De José Calvo: Superstición

COMPARTIR:

José Calvo

José Calvo

Hay en The Ghost in the Machine de Arthur Koestler (Hutchinson Publishing Group, 1970) un argumento sobre la superstición inevitable para la especie humana, “cuya tragedia no es la truculencia, sino la inclinación a las delusiones”. El primer capítulo hace referencia a los “Tres Pilares de la Insabiduría”, diciendo que la ciudadela de la ortodoxia que la ciencia de la vida ha construido en la primera mitad del siglo XX descansa en cuatro monumentales supersticiones:

“Que la evolución biológica es el resultado de mutaciones al azar preservadas por la selección natural”. Y que el proceso de la evolución va, como dice Russell, “de la ameba al inglés”

Que la evolución mental es el resultado de tanteos al azar preservados por refuerzos o recompensas.(conductismo)

Que todos los organismos, incluyendo al ahombre, son esencialmente autómatas pasivos cuyo solo propósito en la vida es la reducción de las tensiones por respuestas de adaptación. (conductismo)

“Que el único método científico digno de ese nombre es la medición de cantidades, y que, consecuentemente, los fenómenos complejos se deben reducir a elementos simples accesibles a esa medición, sin preocuparse indebidamente por el carácter de los fenómenos complejos, como por ejemplo el hombre, que se puede perder en el proceso”(el postulado de objetividad).

Yo estoy de acuerdo en que estas son supersticiones, y no porque yo defienda otras creencias igualmente carentes de sólida evidencia, pues como dice Koestler en otra parte del libro: “Para la élite intelectual, el avance rápido de la ciencia creó la creencia optimista en la infalibilidad de la Razón en un mundo brillante, claro y cristalino, con la estructura atómica transparente que no deja lugar para las sombras del mito”.

También dice que “cuando se creía que la razón estaba en control de la emoción terminamos con la peor estampida de la historia, y aplastados por los cascos de la bestia”

Y que “no importa cual período veamos, la peor tragedia del hombre no es su propensión a la truculencia, sino a las delusiones”, con una cita de Pope que dice: “el peor de los locos es un santo desbocado”

Porque “los argumentos racionales no afectan al verdadero creyente, puesto que el credo al cual está emocionalmente comprometido se puede contradecir con la evidencia sin que pierda su poder mágico”

Y dice también que cuando el historiador trata de encontrar el origen de los sistemas de creencias, inevitablemente termina en el crepúsculo de la mitología, porque esta condena proviene de fuentes arcaicas”

Encuentro muy interesante especular sobre el origen de esa actitud, de creer sin permitir ninguna duda que pudiera rectificar o cambiar la creencia cuando aparece alguna evidencia, y convirtiendo la nueva creencia en otro dogma. Esto no puede referirse a los mitos, que son interpretaciones pintorescas de hechos históricos, y que requieren un grado avanzado de conciencia. Tiene que ser más arcaico, .y no de sapiens, sino de habilis, o de Australopithecus. De pronto nos dimos cuenta hace millones de años de nuestra existencia, o del final de la misma, y había que construir una explicación. Koestler en el mismo libro discute la estructura del cerebro humano, y dice que estos sistemas de creencias tienen su asiento en la emoción, y que hay una descoordinación entre la archicorteza que las controla y la neo-corteza que las puede criticar. Somos entonces víctimas de la evolución que creó un cerebro nuevo para que nos relacionemos con el mundo, pero dejando allí el cerebro anterior.

Además de que, como dice Russell, “si no hay evidencia de la bondad divina, si la hay a montones de la existencia de Dios” ; pero “los cuatro pilares de la insabiduría” tienen que ver con la negación de SU existencia, quizá como una especie de reacción o de resentimiento, como muestra el dicho de Russell a propósito de SU bondad. Porque Copérnico creía en los argumentos de Santo Tomás, Kepler era un místico luterano, Galileo creía que Dios es el matemático universal, y Newton creía con el obispo Ulster que Dios hizo el mundo en el 2004 B.C. Lo que yo hallo más razonable es que si no puedo aportar evidencia de SU existencia, por qué habría de aportarla de que no existe. ¿Por qué no me puedo mantener a una distancia respetuosa de aquello que no puedo comprender, reconociendo que ese campo le está vedado a mi precaria inteligencia?

El primer pilar de la insabiduría nos dice que en la vida no hay nada fuera de las mutaciones al azar; a pesar de que podemos ver que los organismos modifican al ambiente y que el azar nos ofrece probabilidades de evolución demasiado remotas: el mono escribiendo el Quijote. Si el lamarckismo no se puede demostrar, tampoco se puede excluir totalmente. Y si la evolución por mutaciones al azar puede explicar la aparición de las especies, no puede decirnos cómo se heredaron sistemas complejos que dependen de varios cambios, que tienen que ocurrir simultáneamente para que tengan valor de sobrevivencia.

Pero esto está a años luz de que nosotros podamos aceptar otra idea vitalista como la llamada “epi biología” que depende de la mega fe: iniciados que pretenden conocer el mas allá sin saber nada del mas acá, o charlatanes que se aprovechan de la credulidad de quienes buscan desesperadamente una explicación para la vida. Hay que quitarle al paradigma las supersticiones que lo aquejan sin substituirlas por otras. O por lo menos hay que recordar siempre lo que son creencias aunque sean necesarias, y estar dispuestos a cambiarlas ante la evidencia..

