pasado, casi triplicándose en ese intervalo.

El resultado fue convertir a casi todo el mundo que pudiese permitirse el lujo de invertir en acciones en un inversor de éxito, un genio financiero. Pidieron prestamos a tasas ridículamente bajas, garantizados por la Fed, y mantuvieron su dinero en el mercado, ya que subía y subía. Probablemente todos conocemos a alguien así, aunque muy pocos de nosotros estemos en esa situación.

Pero después de casi una década de esta política, que fue diseñada para hacer más ricos a los ricos, ante todo, la excusa de la estabilización de la economía fue perdiendo credibilidad – especialmente porque el gobierno y la prensa económica anunciaban cada vez más estridentemente que la tasa de desempleo oficial había caído a mínimos históricos, y la economía estaba experimentando pleno empleo e incluso más.

Si ese fuera el caso, se acordó, pronto tendría lugar un crecimiento de los salarios fuera de control y, a su vez, una inflación incontrolable. Hasta ahora, el estancamiento de los salarios con pleno empleo se ha convertido en una misteriosa paradoja. De ahí la enorme presión de la Fed para volver a la normalidad con el fin de contener la inflación provocada por los salarios antes de que escape a su control.

Ascenso y crisis

La Fed comenzó una lenta pero constante subida de las tasas de interés. Al mismo tiempo, comenzó a revertir su política de flexibilización cuantitativa, con la venta de activos en lugar de su compra, de nuevo empujando hacia abajo los precios de los activos financieros – lo que implica deprimir el mercado de valores en lugar de empujarlo hacia arriba.

En el mes de diciembre 2018, después de que la Fed hubiese anunciado a todo el mundo esta política, los precios de las acciones experimentaron la mayor caída mensual en su historia. A medida que avanzaba el mes, las perdidas diarias iban aumentando y parecía que el colapso total era inminente.

¿Mantendría la Fed su política de lento pero constante ajuste monetario? Esa era la pregunta que todos se hacían. Al final, la Fed perdió los nervios, suspendió su política de elevar lentamente las tasas de interés y la venta de activos financieros. Voila! Hubo otro giro de 180 grados, y el mercado de valores casi ha recuperado sus recientes perdidas.

SW: ¿Cómo es posible? Todo el mundo en diciembre pensaba que íbamos camino de otra caída del mercado de valores y una crisis económica como en 2007-2008. ¿Cómo pudo cambiar la situación solo en un mes para explicar este nuevo relanzamiento económico, que algunos creen que va a ser un nuevo boom?

RB: Creo que en realidad están pasando dos cosas, estrechamente relacionadas. En primer lugar, la Reserva Federal y muchos otros han creído que la economía es mucho más fuerte de lo que realmente es.

En particular, la Fed y otros en el gobierno creen que se enfrentan a un mercado laboral rígido. Con la tasa oficial de desempleo muy baja, temen un crecimiento salarial fuera de control y una inflación galopante inminentes. Llegaron a la conclusión de que tenían que subir las tasas de interés para bloquear ese escenario antes de que se produzca.

Pero, de hecho, el mercado de trabajo es realmente mucho más débil de lo que se piensa. Por tanto, cuando la Fed persiste en aumentar las tasas de interés en una economía en realidad débil, amenaza con provocar una crisis y una recesión.

Eso es lo que hemos visto recientemente: La Fed persiste en el ajuste, el mercado de valores baja, y la economía se encuentra de repente en serios problemas, como es conocido por quienes leen el Financial Times todos los días.

En segundo lugar, y relacionado con lo anterior, la Fed y otros creen que la subida previa del mercado de valores se basa en última instancia en una economía real fuerte. Pero, de hecho, la economía real ha sido increíblemente débil en general – las principales tendencias de la economía han sido desde el punto de vista histórico, malas sin precedentes.

La subida del mercado de valores no se basa en fundamentos sólidos; su fundamento son sólo las tasas de interés muy bajas de la Fed. Así que cuando la Fed sube las tasas de interés, como acaba de hacer, atemoriza al mercado de valores y, a su vez destruye el poco crecimiento del que la economía real haya sido capaz.

En resumen, el mercado de valores necesita la misma política artificial de “burbujaeconomics” que aplicó Alan Greenspan en la década de 1980, continuada por su sucesor, Ben Bernanke, y que aun continúa hoy Jerome Powell.

