Neolingua

De José Calvo

José Calvo

José Calvo

Esta es la palabra que inventó Orwell para identificar un fenómeno muy corriente: el de trasvestir el significado de las cosas. El de envilecer el nombre de los sentimientos más nobles aplicándoselo a los más innobles. O el de hacer respetable la conducta innoble dándole el nombre de la noble.

Cuando yo leí 1984, por ahí de 1950, me parecía que llamarle amor al odio era algo que el autor veía para el futuro lejano, pues habiendo ganado la guerra los buenos, tampoco era muy probable que semejante abuso se fuera a cometer entre 30 años, cuando las democracias la habían ganado, y el comunismo desaparecería por su improductividad y su despotismo, según decía la propaganda de la guerra fría.

Propaganda es la palabra funcional aquí; una prima hermana de la publicidad, que por alguna razón histórica incomprensible está ligada con el jabón: “el jabón x lava mas porque contiene lavatín, el enemigo de la suciedad”. Herr Goebbels no hizo otra cosa que adoptar las tácticas de Madison Avenue; con lo que quiero decir que la deshonestidad necesaria para la neolingua ya existía, y que ha sido la compañera indispensable de los negocios; o digamos del mercado.”La gasolina Esso rinde mas porque contiene millarín” O “usted tendrá menos caries si se lava los dientes con la pasta x porque contiene denturín” Y si mucha gente no lo creyera no se gastarían fortunas en esos anuncios infantiles. Lo creen más si lleva números. Como decía un profesor de estadística: la cama es un lugar muy peligroso porque la mayor parte de la gente muere en la cama”

Esta deshonestidad publicitaria que representa tan cabalmente a la neolingua tiene su origen en Inglaterra, y en el jabón. Los alemanes decían que los ingleses creen que el jabón es la civilización, y el biógrafo de Churchill William Manchester al pintar la época de la niñez de aquel, dice que “los anunciantes de jabón no tenían vergüenza”. Yo lo veo entonces muy ligado a la revolución industrial y al free trade.” A aquello llamó Bernard Shaw “el oscuro comercialismo del siglo XIX” Este free trade estaba basado en que Brittania ruled the waves, y en que “el soldado inglés tenía una pequeña isla por cuna, y al mundo entero por tumba”. Igual que el libre comercio de ahora está basado en que la OTAN gobierna al mundo. Aquí lo hace con la ayuda de nuestros malinches, casi todos de la 14 familias; que prefieren que aumente el déficit fiscal porque así se pueden ganar los interesés de usura de la deuda. El ministro Dueñas del COMEX acusaba de antipatriótica nuestra intención de formar parte del equipo negociador de tratados, pretensión que logramos en la Comisión Dictaminadora de la ley, pero que se perdió en el camino de la comisión al plenario: y hablamos de democracia. ¡N´hombre! “!N´se vaguevar uno”!

No es entonces extraño que haya sido un inglés quien acuñó la palabra neolingua, y su observación no se refería a algo que ocurriría en el futuro sino que estaba ocurriendo ya. Pero mi impresión es que el fenómeno se ha hecho peor al final de la guerra fría. Pues aunque la mentira caracterizó a esa guerra, como la de democracia, la elección, los derechos humanos que se violaron tan descaradamente, como los experimentos “médicos” gringos en Guatemala, el libre mercado al tiempo en que se cambiaba el imperialismo colonial por el comercial, las mentiras son más atroces en la globalización.

¿Cómo si no se puede explicar que el libre mercado esté administrado por la Organización Mundial del Comercio que tiene para ello 30000 páginas de regulaciones y un horda de reguladores? ¿Cómo si no se puede explicar que la desaparición de las barreras arancelarias si sustituya por barreras no arancelarias mas infranqueables y nobles como las ambientales, o las laborales? ¿Cómo si no se puede explicar que el monopolio de la propiedad intelectual esté metido en la libertad de comercio? ¿Cómo si no se puede explicar que los países ricos nos hayan obligado a desmantelar los aranceles a la importación de alimentos cuando mantienen sus subsidios y lo llaman tratado de libre comercio? O ¿cómo se puede explicar que atribuyan la crisis alimentaria resultante de esa exigencia al aumento del precio del petróleo, o a la conversión del grano en alcohol, o al cambio del clima, cuando es mucho mas razonable explicarlo por la ruina de los 2000 millones de agricultores campesinos que alimentan al mundo? ¿Cómo se puede explicar que para defender a sus socios inversionistas de las zonas francas se mienta descaradamente diciendo que ese privilegio antidemocrático y violatorio de la libertad de comercio nos produce 8 dólares por cada dólar invertido?

En el recordatorio de don Daniel Oduber se cita a este lamentando que el gobierno liberal de la época había maltratado a los agricultores al extremo de que Costa Rica estaba importando mucha de su comida Y ¿qué se podría decir hoy que la importa casi toda, y sigue aferrada al “libre comercio” en medio de la crisis alimentaria?

