Desde La Mina: Lluvia seca en enero al ritmo de la música… sólo en Guanacaste

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Mauricio Castro

Mauricio Castro Salazar
mauricio.castro@costarricense.cr

El piano sonaba y las imágenes mostraban las islas, la playa, las tortugas, luego el bosque seco y su increíble biodiversidad, las montañas y el agua transparente y cristalina que bajaba de ellas, en el cielo titilaban las estrellas sobre el negro firmamento…y Manuel seguía golpeando las teclas de su piano, que gracias a su blancura se hacía uno con la pantalla que tenía a su lado.

Manuel, piano, y pantalla eran uno solo.

La luz del proyector que pasaba las imágenes del Área de Conservación Guanacaste (ACG) de repente nos hizo una jugada maestra, de esas típicas que el Creador suele hacer: las pequeñas hojas que caían de los árboles se transformaron en gotas secas.

La gente no supo si guarecerse o taparse o simplemente mojarse…

El concierto de presentación del nuevo disco de Manuel Obregón en el patio central de la casona de Santa Rosa siguió bajo un aguacero de hojas secas y se convirtió en una experiencia surrealista: imágenes poderosas en la pantalla, música relajante en el piano y lluvia seca sobre los espectadores.

Con la aprobación del público terminó el concierto.

Casi una hora de música, imágenes y lluvia seca.

Y arriba el firmamento lleno de estrellas complementó la velada de la noche.

Mientras escuchaba las notas de Manuel Obregón y veía la casona en la oscuridad, no pude dejar de recordar a mis abuelos.

Ella, doña Luz Jirón, creció en lo que es hoy el Área de Conservación Guanacaste, vivió en la casona de Santa Rosa –donde se realizaba el concierto– y en la casona de la hacienda Santa María, en las laderas del Rincón de la Vieja, recordé su alegría y sus cuentos contados a su forma y a su leal saber y entender…. Él, Fito Salazar, el maestro, el poeta cantor de la belleza y grandeza del Guanacaste eterno. Siempre amigo de los amigos y de todos los que quisieran ser sus amigos…

Y recordé también las canciones y poesías de mis tiempos de escuela, que luego supe muchas fueron escritas por mi abuelo Fito:

¡Dichos de la tierra mía!
Alas de dulce canción,
donde en cada corazón, sabéis poner alegría.
Guanacaste, Guanacaste, Guanacaste tierra mía

Y ya en mi casa en La Mina, en Santa Ana, me dije: “…bajo un aguacero de hojas secas, al ritmo de un piano, imágenes extraordinarias de la biodiversidad, en una noche oscura y estrellada… eso sólo en Guanacaste es posible.”

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