El empleo visto de cerca

¿Qué pasa con el mercado de trabajo? Nadie puede negar el hecho de que hayamos sido testigos mes tras mes de la creación de empleo. Esto nos ha llevado al pleno empleo, al menos según las cifras del gobierno, y se supone que a una economía dinámica. Pero ¿cuál es la evidencia real, la situación real del empleo y el mercado laboral?

La tasa de desempleo, según el Departamento de Trabajo y la Fed, está ahora por debajo del cuatro por ciento, lo que realmente sería muy baja – si la tasa de desempleo medida por el gobierno actualmente significase lo mismo que la misma tasa en el pasado. Una tasa por debajo del cuatro por ciento indicaría una economía súper fuerte, un mercado de trabajo muy inflexible, y cabría esperar muy rápido aumento de salarios y la aceleración de la inflación.

Pero, ¿cuál es la realidad? La tasa de desempleo oficial, como la gente sabe, mide el porcentaje de la fuerza de trabajo que no tienen trabajo – pero según la mide el gobierno, la propia fuerza de trabajo sólo incluye a personas que, o bien tienen empleo o están buscando trabajo.

El punto clave es que NO incluye a las personas que han dejado de buscar trabajo, porque se han desalentado y por lo tanto retirado del mercado de trabajo. Al abandonar el mercado de trabajo, dejan de ser considerados como parados.

La tasa de actividad – la proporción del total de la población entre los 18 y los 64 años que están empleados o en busca de trabajo – se redujo drásticamente en el momento de la crisis, y aún está lejos de volver a su nivel de 2007.

Dicho de otra manera, la proporción empleada de la población real capaz de trabajar está aún muy lejos de alcanzar su nivel anterior a la crisis. Ese porcentaje fue de aproximadamente el 63% en 2007, pero incluso ahora, después de tantos meses de creación de empleo, todavía está entre el 2-3% por debajo de ese nivel. No es el pleno empleo, incluso si lo parece.

La conclusión es que no hay nada paradójico en que los salarios estén estancados. La demanda de puestos de trabajo todavía tiene que volver a su nivel en relación con la oferta de puestos de trabajo. El mercado laboral aún no es tan rígido, por lo que la presión salarial no es tan alta.

Además, de igual importancia – y esto es muy importante – no se puede sólo mirar las cifras de los contratados, cuántos han sido empleados, sino de qué tipo de puestos de trabajo se trata. Y si quienes nos escuchan, como es probable, han pasado por este mercado de trabajo durante la última década, se ven obligados a aceptar mucho peores puestos de trabajo de los que tenían antes de la crisis.

Que cada trabajador gana menos que en su anterior trabajo hace que sea aún más comprensible para todos el que no sean probables ni aumentos salariales fuera de control ni una inflación galopante.

Al aplicar una política tradicional de subida de las tasas para responder a lo que cree que es un mercado de trabajo rígido, la Fed ha estado operando bajo un supuesto bastante equivocado. No debe sorprender que al final afecte tanto a los mercados financieros como a la economía subyacente.

La economía y las elecciones de 2016

SW: Trump afirma por supuesto que “el estado de la economía es fuerte”, pero los demócratas están de acuerdo. Simplemente niegan que Trump sea el responsable de ello. Demócratas y republicanos intentan atribuirse el mérito. ¿Se equivocan unos y otros?

RB: Este es realmente un punto crucial, no sólo económico sino también político. Estas presunciones de una economía fuerte son, y deben ser, cuestionadas cuanto menos. Después de todo, ¿qué ocurrió en 2016?

Los asesores de derechas de Trump, Bannon y Mercer, creyeron que la economía era débil, que la gente no estaba encontrando trabajo o solo conseguía unos trabajos cutres. Esto proporcionó el punto de partida, de hecho, el fundamento último, para la denominada campaña electoral populista de Trump y de su victoria.

No voy a extenderme en esto, aún así no me puedo resistir a gritar el hecho de que la economía ha sido cada vez más débil durante el último medio siglo, con excepción de las burbujas impulsadas artificialmente por la gran subida del mercado de valores de la década de 1990 y del precio de la vivienda, igualmente nefasta, en el período previo entre 2002 y 2007.