Y de la misma manera que con la crisis alimentaria, vemos que mientras la gente pobre echa la culpa de la crisis económica a los banqueros que se han sobre extendido en sus préstamos usureros, y a los gobiernos que se han endeudado para salvatarlos, los banqueros mismos se la echan al gobierno por haber gastado deficitariamente en ayuda social, y nuestro banquero don Thelmo Vargas echa la culpa de la crisis del euro a los borrachines irresponsables de Grecia, Irlanda, Portugal, y España, que se excedieron en el gasto social, pero no a los banqueros usureros que les prestaron el dinero.

Comentando las posiciones pro gasto social de Stiglitz, y contra el gasto social de Lucas, don Thelmo dice que uno se encuentra como el burro de Buridan sin saber por cual inclinarse de dos posiciones igualmente atractivas, y que usando su razón el se inclinó por la de Lucas. Pero todos sabemos que ese burrito ya estaba bien inclinado en esa dirección, y decir que ha hecho un análisis imparcial es pura neolingua, porque él no está tomando en cuenta que el salvataje se ha hecho con dinero público: es una ley para vos y otra par mi.

Pero en cambio he leído recientemente el artículo de Pablo Martín Aceña de El País, que publica Tribuna Democrática quien concluye “que no hay forma de ponerse de acuerdo para evitar una depresión”, lo que se puede atribuir a que la economía depende de una gran ruleta. Y en uno de don Nouriel Roubini de la Universidad de Nueva York: La inestabilidad de la desigualdad, en La Nación, tratando de exonerar a todos de la culpa, (que la tiene la sobreproducción no vendible que al reducir la producción redujo también el empleo, que fue por los 30 millones de chinos e indios que compitieron por el empleo de los gringos y europeos, y por la tecnología que privilegió a los mas preparados y dejó al garete a los menos, y por la desregulación estatal que se produjo por la crisis de la beneficencia estatal europea), pero le termina echando la culpa al capitalismo, y reconociendo que Marx y de Kynes predijeron la autodestrucción del capitalismo por incapacidad de regularse, y propone una alternativa que no sea ni el estado de beneficencia ni el capitalismo de mercado, sino la reducción de la desigualdad social, lo que en buen romance significa la intervención del estado: un rollo de zacate mucho mas atractivo para cualquier burro.. Y como esos autores hablan del restablecimiento de la economía, hay que recordarles el límite ambiental que no nos permite seguir creciendo igual que antes.

Y ¿con qué derecho hablan de la libertad de prensa si don Rupert Murdoch o Carlos Slim es el dueño de todos los medios de comunicación?, y a Wiki Leaks se le puede silenciar congelándole los fondos en todos los bancos del sistema, que se vuelven así menos confiables. El que se ha hecho millonario cobrando los intereses de usara de los bonos estatales, puede también ejecutar la toma hostil de un buen periódico para emascularlo, en la inútil esperanza de que sigamos dormidos. Y ¿qué decir si don Bill Gates y don Steve Jobs desbaratan toda la competencia en la tecnología digital? Si para manejar digitalmente la operación de un ministerio hay que asesorarse con una batería de abogados especialistas carísimos o perder el pleito judicial de rigor por el engaño?

Y ¿con qué derecho se habla del progreso económico o la riqueza si casi toda está en las manos de los empresarios y el portillo entre pobres y ricos se amplia mas cada día? Y cómo podemos hablar de elecciones libres y representación si ya no hay ni siquiera partidos dónde escoger sino que “el PSOE y el PPS la misma mierda es”? Y ¿cómo podemos hablar de una república que requiere separación de los tres poderes si la Corte Suprema de Justicia está empacada de jueces republicanos que declaran ganador al perdedor?

Yo concluyo que la mentira mayor de hoy en día es “el libre mercado” y que ese es el responsable de la crisis alimentaria, que es una parte inseparable de la crisis económica general que resultó del robo de la parte de la producción que le toca a la mayor parte de la gente. Cuando Bernard Shaw lamentaba el oscuro comercialismo del siglo XIX, él lo atribuía a que Europa no seguía a Cristo como reclamaba, sino a Barrabás. Y como Barrabás era un ladrón, resulta que la mentira es una parte inseparable del robo.

Si Orwell fuera a escribir un nuevo su 1984, pensaría en los slogans siguientes: “el libre mercado es el mercado administrado”. “El monopolio es la competencia”. “El estado no debe intervenir en la economía salvo para salvatajes”. “La censura es la libertad de opinión”. “El espíritu de empresa es poner un negocio”. “A ustedes los represento yo con los diputados que escogí y los jueces que nombré”. ¡Pura neolingua!

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