Desde La Mina: Estrellas que brillan (I)

Mauricio Castro

Mauricio Castro Salazar
mauricio.castro@costarricense.cr

Siempre me he preguntado sobre la emoción que debe sentir un astrónomo –aficionado o profesional– cuando ve una estrella en el cielo, de esas que son famosas y no se ven a simple vista y sobre el sentimiento que tienen cuando “interactúan con los astros” (…una descripción de las características de la estrella en una mano y la otra apoyada en el telescopio e ir viendo una a una las características y sentirse que efectivamente la vi, conversaron y que dejará de ser simplemente un número o un nombre sino que a partir de ese momento la tendrá dentro de sus astros conocidos….)

En mi casa en La Mina, en Santa Ana, he tratado de describir una experiencia reciente que tuve con una estrella tica y la comparto con usted:

Por razones de trabajo estaba en Torensberg, en Noruega, pueblo del famoso vikingo “Eric el Rojo”. Había pasado toda la semana con mi orgullo costarricense herido ya que solo una “minimísima” parte de la gente con la que traté conocía algo de Costa Rica, es más de casi 20 solo una. El domingo, a la hora de almuerzo, los colegas con los que compartía le echaban de tanto un tanto un ojo al montón de teles que habían y que transmitían la final de la Copa del Rey de Noruega. No siendo “futbolero” el acontecimiento no revestía importancia alguna para mí.

Vi que mis colegas dijeron “que golazo”, me volví lentamente y vi al anotador con algo en la nuca, y confieso que me pareció la bandera tricolor, pero nada más. Enfocaron al Rey Harald comentando el gol con el invitado especial de la final: Platini.

El juego siguió, yo siempre con la espalada a la tele y mis colegas echándole un ojo. Los vi moverse y decir de nuevo que golazo, no me volví, terminó el partido y me volví hacia la tele…. Mi sorpresa fue ver la bandera tica en manos de la estrella del partido y este con orgullo -–igual que el mío que creció de inmediato– ondeándola por toda la cancha. Pusieron el nombre de la estrella del partido “Michael Barrantes”.

Inmediatamente “googlee” –milagrosamente el roaming internacional de mi teléfono tico funcionó– y encontré datos de Michael Barrantes “on-line”: “….4 de octubre de 1983 en Costa Rica…es un futbolista costarricense que juega en el Aalesunds FK de Noruega en la posición de mediocampista…”

El lunes temprano mis colegas noruegos me llevaron todos los periódicos con las fotos en primera plana o en las páginas centrales y en todas aparecía Barrantes solo y en otras con su esposa. En todas las fotos Barrantes y su esposa se veían inconfundiblemente ticos. Costa Rica de la noche a la mañana se puso de inmediato en el mapa de los noruegos. Me tradujeron los comentarios y titulares al inglés y yo los escribí en español debajo de cada uno: “héroe de la jornada”, “el mejor jugador que ha habido en Noruega en la historia”, “no es suficiente saberse grande, lo importante es ser grande en todo momento”, “se lo llevarán a otra liga” y así de cosas. En todas las fotos aparecía Michael con la bandera de Costa Rica y la mostraba orgullosamente.

El martes temprano en la mañana tomé un vuelo desde Kristiansand a Oslo y ya en el aeropuerto de Oslo, mientras dormitaba esperando el vuelo para New York para hacer la conexión para San José, oí esto:

“¿Cómo está? —preguntó alguien.

“Pura vida” —fue la respuesta.

Abrí los ojos y vi a la estrella del momento: Michael Barrantes.

Lo saludé, lo felicité y su sencillez y humildad brillaron tanto que me deslumbró, como a esos astrónomos cuando ven una estrella. Entonces yo “con papel en mano vi una a una sus características, interactué con el astro…”

Viajó en clase económica, y a pesar de la altura del vuelo viajó siempre con los pies en el suelo.

Compartí un rato con él, me comentó sobre la celebración en el Grand Hotel de Oslo –el que se hospedan los premios Nobel de la Paz y los ricos y famosos-— y sobre su no perder la cabeza, tener los pies en la tierra y no olvidar nunca de dónde es.

Me tomé una foto con Barrantes y se la envié a mis colegas noruegos, si les contaba sin algo que lo demostrara no me creerían que me había encontrado a la estrella del momento.

A mi regreso conté en la oficina el encuentro que tuve con Michael Barrantes y de repente alguien me dijo: “sabe, no solo no ha perdido su origen, ni nada más mantiene los pies en el suelo, sino que ayuda a mantener a un montón de niños en Cristo Rey…”; “y cómo sabe usted eso”—pregunté, “porque amigos míos ayudan a la iglesia en la que está el padre que maneja el centro para niños al que Michael Barrantes ayuda…”

Qué bueno que hay estrellas como Michael Barrantes, ojalá que otras brillen tanto como Él.

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