Primero: Los salarios, como la mayoría de nosotros sabemos ya, no son mucho más altos que a finales de la década de 1970. Toda una generación ha experimentado el estancamiento de los salarios – y desde la Gran Recesión, la cosa ha sido aún peor.

Segundo: ¿Qué pasa con la acumulación de capital, es decir, la inversión, la fuerza motriz de la economía capitalista? El período más o menos entre el final de la Segunda Guerra Mundial hasta alrededor de 1973 se conoce como el boom de posguerra, y de hecho fue un período muy expansivo en general. Pero esa expansión terminó en la década de 1970.

Desde los años 70, el crecimiento de las plantas y equipos en el sector privado ha disminuido de manera constante, década tras década, ciclo económico tras ciclo económico, y toca fondo tras la Gran Recesión. Por la década de 1990 el crecimiento de plantas y equipos ya se había reducido a la mitad del de el boom de posguerra.

Tercero: Lo más revelador, sin embargo, es la productividad del trabajo, en la que los economistas se centran por una buena razón: porque nos da la mejor medida de lo que la gente puede permitirse, dados sus costes de producción. La alta productividad del trabajo permite un excedente correspondientemente más alto, disponible para invertir.

Sorprendentemente, el crecimiento de la productividad laboral desde la década de 1970 ha sido la más baja en un siglo. Al comparar el crecimiento de la productividad laboral de la década de 1970 hasta la actualidad, nos encontramos con que es significativamente menor que en el período de 1920 a 1948, que incluye la Gran Depresión.

Otra forma de ver esto es que en el período entre 1973 y el presente, el crecimiento de la productividad del trabajo se ha estancado alrededor del 1,5% anual, dejando de lado los años de la burbuja de 1995-2007.

Precios bursátiles y ganancias estancadas

SW: ¿Cómo podemos explicar un mercado de valores tan fuerte, si el mercado laboral no es rígido y la economía real ha sido débil?

RB: Es coherente con todas las otras cosas que hemos analizado sobre la economía. Mirando al sector no financiero – porque el sector financiero no es un muy buen sector para entender directamente la generación de beneficios -, en el sector privado excluyendo las finanzas, los beneficios han sido más o menos planos en los últimos 4-5 años, y de hecho desde 2012.

En 2012, los beneficios excluyendo el sector financiero alcanzaron los $ 1,5 billones de dólares, y en 2017 fueron sólo de alrededor de $ 1.6 billones de dólares. Han estado fluctuando en ese rango durante todo el período intermedio. Así que no ha habido casi ningún aumento. Los beneficios se han estancado mientras que los precios de las acciones se han disparado, con la consecuencia de que los precios de las acciones han perdido completamente relación con los valores subyacentes de las empresas que representan.

Robert Schiller, el famoso economista, ha demostrado en sus cálculos que la relación entre los precios y los beneficios es mayor hoy que en cualquier otro momento de la historia del que se tengan registros, a excepción de dos años interesantes – 1929, el año de la gran caída de la bolsa que llevó a la Gran Depresión, y de 1999 hasta el 2000, lo que provocó inmediatamente la famosa crisis de las altas tecnologías de los años 2000-2001.

Lo que está inflando el mercado de valores, y a los ricos muy ricos, es la política de estímulos de la Reserva Federal, la ‘burbujaeconomics’: bajas tasas de interés y la compra de activos financieros que llamamos ‘flexibilización cuantitativa’. Pero no ha tenido éxito a la hora de relanzar otras cosas, especialmente la economía productiva. No es de extrañar que el mercado de valores se hundiera tan pronto como la Fed declaró su seria intención de endurecer la política monetaria; y se recuperó tan pronto cambió de política.

SW: ¿Cómo podemos explicar esta economía extrañamente débil, en la que los ricos se han enriquecido como bandidos? A menudo se ha dicho que es debido a una demanda insuficiente, y que dada la insuficiente demanda los capitalistas no están invirtiendo ni contratando más trabajadores. ¿Por qué no están gastando más dinero?, ¿Por qué, de hecho, todavía están acumulando dinero? Para explicar esta cuestión de la insuficiencia de la demanda, has argumentado que la respuesta es el exceso de capacidad a escala mundial.

RB: Voy a empezar con la debilidad, y tratar de llegar a esta economía muy rara que ha surgido. Ha habido una competencia creciente a escala mundial, de Alemania, Japón y el Este de Asia de reciente industrialización (NICs), los tigres de Asia oriental, y sobre todo ese gigante que es China.