El segundo pilar nos dice que somos autómatas salivando cuando oímos una campana; a pesar de que el experimento de Pavlov estaba mal interpretado, y de que hay suficiente evidencia de que tenemos algún grado de autonomía.

El tercero nos dice otra vez que somos autómatas controlados por el ambiente y que el único propósito de la vida es reducir las tensiones con respuestas de adaptación: todo para negar la existencia de algún propósito.

Y no decimos esto por temor a la muerte, pues si fuera el cese de todo allí se acaba el sufrimiento, y como no hay que preocuparse de Dios ni de nuestra conducta, hay renunciar a toda escala de valores. Y se el viaje continúa, conviene identificarse con Dios con los medios a nuestro alcance; que son muy pocos dada nuestra insignificancia o nuestra limitación, por lo que hay que recurrir a la creencia. Con la ventaja de que podemos entonces disponer de una escala de creencias o un código moral que permita la sobrevivencia de la especie. Solo que esta creencia debe estar atemperada por la evidencia, porque somos seres racionales.

Y el cuarto pilar nos dice que el único método científico aceptable es el del “postulado de objetividad”, que lo atribuye todo al azar porque todo se puede explicar por su medio; aunque sea de una muy remota probabilidad. Pero lo más malo de todo en esto es la ausencia de duda, la seguridad dogmática que caracteriza a la creencia.

Como se puede ver, el rechazo de estas supersticiones no es nada nuevo, y ya existía antes de l970cuando Koestler escribió The Ghost. Lo que pasa es que la crisis global lo ha puesto otra vez en el tapete, y en un lugar muy conspicuo, donde no hay mas remedio que verlo: “se necesita una nueva epistemología”.

“La fe en un sistema de creencias compartido se basa en un compromiso emocional y rechaza la duda como malvada”. “La delusión paranoide tiene tres peculiaridades asombrosas: l. reclama representar una verdad de validez universal que puede curar todos los males. 2. no se puede refutar con ninguna evidencia, y 3. la critica se invalida desplazándola a las motivaciones del crítico”.

Lo que podemos decir es que el mundo es un misterio. Que aunque no podamos saber cuál es el propósito de todo esto, si hay suficiente evidencia de que hay alguno. Y que eso justifica plenamente la fe en Dios. Y la convicción de que existe un propósito aunque no lo podamos precisar. De hecho, es un error y una pretensión injustificable tratar de precisarlo, y caer así en el dogmatismo fratricida de un sistema de creencias.

El paradigma del mercado actual, con la revolución científica; la revolución industrial; el colonialismo; el establecimiento militar-industrial; la sociedad de consumo; la crisis económica; y las medidas de salvataje y de préstamos para pagar otros préstamos; mas la política de austeridad diseñada para el pueblo, están enmarcados dentro de la falacia de los cuatro pilares de la insabiduría que permean todo el pensamiento “científico” de nuestra época: eso es lo que ha topado al fin, lo que ha hecho crisis.

Un día de estos me pusieron un disco que explica la evolución de la economía mundial (la historia humana reciente) como un capitalismo que demostró mejor capacidad de sobrevivencia que el socialismo soviético, algo que le dio la supremacía a los Estados Unidos, y que ahora trascendió aquella limitación geográfica para derramarse hacia China, India, y Brasil, desde donde adquirirá un carácter verdaderamente global, para la mayor gloria de todos, que estamos ahora mas ricos de lo que estuvimos jamás, a pesar de que 800 millones pasan hambre. Y toda esta maravilla sin limitaciones ambientales, sin agotamiento de los recursos, y mejorando la distribución de la riqueza sin afectar la propiedad de nadie: el argumento que se atribuye al grupo Bildelberg.

Yo no puedo estar de acuerdo con eso. Habría que ver si lo que falló en la Unión Soviética fue el socialismo o el capitalismo de estado. Habría que ver si la comparación entre el bienestar de la humanidad de hace 100 años y la de ahora está bien hecha. Habría que ver si China, India, y Brasil pueden desarrollar un mercado interno en vez de depender del mercado gringo y europeo en disminución. Habría que ver si en los EEUU y en Europa se pueden restablecer las manufacturas y emplear a la gente. Habría que ver si de verdad se puede distribuir la riqueza producida para permitir ese nivel de consumo. Habría que ver si el medio aguanta la contaminación resultante de ese crecimiento. Habría que ver si el medio nos puede proporcionar la energía y los materiales necesarios para esa producción. Creo como el comentador español Inerarity que se necesita una nueva epistemología: es inevitable.

Como se puede ver fácilmente, las mismas dudas valen para un sistema político más democrático. Uno que nos diera a todos mas representación, y dependiera menos del control de un grupo pequeño de grandes empresarios. Estas dudas están en el corazón de cualquier vía alternativa. Y no hay ningún camino que el hombre pueda escoger que no esté sembrado de dudas legítimas. Dudas que se deben aceptar y tener presentes, si no queremos convertir ese camino en un sistema dogmático de creencias, perjudicial para todos.

Evalúe esta columna
1 Estrella2 Estrellas3 Estrellas4 Estrellas5 Estrellas (Ninguna valoración todavía)
Cargando…

COMPARTIR:

Revise también

Grandes diferencias

…¿Y usted qué opina? Fernando Berrocal En estos días, en que la crisis se manifiesta …

Comentar en Cambio Político

Do NOT follow this link or you will be banned from the site!