De la Lucha sin fin a la Abolición del Ejército

Vía costarricense

Johnny Soto Zúñiga

Johnny Soto Zúñig

Después de la Guerra Civil de 1948 en Costa Rica; se establece la Junta Fundadora de la Segunda República; que gobernó durante 18 meses y posteriormente entrega el poder al Presidente legítimamente electo Otilio Ulate Blanco. Entre el legado fundamental de la Junta de Gobierno que preside el Caudillo José Figueres Ferrer, se consolida la Segunda República en el país y entre las principales decisiones; y más revolucionaria e histórica es la abolición del Ejército como institución militar, mediante un decreto simbolizado en el “mazazo” que don Pepe le da a uno de los torreones en la fortaleza del cuartel Bellavista en el centro de San José; cerca donde hoy se ubica el recinto de la Asamblea Legislativa; el día primero de diciembre de 1948. Hace 70 años de este hito histórico.

Con lo anterior culmina don Pepe; cuando una vez se armó en su finca “La Lucha sin fin”; y organizó la Revolución del 48; y luego entregaba el cuartel al servicio de la educación y la cultura. Con esto se prioriza invertir en educación y no en compra de armas. En la Constitución Política de 1871 que deroga la Junta de Gobierno; el militarismo estaba muy arraigado, estaba la de: “disponer de la fuerza armada de mar y tierra, para la defensa y seguridad de la República, y para mantener el orden y tranquilidad de ella”. Se podían “conferir grados militares” y “conceder retiro a los Jefes y Oficiales del Ejército y admitir o no las dimisiones que los mismos hagan de sus destinos”. Los militares están bajo el mando del Ministro de Guerra; gozaban de un fuero especial, que los coloca fuera del ámbito de los tribunales de justicia; solo pueden ser juzgados por sus pares. (Figueres. La Lucha sin fin. Óscar Castro Vega. Pág. 209)

Siempre es necesario recordar las palabras del Presidente Figueres Ferrer; quien en el acto de abolición o disolución del Ejército Nacional el primero de diciembre de 1948 en el cuartel Bellavista pronuncia un corto pero emotivo discurso:

El Ejército Regular de Costa Rica, digno sucesor del Ejército de Liberación Nacional, entrega hoy la llave de este cuartel a las escuelas, para que sea convertido en un centro cultural. La Junta Fundadora de la Segunda República declara oficialmente disuelto el Ejército Nacional, por considerar suficiente para la seguridad de nuestro país, la existencia de un buen cuerpo de policía.

Los hombres que ensangrentamos recientemente a un país de paz, comprendemos la gravedad que pueden asumir estas heridas en la América Latina y la urgencia que dejen de sangrar. No esgrimimos el puñal del asesino, sino el bisturí de cirujano. Como cirujanos nos interesa ahora, más que la operación practicada, la futura salud de la Nación, que exige que esa herida cierre pronto, y que sobre ella se forme cicatriz más sana y más fuerte que el tejido original.

Somos sostenedores definidos del ideal de un nuevo mundo en América. A esa patria de Washington, Lincoln, Bolívar y Martí. ¡Oh América! ¡Otros pueblos hijos tuyos también te ofrendan sus grandezas! ¡La pequeña Costa Rica desea ofrecerte siempre, como ahora, junto con su corazón, su amor a la civilidad, a la democracia, a la vida institucional”.

Así se cierra el ciclo del militarismo en Costa Rica fundado desde la fundación de la República, y posteriormente en la promulgación de la Constitución Política de 1949 y vigente se aprueba en el Artículo 12 “Se proscribe el Ejército como institución permanente. Para la vigilancia y conservación del orden público, habrá las fuerzas de policía necesarias. Sólo por convenio continental o para la defensa nacional podrán organizarse fuerzas militares; unas y otras estarán siempre subordinadas al poder civil; no podrán deliberar, ni hacer manifestaciones o declaraciones en forma individual o colectiva.

Con la anterior enmienda constitucional; nuestro país pasa a la historia al tomar una gran decisión realizada por don José Figueres Ferrer meses antes; y que era necesario que se dejara impreso en la letra de la Carta Magna; para que nunca más se volviera a restablecer una institución militar y que los recursos se dirigieran para la educación y cultura del pueblo. Con este legado somos reconocidos a nivel internacional; como un país de paz y tranquilidad, dándole una identidad propia y un valor universal, se reafirma la clásica frase: “Dichosa la madre costarricense que sabe que su hijo al nacer jamás será soldado” de Ryoichi Sasakawa. Se conmemora 70 años de este hito histórico y el país debe recordarlo como se merece y dar gracias primero a Dios que puso su mano e iluminó a don Pepe y a los patriotas de la época sobre esta trascendental decisión.

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