Cada nueva ola de fabricantes produce cada vez más barato, porque cada una de ellas tiene una fuerza de trabajo más barata, al tiempo que puede imitar la tecnología de sus predecesores. Así que no sólo la economía de Estados Unidos, sino toda la economía mundial está siendo desbordada, porque la producción manufacturera está creciendo en todas partes, pero sin referencia con el mercado.

Lo que ha significado que en todo el mundo es cada vez más difícil invertir en nuevas plantas y equipos, contratar mano de obra, vender en el mercado mundial y obtener beneficios haciéndolo. Este fenómeno no se limita a los Estados Unidos, Europa y Japón, sino que se ha extendido a la propia China, que está sufriendo el mismo problema de inversión excesiva que conduce a un exceso de capacidad.

La caída de la tasa de ganancia es la relación entre la sobre capacidad productiva y una demanda débil o la insuficiente. Con una baja rentabilidad, las empresas tienen menos excedentes para invertir y menos motivación para hacerlo. Tienen que mantener sus costes bajos para seguir siendo competitivas, así que trasladan la presión a la baja a los salarios. El gobierno ayuda mediante la reducción de los servicios públicos, de manera que los impuestos a las empresas se puedan reducir.

Así que se produce una combinación de una menor demanda de bienes de inversión (plantas y equipos), de bienes de consumo y de servicios públicos – un problema de caída de la demanda agregada, la causa inmediata de la desaceleración económica.

De esta manera, las empresas acaban comprendiendo, con el tiempo, que incluso si parece que pueden obtener beneficios a corto plazo, teniendo en cuenta cómo las cosas han evolucionado en la economía mundial durante las últimas décadas, es probable que no lo consigan a largo plazo, porque un nuevo conjunto de productores con costes más bajos aparecerán y les impedirán rentabilizar sus inversiones.

Los políticos estadounidenses se enfrentaron por primera vez a este problema en la década de 1970, y les afectó de una manera que nunca pensaron que podría suceder. Después de todo, la industria estadounidense había sido líder mundial y el modelo a seguir desde la Guerra Civil, y especialmente desde finales del siglo XX, superando a sus competidores hasta la mitad de la década de 1960.

Pero entonces, de repente, se produjo este proceso de intensificación de la competencia que condujo a una caída de la tasa de ganancia, y las autoridades gubernamentales no supieron que hacer. Trataron, por una parte, de ayudar a los productores capitalistas mediante la reducción de la tasa de cambio del dólar, reduciendo el coste de los créditos, y adoptando medidas de protección comercial.

Al mismo tiempo, dieron el giro hacia la política económica estándar de gasto deficitario keynesiano. Pero a pesar de su ayuda – tanto por el llamado “lado de la oferta”, para reducir los costes de producción en EE.UU., como por el lado de la demanda – a finales de los años 70 la tasa de ganancia había caído significativamente, un 50% en fabricación manufacturera.

Así que para cuando llegamos a los 80, había una gran desmoralización en todo el establishment liberal de posguerra, compuesto tanto por republicanos como demócratas. La síntesis denominada neoclásica-keynesiana había fracasado totalmente, y en realidad no sabían qué hacer.

Las novedades del neoliberalismo

SW: Estás describiendo una economía que parece estar en un callejón sin salida sin precedentes. ¿De qué manera la clase capitalista salió de el?

RB: En esta situación sin precedentes – lo que llamas muy adecuadamente un callejón sin salida sin precedentes – los políticos, los capitalistas y los ricos comenzaron a buscar a tientas algo nuevo.

Al final encontraron algo nuevo que les permitió trascender el estancamiento subyacente – aunque exactamente cómo sucedió, todavía no está del todo claro. A lo largo de la década de 1980 surgió un nuevo paradigma de la economía política.

Casi todo el mundo se dio cuenta de ello, y han llamado a este nuevo paradigma “neoliberalismo”, y creo que está bien. Sin embargo, este calificativo es engañoso en algunos aspectos fundamentales.

En primer lugar, la mayoría de la gente habla de austeridad, un ataque incesante contra los trabajadores, como un elemento central del neoliberalismo. Eso es comprensible, pero no hay nada particularmente nuevo o especial acerca de la austeridad y el ataque a los salarios y las condiciones de los trabajadores como respuesta a la caída de la rentabilidad.

