Desde la pandemia

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Casos y Cosas

Heriberto Valverde C.

Heriberto Valverde

Esto de la pandemia y sobre todo el enclaustramiento en que nos tiene, como era de esperar, va poniendo a la gente cada vez más irritable, buscando culpables por todo lado como suele hacer el ser humano con el fin de espantar las culpas de su propio patio.

Porque eso sí es un hecho comprobado, los culpables son siempre los otros. Nunca yo, ni mi familia, ni mi partido, ni mi grupo, ni mi institución, ni mi iglesia, ni los que alimentan las mismas ideas que yo.

Si sos del gobierno o su defensor de oficio, los culpables son los de la oposición; si sos contrario al gobierno éste es el culpable desde antes de que se sepa de qué mal están hablando; si eres muy “socialista”, profesor o ex profesor universitario enderezás tus baterías contra la empresa privada y si en cambio eres de la dirigencia empresarial entonces todos tus prejuicios se derraman sobre los empleados públicos; si sos un fanático religioso ves fantasmas por donde quiera que brillen la ciencia y las nuevas oportunidades que ésta genera al desarrollo humano, pero si sos contrario a toda muestra religiosa procurás por todos los medios ridiculizar a quienes manifiestan sus credos y los defienden y buscás la forma de desautorizar sus creencias, de ridiculizarlas, vanagloriándote de tu mucho saber científico y de tu inteligencia.

Así somos, así estamos.

En estas posiciones extremas que cada día son más frecuentes y encuentran más adeptos, más “me gusta” y más “compartir”, no hay términos medios, ni espacio para la duda y mucho menos una opción, una posibilidad de que la verdad esté del otro lado, aunque sea parcialmente; jamás, nada de eso, eso sería debilidad, pendejada.

Esto no es nada nuevo. Así ha sido el ser humano desde siempre; así fueron nuestros ancestros por más que la memoria selectiva nos ayude a idealizar su mundo y sus personalidades y sus mundos.

Tampoco la bondad de tanta gente es nada nuevo, ni el talento, ni la generosidad, ni el buen humor, ni el sacrificio por las causas en que se cree, ni la crítica sana, rigurosa, bien intencionada; ni el compartir el saber y la experiencia y las alegrías y los triunfos.

Lo que pasa es que las redes sociales han venido a sobredimensionar las relaciones humanas, convirtiendo al mundo, como fue anunciado hace ya varias décadas, en una aldea en la que todos conocemos la vida de todos nuestros vecinos, de los buenos y de los malos.

Pero tengamos en cuenta que por más poderosas que parezcan, que por más que semejen dominarnos y a veces hasta nos asusten, las redes sociales son un instrumento, nada más. Todavía nosotros, usted y yo, seguimos siendo los sujetos, los amos, los responsables.

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