No se necesita un nuevo sistema, el neoliberalismo, para ello. Cada generación capitalista ha hecho eso frente a la caída de beneficios. Así que la austeridad ha sido un hecho central de nuestro mundo, de nuestra economía, a lo largo de este período, pero no define el nuevo período.

En segundo lugar, de manera mucho más acertada, al hablar de neoliberalismo, la gente se refiere a la liberalización de la economía de cualquier tipo de regulación esencial o control del gobierno – es decir, la apertura de cada posible escenario a la intensificación de la competencia.

Esto es particularmente evidente cuando nos fijamos en la liberalización del comercio mundial y la inversión mundial a la competencia internacional. Lo que llamamos globalización. Y esto creo que es mucho más digno de mención como algo nuevo o relativamente nuevo, como una característica del período comprendido entre finales de 1970 y principios de 1980.

Sin embargo, hay un problema real si nos centramos simplemente en unos mercados más liberalizados y el aumento de la competencia en el núcleo del neoliberalismo. En mi opinión, un desarrollo más importante del nuevo paradigma de la economía política es, en cierto sentido, la tendencia opuesta a unos mercados más liberalizados y una mayor competencia.

Esta es la nueva tendencia de la mayoría de las élites financieras, de los administradores de las sociedades no financieras, y de la dirección de los partidos políticos que quieren una redistribución de la riqueza hacia arriba que les beneficie por medios políticos. Lo que es esencial aquí es que eso es lo contrario de la competitividad: es el acceso a privilegios especiales que generan directamente riqueza, gracias a la posición o las conexiones políticas.

Se ha forjado una alianza entre los principales capitalistas que dirigen las corporaciones, los muy ricos, y los partidos políticos que controlar los gobiernos. Lo que comenzó como un matrimonio de conveniencia, se ha convertido en una cadena irrompible. Se trata de hacer frente al problema de la baja rentabilidad de las inversiones – la dificultad de obtener beneficios en la inversión en nuevas plantas y equipos, nuevos trabajadores, y la venta de la producción en el mercado obteniendo mucho dinero.

Esta dificultad ha llevado a saltar por encima, si se quiere, del proceso de ganar dinero de los abuelos de los capitalistas actuales, a través de la inversión productiva en granjas, fábricas, oficinas. En cambio, lo que tenemos ahora es una serie de nuevas instituciones y nuevas políticas que hacen posible la redistribución de la riqueza hacia arriba, a las capas superiores, las más elitistas, de la economía.

Estas personas no tienen que recurrir a procesos complejos y arriesgados para aumentar su tamaño del pastel y conseguir su parte, es decir generar beneficios pagando salarios. Pueden cortar por lo sano y simplemente arrebatar la riqueza para sí mismos.

La clave aquí es la política, que permite la redistribución hacia arriba de la riqueza a través de diversos medios políticos. ¿Cuáles son las formas? No tenemos tiempo para enumerarlas todas, pero los principales medios son muy conocidos.

En primer lugar, los recortes de impuestos. Cada administración, republicano o demócrata, desde Carter, ha implementado grandes recortes de impuestos.

Las políticas de la financiarización …

En segundo lugar, en la medida que los gobiernos se han financiado cada vez más por medio de créditos, los ricos hacen grandes fortunas simplemente mediante la compra de deuda pública y el cobro de intereses – una forma casi infalible de ganar dinero. Compran deuda pública, y sus ganancias son más o menos seguras.

En tercer lugar, los gobiernos han dejado de hacer cumplir la legislación antimonopolio, y esto ha tenido un efecto particularmente “positivo” en los segmentos centrales de la economía actual, es decir, los productores de alta tecnología. Lo que esencialmente tenemos es una nueva forma de proteccionismo – la aplicación de los llamados derechos de propiedad intelectual.

Gracias a unos derechos de propiedad intelectual más estrictos, las empresas son capaces, por ejemplo, de proteger sus innovaciones de la competencia durante mucho más tiempo que en el pasado, porque las patentes se prolongan mucho más que antes. Es estupendo ser Apple.

En cuarto lugar, hay privatización de actividades de los gobiernos – sanidad, educación, pensiones, etcétera – que son entregadas a los capitalistas y los ricos para que obtengan beneficio privado con ellas.

Por último – voy a tener que resumir una larga exposición – tenemos el crecimiento del sector financiero, que es, sin duda, la principal base de la nueva economía política de la distribución de la riqueza hacia arriba a través de medios políticos.

Estamos ante una alianza política clásica entre los partidos políticos y las empresas financieras de todo tipo, gracias a la que las empresas financieras obtienen privilegios de los políticos y los partidos en el gobierno y las compañías financieras dan más dinero a los políticos y los partidos para pagar sus campañas electorales y hacer a los principales dirigentes políticos extremadamente ricos.

Por lo tanto, para decirlo de manera muy esquemática, los gobiernos desregulan ciertas actividades financieras para permitir que los que entran por primera vez obtengan superganancias, hacen todo lo posible para proteger esas actividades con el fin de limitar la competencia, y luego, cuando las pérdidas inevitablemente comienzan a crecer, organizan los rescates esperados.

Tengo que resumir mucho esta historia de la financiarización, pero quiero subrayar un aspecto clave de este aumento de la financiación que ejemplifica a la perfección la nueva economía política de ganar dinero a través de la redistribución de la riqueza hacia arriba impulsada políticamente, y esto me permite conectar con un gran tema de la primera parte de nuestra discusión.

Esto es lo que llamaríamos la “burbujaeconomics”: el giro de la Reserva Federal para hacer subir el mercado de valores a través de tipos de interés artificialmente bajos. la “burbujaeconomics” es la forma más rápida de creación de la “riqueza” – por supuesto, en realidad no es riqueza, es papel – pero los propietarios de acciones invierten en ellas y en última instancia las venden, haciendo una fortuna mucho más rápida y limpiamente que si tuvieran que pasar por todo el proceso de inversión en la producción.

Esta “burbujaeconomics” está en el centro de esta nueva redistribución hacia arriba de la riqueza y nos ayuda a comprender más claramente la política de dinero fácil de la Reserva Federal de la que hablaba antes.

Entonces, ¿cómo evaluamos los beneficios que genera esta nueva economía de la redistribución de la riqueza hacia arriba impulsada políticamente? Contamos con la gran investigación de Piketty y Saez, que nos ha permitido llegar al corazón del proceso mediante la investigación de lo que ellos llaman los ‘ganadores de grandes ingresos’.

Sus conclusiones son ya bastante conocidas, y extraordinariamente reveladoras. Durante el boom de posguerra tuvimos, de hecho, una disminución de la desigualdad y una distribución de ingresos muy limitada hacia los perceptores de ingresos más altos. Para todo el período desde 1940 hasta finales de la década de 1970, el 1% de los perceptores más altos recibió un 9-10% de los ingresos totales, no más. Pero en el corto período desde 1980, su participación, que es la proporción de la parte superior del 1%, se ha incrementado un 25%, mientras que la parte inferior del 80% no ha obtenido prácticamente ninguna mejora.

Ahora, espero, podemos ver el cuadro grande. Por un lado, los capitalistas y los muy ricos no están invirtiendo mucho o contratando muchos trabajadores. No porque no les gustaría, sino, a diferencia del período de la gran expansión de posguerra, no pueden hacerlo de manera rentable.

Hay pocas oportunidades para hacerse realmente rico mediante la inversión en plantas y equipos, en software y contratación de nuevas personas, de la forma en que sus abuelos lo hicieron. Por lo tanto, es comprensible que tengamos niveles más bajos de inversión, un peor comportamiento de la productividad y un crecimiento más bajo de los salarios, por una parte, y una subida del mercado de valores por otra.

No hay duda, en mi opinión, sobre lo que está haciendo a los ricos cada vez más ricos – y es la suma de favores políticamente garantizados por los partidos políticos en el gobierno.

… Y la financiarización de la política

SW: Así que esta nueva economía que hemos estado viviendo durante décadas, como acabas de decir, es sobre todo política. La pregunta es, entonces, ¿qué significa para la sociedad en su conjunto y no sólo el 1%?

RB: Creo que podemos ver claramente los resultados de esta manera de ver las cosas, y me refiero aquí y ahora. Lo más sorprendente es que ha habido – y es bastante comprensible – una pérdida de interés por parte de la clase dominante, los ricos, las élites, en que los gobiernos provean las cosas que el Estado ha proporcionado clásicamente en el capitalismo.

Los capitalistas querían antes, y el estado se lo ha proporcionado, toda una serie de servicios que los capitalistas no pueden proporcionar fácilmente, y el conjunto de la sociedad, sobre todo la clase obrera, se ha asegurado de que los capitalistas los obtenían: infraestructuras públicas, apoyo del Estado a la educación, apoyo estatal a la salud y el bienestar.

La clase capitalista no es muy simpática, ni particularmente generosa, pero necesitan estas cosas para tener una economía productiva. Y no sólo los capitalistas, sino también toda la población se beneficia de ellas.

El caso de Corea del Sur, donde estas cosas se proporcionan como una cuestión de rutina, no es casual. Corea del Sur es uno de los pocos países que aún mantiene y depende de una economía productiva, de las manufacturas.

Pero si los capitalistas, los ricos, las élites, no dependen ya de una economía productiva – si no obtienen beneficios como antes, mediante la inversión rentable en capital y mano de obra – no dependen del estado para satisfacer estas funciones tradicionales.

Así que lo que hemos visto es que los capitalistas, los ricos y los líderes políticos no solo no han sido neutrales, sino que han alentado activamente que el estado no cumpla más estas funciones. Esto se debe a que no quieren que el estado “desperdicie” su dinero en estas funciones, por la sencilla razón de que no quieren pagar impuestos para financiarlas.

A lo largo del boom de la posguerra, tuvimos niveles bastante decentes de inversión pública en plantas y equipo, en activos fijos de todo tipo. La construcción del sistema de autopistas interestatales viene a la mente de inmediato. Pero también el impresionante crecimiento de la educación pública, incluidas las universidades.

Incluso hubo un aumento importante, aunque estrictamente limitado, de la sanidad financiada por el estado, por ejemplo a través de Medicare. La creciente inversión pública hizo todas estas cosas posibles.

Pero a partir de alrededor de 1970, cuando la crisis internacional de inversión excesiva provocó un exceso de capacidad y comenzó a bajar la tasa de ganancia de manera significativa, la inversión del Estado inició un largo proceso de desaceleración. El volumen de nuevas inversiones quedó por debajo de lo necesario para su mantenimiento y se degradaron los activos fijos públicos.

La longevidad de las empresas públicas fue, en promedio, de alrededor de 14 años durante la expansión de posguerra – lo que significa que el estado mantuvo la nueva inversión con el suficiente volumen como para compensar la depreciación. Pero a partir de entonces, la edad de capital público aumentó de manera constante y sin cesar, y ahora es, en promedio, de 27 años.

Colapso y resistencia

El colapso de la inversión estatal está teniendo lugar ante nuestros ojos, en todos los sentidos. Significa, como la gente es consciente, una profundización de la crisis de infraestructuras. Si se intenta atravesar un puente, es probable que se caiga al río; los trenes no sólo llegan tarde, sino que descarrilan.

Las infraestructuras de alta tecnología, las telecomunicaciones en particular, son muy inferiores a las de Asia, donde la velocidad de internet y la calidad de los teléfonos móviles superan fácilmente a las de los EE.UU.

Además está la asistencia sanitaria básica, que todo el mundo sabe lo mal que está en EE.UU. Lo que es más o menos un derecho en el resto de los países capitalistas es todavía algo impensable para la elite estadounidense, incluso entre los candidatos del Partido Demócrata a las próximas elecciones.

Tal vez lo más destacado es que ha habido un consenso bipartidista reaccionario sobre la educación pública. Gracias a los Clinton, Bush y Obama – mucho antes de Trump – hemos sufrido una sistemática falta de inversión de ambos partidos en la educación pública, la proliferación de escuelas privadas, la privatización y venta de títulos.

En Los Ángeles, donde vivimos, nos ha afectado durante años, hasta que – me hace emocionarme, es tan maravilloso – ha triunfado la huelga de maestros, que es por supuesto parte de un aumento espectacular de las luchas de los profesores en todo el país, desde Chicago a los ‘estados rojos’ (gobernados por los republicanos) y ahora en California.

SW: Lo que dices es muy aleccionador, si no deprimente, por sus implicaciones. Pero el 1%, o tal vez el 0,1% han sido capaces de salirse con la suya durante tanto tiempo porque por falta de resistencia. Según el Bureau of Labor Statistics hemos tenido el periodo con la menor cantidad de huelgas de la historia registrada. Pero de manera espectacular, eso ha cambiado en los últimos años gracias a los maestros y luchas en el sector público, que continúan a buen ritmo y no muestran signos de retroceso.¿Qué significa para nosotros, especialmente en este período del inicio de un nuevo ciclo de luchas de resistencia?

RB: El mensaje no puede ser más claro, y es realmente muy preocupante. Si la gente quiere obtener esos servicios que necesitan para tener una vida decente – si quieren educación o sanidad o infraestructuras o una nueva formación profesional o una jubilación decente – van a tener que luchar por ello, imponerse a una clase dirigente que enfáticamente no lo quiere.

Los maestros de Los Angeles han mostrado el camino en su reciente huelga cuando proclamaron que luchaban por el bien común, y que solo se puede conseguir luchando contra los poderes fácticos. Para la mayoría de las personas que escuchan este programa de radio, significa que vamos a tener que hacerlo contra lo que quieren los líderes políticos de EE.UU., no sólo del Partido Republicano, sino también del Partido Demócrata.

Los demócratas han defendido y aplicado todas esas políticas diseñadas para acelerar la distribución de la riqueza hacia arriba por medios políticos, de la misma manera, aunque no con la misma urgencia que los republicanos – y ni siquiera están de acuerdo para apoyar un sistema de sanidad nacional público.

SW: ¿Qué relación tiene esto con el ‘New Deal Verde’ propuesto por Alejandra Ocasio-Cortés, Bernie Sanders y tantos otros?

RB: En el pasado, el gobierno ha apoyado la economía de la manera más conservadora posible, básicamente, mediante subvenciones y garantizando los beneficios de las corporaciones privadas. El límite de estas políticas sería la dependencia de lo que sus partidarios llaman políticas “keynesianas”, o la llamada “síntesis neoclásica-keynesiana”.

A esto también se llama “gestión de la demanda” o del gasto deficitario. Lo que significa es que aplican los instrumentos más conservadores, más de mercado posibles para apoyar la demanda. Recortan impuestos, lo que significa que los déficits gubernamentales aumentan, y los déficits públicos presionan de manera general, no selectiva, sobre la economía, supuestamente para estimularla de una manera neutral, permitiendo que las industrias más prometedoras prosperen.

Pero sabemos ya que no funcionará ahora. Estimular la demanda en general, no alienta la inversión, y mucho menos una inversión que estimule otras inversiones. Como hemos visto, es muy difícil invertir de manera rentable en este país, o en cualquier otro lugar, en este período.

Para hacerse una idea de esto, basta recordar los históricos recortes de impuestos de Trump, que están creando cada vez mayores déficits y solo transfieren dinero de forma gratuita a los capitalistas y los ricos, suscitando poca o ninguna inversión o crecimiento.

Lo que se entiende por “keynesianismo” hoy no tiene ninguna posibilidad de llevar a cabo una transformación de la economía que dependa de la creación de nuevas industrias y la imposición de la normativa necesaria para un “New Deal Verde”.

Así que lo que necesitamos – creo que tenemos que prestar atención a la formulación aquí – no es realmente una política keynesiana (tal como se entiende comúnmente). Es una intervención directa del Estado.

Pensemos en el New Deal, que ahora sabemos que supuso mucha más inversión pública de lo que creíamos; y recordemos – por desgracia, pero es un buen ejemplo – lo que ocurre en tiempos de guerra: el apoyo selectivo y la supervisión del Estado sobre la inversión, pensada para que tenga de inmediato un resultado específico.

Necesitamos avanzar, en otras palabras, contra la tendencia natural de la economía capitalista privada actual. Y eso significa que tenemos que imponer una política pública de inversión, que nunca será posible de otra manera.

Robert Brenner miembro del Consejo Editorial de Sin Permiso, es director del Center for Social Theory and Comparative History en la Universidad de California-Los Ángeles. Es autor de The Boom and the Bubble (Verso, Londres, 2002), un libro imprescindible para entender la historia económica del último medio siglo, el origen de la llamada “globalización” y la situación presente. (Hay una excelente versión castellana de Juan Mari Madariaga: La expansión económica y la burbuja bursátil, Akal, Madrid, 2003).

Fuente: Against the Current, mayo-junio 2019
Traducción: G. Buster para sinpermiso.info


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